Juanma Rodríguez: La exageración de Miami


Resulta que Javier Tebas consultó a Tebas Javier sobre la posibilidad de llevar un partido de la Liga española a los Estados Unidos. Así pudo suceder:

Acto I. Escena I: Situado con los brazos en jarra frente a un espejo de cuerpo entero, Javier Tebas se dirige a Tebas Javier. Momento decisivo. Se masca la tensión.

– Javier Tebas: ¿Qué opinas, Tebas Javier, si trasladamos un partido de la Liga a Miami? ¿Cómo lo ves?

– Tebas Javier: ¡Qué idea tan genial has tenido, Javier Tebas! ¡Lástima que no se me haya ocurrido a mí!

– Javier Tebas: Pero si tú eres yo, Tebas Javier…

– Tebas Javier: Es cierto, Javier Tebas, ya se me había olvidado.

Dicho y hecho. Tras la consulta de Javier Tebas a Tebas Javier, ambos decidieron, sin encomendarse ni a Dios ni al diablo, que el Villarreal-Barça se jugaría el 20 de diciembre en el Hard Rock. Por sus santos. Pues no.

A los Javieres, o sea a Javier Tebas y a Tebas Javier, les pierde Florentino. Yo anhelo el helado de dulce de leche con virutas de caramelo de Häagen-Dazs, mientras que los Javieres pasan el día soñando con el presidente del Real Madrid. Si a los Javieres les hicieran el test de Rorschach, verían escondida la figura de Florentino en todas las láminas con manchas de tinta simétricas. Esa obsesión encierra, en el fondo, una profunda admiración. Javier Tebas y su hermano gemelo Tebas Javier querrían ser como Florentino. Le provocan, le buscan pero jamás le encuentran. Y eso enrabieta aún más a los Javieres, que, como kamikazes, embisten contra todo y contra todos: AFE, CSD, Premier, CONCACAF…

Tebas, en fin, dirige la Liga de Fútbol Profesional a espaldas de uno de sus principales socios, el Real Madrid, que paradójicamente es su activo más valioso. Y lo ha vuelto a repetir con el esperpento de Miami. Y ahora nuestro Nerón preferirá ver cómo arde Roma mientras toca la lira, si eso le permite echarle la culpa a Florentino, que, por cierto, se fuma un puro virtual y expulsa divertidos aros de humo por la boca. Los Javieres están cada día más desesperados y esa angustia vital individual conduce a la quiebra general del fútbol español. Y mientras tanto, como en ‘Quo Vadis’, el resto de los clubes, siempre aduladores, le gritan a Tebas: «¡cántanos algo, divinidad, cántanos algo!».

«Embrutece al pueblo pero, por favor, no lo aburras» (Cayo Petronio)

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