El ‘clásico’ del 26 de octubre en el Bernabéu representará la primera oportunidad decisiva para Xabi Alonso.
A Xabi Alonso no le entusiasman las ruedas de prensa. No se siente a gusto en ellas. No siente miedo ante los futbolistas porque él también ha sido uno y conoce sus códigos. Sin embargo, cada vez que debe presentarse ante los medios, se sienta con su encargado de prensa para preparar las preguntas que le llegarán en Valdebebas. Se toma su tiempo y luego sale a enfrentar a los periodistas. Al tolosarra le gusta primero reconocer a los periodistas presentes, ya que empieza a asociar caras con firmas y voces. Mientras Juan Camilo pide a los asistentes que se identifiquen al preguntar, el donostiarra recorre visualmente la sala de prensa antes de responder.
Luego llega el turno de las preguntas. Su jefe de prensa actúa como filtro, decidiendo a quién le da la palabra y quién se ‘limpia’. Al final, la lista de periodistas que preguntan es bastante reconocible, comenzando por Victorio Calero, que siempre abre el fuego preguntando cómo enfrenta el partido en cuestión. Después se suceden preguntas amables y relacionadas con el fútbol, salvo algunas del clásico programa de entretenimiento que busca el morbo. En estos días, los desplantes de Vinícius o el órdago de Rodrygo han sido el tema candente. Normalmente, la ronda concluye con alguna pregunta con acento brasileño de una corresponsal y el educado ‘Gracias’ del técnico para cerrar la comparecencia. Ancelotti era diferente. En sus primeras preguntas se mostraba a la defensiva, pero luego fluía, terminando por hacer bromas o mostrando socarronería en sus intervenciones. Su inteligencia emocional, sumada a su experiencia, hacía que las más de cien comparecencias de la temporada no fueran una tortura. Y con Xabi parecía que las cosas se encausaban. Hasta la semana pasada.
Tensión en el vestuario
La amplia derrota sufrida en el Metropolitano ha descompuesto sus planes. El Madrid arrastra un problema de la temporada anterior con los partidos ante rivales de gran categoría. Existen seis enfrentamientos que definen la temporada y en la última campaña de Ancelotti, los resultados en esos encuentros fueron desastrosos. Goleadas ante el Barça, derrotas en el Metropolitano, fracasos en Liverpool o Londres ante el Arsenal… Una peligrosa tendencia que Xabi no ha logrado romper, saliendo derrotado en Estados Unidos frente al París Saint-Germain y en el derbi del sábado por un Atlético que llegaba con dudas. Dos goleadas que evidencian la falta de consistencia blanca en los enfrentamientos con equipos de peso.
Lo que no esperaba Alonso es que los problemas en el vestuario aparecieran tan pronto. Los desplantes de Vinícius por sus suplencias eran parte del precio a pagar al implementar la meritocracia. Sin embargo, el técnico ha sido desafiado por jugadores como Rodrygo, quien le indicó que solo jugaría en la izquierda, o Federico Valverde. La rueda de prensa del uruguayo en Kazajistán, tras ser probado como lateral por las bajas de Carvajal y Alexander-Arnold, ha caído como una bomba en el vestuario. El charrúa insistió en que no le gusta jugar como lateral, consciente de que el regreso de Bellingham podría llevarlo al carril, con Tchouameni y Arda asentados en la medular. Xabi reaccionó al desplante dejándolo en el banquillo, lo que creó una situación incómoda que Valverde no pudo ocultar con su lenguaje corporal y su actitud. No salió a calentar con los demás suplentes y se mantuvo al margen en el banquillo. La tensión era palpable en un grupo que añora la mano dura de Xabi con Valverde y cómo él se mantiene al margen con los desplantes de Vinícius.
Todo esto ha llevado a que el ambiente en el vestuario y en el equipo se torne tenso. El entrenador ha sido desafiado por Vinícius, Valverde y Rodrygo, y a eso se suma que el Madrid, como apuntaba claramente el uruguayo, lleva “dos derrotas muy duras con Xabi”. Todo esto explica por qué el domingo 26 de octubre el ‘clásico’ ante el Barcelona en el Bernabéu se convertirá en el primer ‘match ball’ en contra de Xabi en el banquillo blanco. Lo que ocurra hasta ese día suavizará o amargará el camino, pero una tercera derrota en un partido importante dejará a Xabi sin crédito.
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