Reversión ‘creada por’ Lamine Yamal.


En un período histórico donde se demanda la normalización de ciertos temas culturales y sociales, también es esencial empezar a no normalizar algunas cosas. Una de ellas podría ser Lamine Yamal, un joven de 18 años que es, sin duda y a pesar de que los premios no lo digan, el futbolista más en forma del mundo en este momento.

El extremo azulgrana ingresó al campo en el minuto 55 y, en su segundo toque, realizó un centro magistral con su pierna menos hábil hacia Lewandowski, quien anotó el 1-2 en la remontada. Con una facilidad sorprendente, se deshizo de su marcador, levantó la mirada y colocó el balón donde debía. La mitad del gol fue mérito suyo, por su decisión y calidad.

Osadía y alegría

Sin embargo, eso no es lo más relevante. Lo que realmente impresiona es su expresión. Lamine entró al terreno de juego sonriendo, aun cuando el marcador estaba empatado, porque ya sabía lo que vendría. Desde su entrada, y ya con el 1-2, el Barça comenzó a asediar al adversario. De manera casi inexplicable, el equipo empezó a disfrutar como si estuviera ganando 1-5. En la ‘era Flick’, el Barça se ha caracterizado por no rendirse hasta que el árbitro pita el final. Desde su llegada, el equipo azulgrana ha logrado remontar en doce ocasiones, superando a Valencia, Rayo Vallecano, Madrid (en tres ocasiones), Benfica, Atlético, Celta, Valladolid, Levante y ayer ante la Real Sociedad. De todos estos partidos, el extremo solo se perdió el encuentro contra el Oviedo por lesión.

Cambio de rumbo

Tradicionalmente, el Barça necesitaba dominar los 90 minutos para conseguir victorias. Si bajaba la guardia, los partidos se les escabullían. El Madrid, en cambio, solía depender de la épica y resolvía al final. Recientemente, el Barça ha adquirido la capacidad de presionar hasta el último minuto sin renunciar a su esencia: jugar bien todo el encuentro. Esto refleja notablemente la llegada de Flick al banquillo azulgrana y a un Lamine impresionante que, si continúa a este nivel, está destinado a marcar un antes y un después en la historia del club. Muchos afirman que no es prudente cargarlo de presión, pero él parece estar a gusto asumiéndola, con la gran responsabilidad que conlleva y siempre con una sonrisa contagiosa.

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