El Atlético vuelve a la normalidad.


Al Atlético le resulta complicado rendir fuera de casa. Había enderezado el rumbo de la temporada con tres victorias consecutivas en el Metropolitano, pero al llegar a Balaídos, las buenas sensaciones se desvanecieron. El equipo dominante que se mostró ante el Real Madrid y en la Liga de Campeones contra el Eintracht no se vio en esta ocasión y se marchó con solo un punto, sintiendo que la situación podría haber sido aún más grave.

El conjunto de Simeone se ilusionó con un gol fruto del azar, en un contraataque protagonizado por Pablo Barrios, que Starfelt, el central del Celta, terminó por rematar a puerta cuando intentaba despejar. La jugada se originó a partir de un pase en profundidad de Griezmann, quien siempre sabe cómo encontrar espacios para asistir a sus compañeros.

El Atlético no había realizado ningún tiro a puerta y ya se encontraba en ventaja. El partido podría haber concluido de esa manera, aunque Griezmann y su melena ochentera buscaban alternativas para que su equipo jugara con mayor soltura. Retrocedió al borde del área, donde había espacio libre para recibir el balón y pasárselo en ventaja a Hancko. Radu, el portero del Celta, intervino para evitar el segundo gol. Y en ese instante, cuando el Atlético comenzaba a sentirse más dominante y el futuro lucía prometedor, todo se complicó con la expulsión de Lenglet.

El francés cayó en la trampa de Jutglá en dos ocasiones. El canterano del Espanyol y del Barcelona ya había arruinado una noche europea al Atlético con la camiseta del Brujas y estaba decidido a repetir la hazaña. Apenas había comenzado el encuentro cuando lanzó un centro desde la derecha que Borja Iglesias no logró enviar a portería por poco. El delantero se vio atrapado entre pasarla a Williot o intentar el remate, y el balón se fue cerca del poste.

Jutglá persistió y encontró en Lenglet a su presa ideal. El francés recibió la primera tarjeta amarilla al cortar un avance a campo abierto del delantero del Celta. La segunda fue producto de una serie de errores, primero al intentar hacer un caño a Jutglá y después al agarrarlo cuando le robó el balón.

Era el minuto 40 y el Atlético necesitaba resistir la segunda parte y algo más con un jugador menos. Lo que hasta ese momento había sido un ejercicio de rentabilidad se transformó en uno de supervivencia.

El Celta se adueñó del campo rojiblanco. Simeone mantuvo la defensa de cinco con la entrada de Javi Galán por el flanco izquierdo. Aseguró la defensa, pero no logró encontrar la forma de salir al contraataque.

El Celta luchaba por hallar espacios mientras Iago Aspas aguardaba su oportunidad en el banquillo. A sus 38 años, ingresar al campo le permitía convertirse en el futbolista que más veces ha vestido la camiseta del Celta. Con él entró Bryan Zaragoza para acompañar a Borja Iglesias, y entre Iago y el Panda, con la ayuda de Mingueza, encontraron el hueco en la defensa rojiblanca.

Borja es capaz de lidiar con cualquier defensa, incluso si no llega en solitario. Logró rematar en el área pequeña un pase de Mingueza, rodeado por Llorente y Le Normand. Llegaba obligado, pero Oblak tuvo que esforzarse para despejar. El rebote fue aprovechado por Iago Aspas, quien celebró con emoción y transformó el estado de ánimo de su equipo.

De repente, el Celta se sentía capaz y Simeone trataba de encontrar soluciones que no aparecían en el campo. Javi Galán, que solo estuvo media hora sobre el terreno de juego, fue sustituido en los últimos quince minutos.

El Atlético buscaba la forma de conseguir una victoria que lo metiera en los puestos de Liga de Campeones. Le Normand estuvo cerca con un cabezazo, pero se marcha al parón en la quinta posición, a dos puntos del Betis, que marca la clasificación para la Champions. Y de nuevo preocupado porque a Julián Álvarez se le vio poco durante el encuentro. Marcos Llorente, el jugador con más capacidad de llegar al área rival, se dedicaba a reparar como central.

Celta – Atlético de Madrid: jornada 8 de LaLiga EA Sport, en vivo online

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