3-1: Vinícius regresa a tomar el mando.
En un encuentro inusual, donde el Madrid mostró solidez cuando le faltó empuje y buen juego cuando pudo contar con él, el equipo se impuso al Villarreal y, como se dice ahora, duerme como líder en el inicio del parón de selecciones. Vinícius no tuvo su mejor partido, pero sus dos goles facilitaron el camino que posteriormente recorrería Mbappé, quien se encargó de liderar el juego tras la destacada actuación de Bellingham.
La semana estuvo marcada por las polémicas ausencias de Valverde en sus declaraciones, expresando que no deseaba jugar como lateral. Así funcionan las controversias hoy en día: se generan con cada vez menos, hasta que nos encontramos de repente con que literalmente no se necesita nada. Emergen del vacío.
Las dudas se disiparon pronto, dando paso a lo que parecía una clara línea de cuatro. Valverde jugaba como lateral derecho aparentemente puro. Bellingham y Camavinga iniciaban desde el banquillo, mientras que Ceballos enriquecía el centro del campo. Todos estos elementos sugerían una gran personalidad por parte del entrenador.
A los seis minutos, una combinación entre Güler y Mbappé acabó enviando el balón por encima del travesaño. Los blancos dominaban, mientras que el Submarino buscaba ampliar su juego con contragolpes, aunque el Madrid se replegaba de manera efectiva. Una jugada brillante de Mastantuono sobre la línea provocó la primera tarjeta amarilla a Cardona. Un inicio curioso de honestidad y efectividad por parte de Cuadra. Sin embargo, ya había perdonado una amarilla por un flagrante agarrón a Mbappé. Posteriormente, mostró una tarjeta muy evidente (pero que suele pasarse por alto) a Mouriño y una completamente absurda para Tchouaméni.
Los dirigidos por Xabi estaban imprecisos, y su famosa defensa por todo el campo no se traducía en muchos balones interceptados en el campo contrario ni en zonas de peligro.
De repente, el Madrid aceleró, tanto en el juego como en la presión. A los 19 minutos, un gran robo de Ceballos permitió un remate al primer poste de Mbappé, y seguidamente, con aún más peligro, Tchouaméni remató de cabeza cerca del poste gracias a un excelente centro de Vinícius. La serie de ocasiones se cerró con otro robo, esta vez de Mbappé, quien asistió a Mastantuono, pero el gol no se concretó por la intervención providencial de la rodilla de Renato Veiga.

La presión alta del Madrid comenzaba a dar frutos. Mastantuono le puso el balón a Tchouaméni para que rematase de cabeza, aunque fuera por poco, en el segundo palo. Huijsen, que se mostraba muy en forma, le había obstaculizado involuntariamente en su remate. Al equipo local le faltaba algo de calma y precisión. Destacaba la torpeza de Carreras, que aún no parecía recuperado de su difícil noche en el Metropolitano. Vinícius tampoco ayudaba en eficiencia. En cambio, el equipo valoraba la entrega, el orden y el sentido táctico de Ceballos.
El arrebato de los minutos 18-22 ya había pasado. Este Madrid controla la intensidad, quizá por la falta de ritmo en el inicio de la temporada. Los minutos transcurrían con una tranquilidad casi acogedora. A cambio, había orden y paciencia. El Villarreal, básicamente, no se hizo notar. Sin embargo, y para recordar al cronista su humildad, Tani se plantó solo ante Courtois gracias a su potencia, pero el belga demostró ser el gigante que es en su salida. El Madrid respondió con un eslalon lleno de fintas de Mastantuono y un disparo que rozó el poste. Con una tarjeta a Mastantuono, esta vez justa, se llegó al descanso.
Y esas son las sorpresas del fútbol, como diría un intelectual. Apenas comenzado el segundo tiempo, un balón desde la banda fue tocado de cabeza por Mbappé y Vinícius, tras recibir en la izquierda, se perfiló para el disparo, beneficiándose de un desvío de Comesaña que despistó a Arnau. 1-0.
El gol tranquilizó al Madrid, que empezó a tejer posesiones largas y inteligentes en la frontal del área amarilla. No obstante, cuando se presentaba la oportunidad del contragolpe, a la gente de Xabi se les complicaba. Una carrera de Pepé no encontró a nadie para rematar, pero sí dejó una sensación de inquietud. No del todo satisfecho con lo que observaba, el tolosarra sustituyó a Mastantuono y Güler, haciendo entrar a Camavinga y Bellingham a treinta minutos del final. La presencia de ambos resultaría determinante para cerrar el marcador.
De hecho, en uno de los primeros toques de Bellingham, el balón llegó filtrado a Vini, cuya internada fue interrumpida con un sonido por Rafa Marín, que hasta ese momento estaba realizando un gran encuentro. Podría no haber sido penalti, pero Cuadra lo señaló de todos modos. Mbappé se lo cedió generosamente al brasileño, quien no falló, aunque Arnau estuvo cerca de atajarlo.
Súbitamente, el partido recuperó el ritmo. Un Jude entusiasta encadenó dos ocasiones, una asistida por Vini y otra por Valverde; sin embargo, el Villarreal marcó en un gran tiro de Mikautadze. Pero Vini, animado, forzó la segunda tarjeta a Mouriño. Con diez el rival, todo se veía más tranquilo, y tanto Bellingham como Camavinga parecían haberse integrado bien desde el banquillo. El francés, de hecho, interceptó un contragolpe peligroso de los de Marcelino.
El gol de la calma llegó gracias a un robo de Bellingham en campo rival. Mbappé tomó el balón del inglés, combinó con Brahim (que había sustituido a Mastantuono) y este le regaló el gol en las narices de Arnau. La alegría por un nuevo gol de Kylian fue seguida de la preocupación por su lesión. Rodrygo tuvo que sustituirlo. Esperemos que no sea grave.
Poco más ocurrió en los minutos finales, salvo el no señalado penalti de Rafa Marín, esta vez sobre Rodrygo, y una jornada durmiendo como líderes en las vísperas del parón.



