Críticas hacia Felipe VI por su encuentro fotográfico con Ahmed al Sharaa, exlíder de Al-Nusra y presidente de Siria, en la Asamblea de la ONU.
La aparición de Felipe VI en la 80ª Asamblea General de Naciones Unidas ha sido opacada por una imagen que circuló este jueves en Nueva York: el rey posa junto a Ahmed al Sharaa, actual presidente de Siria y antiguo líder del Frente Al-Nusra, vinculado a Al Qaeda en esa nación. La fotografía ha generado indignación y un torrente de críticas en España, donde voces discordantes han recordado el pasado yihadista del dirigente sirio y su relación con redes extremistas implicadas en atentados como los del 11-M.
Voces críticas subrayan que, a pesar de que la Casa Real no ha hecho comentarios sobre la controvertida foto, este gesto se produce luego de semanas en las que el debate público en España ha estado centrado en las posiciones sobre Palestina e Israel, lo que ha intensificado la interpretación política del momento capturado por las cámaras. “Queda en evidencia la falta de decencia de aquellos que han estado vociferando sobre la ‘lucha contra el terrorismo’”, criticó en X el líder de Frente Obrero Roberto Vaquero, en referencia a la normalización diplomática que varios líderes occidentales estarían concediendo a al Sharaa.
Recordad esta imagen cada vez que se intente blanquear a Felipe VI. Sonriente junto a Al Julani, culpable de miles de asesinatos de cristianos en Siria y exmiembro de Al Qaeda, una de las organizaciones yihadistas más despreciables.
No representa los intereses de… pic.twitter.com/VjPC1bdEuQ
— Roberto Vaquero (@RobertoVaquero_) September 26, 2025
La polémica no se limita a Madrid. Giorgia Meloni y Donald Trump también han sido vistos recientemente posando con el presidente sirio; en el caso del expresidente estadounidense, su acercamiento ha incluído el levantamiento de sanciones y declaraciones públicas en las que calificó a al Sharaa como un “tipo duro” con un “pasado sólido”. Estos encuentros han sido interpretados por analistas como un intento de reubicar a Siria en el escenario regional, ante una etapa de reconstrucción y reducción del aislamiento internacional.
En España, no obstante, la carga simbólica de la imagen con Felipe VI ha tenido mayor peso que la geopolítica. Grupos de víctimas del terrorismo y comentaristas han recordado las masacres de cristianos y opositores atribuidas al Frente Al-Nusra, así como el historial de al Sharaa —reconocido durante años por su apodo Abu Mohammed al-Jolani— al frente de HTS (Hayat Tahrir al Sham), grupo que ha intentado limpiar su imagen en los últimos años. “Una foto no equivale a un aval político, pero sí plantea preguntas incómodas”, indican fuentes diplomáticas consultadas por medios internacionales, que enmarcan la situación en la lógica protocolaria de los grandes foros multilaterales, donde los encuentros informales entre líderes y delegaciones son comunes y frecuentemente inevitables.
La imagen de la vergüenza: Giorgia Meloni, reunida cómodamente con el terrorista islamista Al Julani.
Lo que ha ocurrido en los últimos días es un síntoma de la grave enfermedad que afecta a Occidente. Un yihadista asesino estrechando la mano de varios líderes mundiales, Donald… pic.twitter.com/S3sxsu4ewY
— Roberto Vaquero (@RobertoVaquero_) September 25, 2025
Desde el círculo del presidente sirio, el enfoque está en consolidar reconocimientos implícitos, mostrar moderación en su retórica y atraer inversión para la reconstrucción. Críticos y organizaciones de derechos humanos han señalado que el cambio de tono no ha venido acompañado de garantías verificables respecto a abuses del pasado y a la desarticulación efectiva de estructuras extremistas.
El episodio abre un nuevo frente de discusión en España: el equilibrio entre la diplomacia estatal —que expone a la Jefatura del Estado a imágenes con líderes de antecedentes polémicos— y la sensibilidad interna ante cualquier gesto que pudiera interpretarse como blanqueamiento. La Casa Real no ha proporcionado, hasta ahora, una explicación pública sobre el contexto de esta imagen ni sobre si se trató de un saludo protocolario o un encuentro planificado. Mientras no se ofrezca esa versión, la fotografía seguirá generando interpretaciones políticas divergentes: para algunos, un traspié simbólico; para otros, una consecuencia inevitable de una agenda en la que conviven, bajo el mismo techo, aliados incómodos y realidades cambiantes del orden mundial.



