El CILE que arruinó a Perú.
El X Congreso Internacional de la Lengua (CILE) comenzó con una rueda de prensa explosiva y concluyó con un comunicado que requería una lectura cuidadosa: a medida que pasaron los días, las formas mejoraron, pero la relación entre la RAE y … el Instituto Cervantes se ha deteriorado. Este viernes, las veintidós academias de la lengua de América firmaron un documento en apoyo a su director, Santiago Muñoz Machado, y agradecieron a todas las instituciones involucradas su trabajo en el CILE. Con la excepción de una: el Instituto Cervantes. Ya hemos llegado a ese punto: en los murmullos de los corredores, en los abrazos cómplices, en los gestos de saludo que se intercambian. «Es todo muy shakesperiano», bromeaba un participante.
Ambos lados del río reconocen que el conflicto ha marcado y oscurecido el CILE de Arequipa. No solo ha sido el tema central de conversación, muy por encima de asuntos fundamentales del congreso –mestizaje, lenguaje claro e inteligencia artificial–, sino que también ha pesado sobre el programa académico y cultural de la gran fiesta del español. El ejemplo más claro es el homenaje duplicado a Mario Vargas Llosa, organizado primero por el Cervantes y luego por la RAE. Pero no es el único. «El programa es el resultado de una pelea infantil –nos comentan desde dentro–. Si Santiago estaba presente, Luis también debía estar. Y viceversa».
Este conflicto ha persistido a lo largo de los años. Desde el CILE de Córdoba, celebrado en 2019, las tensiones son constantes: en la elección de la sede, en la composición del programa, en la visibilidad… «Lo que ocurrió en la rueda de prensa del lunes fue algo sin precedentes», nos cuenta un académico. «Bochornoso», sostiene otro. Recordemos: Luis García Montero declaró ante la prensa, los diplomáticos y los principales participantes del CILE que sus desacuerdos con Muñoz Machado «eran muchos» y que había que discutir la sucesión que él estaba preparando al frente de la RAE. Después, él mismo admitió que se refería a Juan Luis Cebrián. El mandato de Muñoz Machado al frente de la RAE finaliza en diciembre de 2026. ¿Pero qué tiene que decir sobre esto el director del Cervantes? Recapitulamos: el Cervantes depende del Ministerio de Exteriores, mientras que la RAE es una entidad autónoma.
«Vi a Luis demasiado nervioso, estaba agitado», nos comenta otra fuente respecto a lo ocurrido el lunes. Los gestos eran evidentes, no solo en ese evento. Muñoz Machado también se mostraba muy serio, con una expresión tensa. De hecho, no estuvo en la clausura del CILE: se marchó de Arequipa el jueves… Tampoco asistió Luis García Montero.
¿Guerra personal o política?
Algunos sostienen que la contienda iniciada por García Montero es meramente personal, y que siente una especial animadversión o envidia hacia Santiago Muñoz Machado. Existen numerosas teorías al respecto; algunas se remontan a más de una década, pero ninguna ha sido confirmada. Todo esto queda en el ámbito del chisme, más o menos creíble.
La otra perspectiva es que detrás del conflicto hay una motivación política. Arturo Pérez-Reverte la ha defendido públicamente, con bastante energía. El miércoles aseguró a través de su cuenta de X que el Ministerio de Exteriores quiere «colonizar el ámbito natural de la RAE abriéndose paso a codazos para protagonizar la fotografía». También calificó a García Montero de «mediocre y paniaguado». Otro escritor de la Academia, Álvaro Pombo, criticó al director del Cervantes en un artículo publicado en ABC el pasado domingo: «Es un poeta menor, agradablemente menor, pero agresivo; pequeño pero agresivo». Con ellos, quedó claro que el desprecio era mutuo y profundo. Y estas respuestas se entendían como una respuesta al primer ataque de García Montero, quien la semana pasada afirmó que Muñoz Machado era un simple jurista que no estaba a la altura de filólogos como Fernando Lázaro Carreter o Víctor García de la Concha que habían dirigido la RAE, y con los que él solía tratar.
Por cierto: dentro de la hipótesis política, muchos afirman que García Montero se comunica directamente con Pedro Sánchez… Lo único cierto es que, después de todo, no ha habido ninguna reprimenda pública por parte del Gobierno por su comportamiento.
Fue el discurso del Rey del miércoles el que cambió el tono del tumulto. Por momentos, pareció casi una reprimenda. «Esta reunión es, también –y más allá, incluso, de la lengua–, un ejemplo de comunidad de valores: una conversación en torno a lo que une, no a lo que separa. Una valiosa lección en tiempos en que se escucha constantemente de competencia, de rivalidad, de desconexión, de resurgimiento de bloques…, de intereses y no de cooperación». Esa misma tarde, García Montero comentó en el escenario: «Javier Cercas me ha dicho que los poetas son buenas personas hasta que se vuelven problemáticos. Yo espero seguir siendo buena persona». A la mañana siguiente, fue el ministro de Cultura, Ernest Urtasun, quien se comprometió a suavizar la situación. «Estamos en el CILE y creo que lo que esperan todas las personas que quieren que defendamos el español es que en este congreso compartamos ideas y propuestas de política pública y de cooperación para fortalecer el español. Cuando se trata de defender el español, no me van a encontrar en controversias, me van a encontrar trabajando», aseguró.
Tal vez el mensaje más repetido en este CILE ha sido que había que centrarse en los temas del programa, la prueba evidente de que se estaba hablando de otras cuestiones. «Lo que debía haber sido una celebración del idioma hablado por cerca de seiscientos millones de personas en el mundo se ha convertido en un semillero de disputas y un foco de intrigas», reconocía Juan Luis Cebrián en un artículo publicado en ‘The Objective’ este jueves. Él también asume que se trata de un ataque político.
Algo se ha fracturado en el CILE de Arequipa, y puede que no sea solo la relación entre el Cervantes y la RAE. Ya se comienza a discutir la necesidad de repensar estos congresos…



