¡Que le quiten la cabeza! El Atleti, María Antonieta y la historia de ofrecer pasteles a los pobres.


Cuando pocos minutos antes de que comenzara el partido entre el Betis y el Atlético de Madrid encendí la televisión, lo primero que escuché fue a una persona decir que estaban a punto de enfrentarse un sistema futbolístico «valiente» contra otro que… no lo era. Al igual que usted, supe inmediatamente de qué estaba hablando.

Aparentemente, así lo dijo, iba a jugar un equipo que «buscaba ser protagonista» contra otro que… «defendía muy bien». Ninguno de los profesionales que estaban presentes mostró el más mínimo atisbo de discrepancia o de querer matizar algo tan categórico y, si lo piensan bien, tan ofensivo. A pesar de la historia reciente entre ambos equipos. A pesar de que el Atleti haya registrado más pases que el Betis en estas primeras diez jornadas. A pesar de que ambos tengan prácticamente los mismos goles encajados. Hay cosas que no se discuten, si lo que uno quiere es seguir saliendo en la foto.

Fue entonces cuando pensé que este Atleti de Simeone se asemeja cada vez más a esa figura de María Antonieta que nos ha legado «la historia». Sí, me refiero a esa joven frívola, manipuladora y corrupta, que un día le dijo al pueblo hambriento que comiese pasteles (“Qu’ils mangent de la brioche”). Una mujer que realmente no fue tan frívola, manipuladora ni corrupta y que, de hecho, jamás pronunció esa frase. Una figura que ha quedado reducida a una narrativa emocional falsa, pero mucho más poderosa que la verídica.

Simeone, en Sevilla. (Europa Press)

El Atlético de Madrid hace muchos años que no es efectivo en balón parado, muchos meses que no defiende correctamente y muchos días que intenta jugar a algo diferente a ese supuesto sistema que se utiliza como caricatura del “mal fútbol”. Pero da lo mismo. Decirlo encaja muy mal en ese relato edulcorado, bastante simplista y previsible, que nos ofrecen a diario en forma de información deportiva. Uno que todo el mundo entiende sin necesidad de tener que gastar demasiados recursos intelectuales. Uno en el que, por razones de rentabilidad económica, los héroes y los villanos son del agrado de la mayoría y están definidos de antemano. Ocurra lo que ocurra. El Atleti es extranjero en esa realidad, al igual que lo fue María Antonieta para quienes narraron la historia. Y parece que de ahí no vamos a salir nunca.


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La lectura más común tras la reciente derrota colchonera frente al Arsenal fue que el cuadro de Simeone había sido humillado por el equipo de Arteta. Que había pasado el partido en su área despejando balones y que volvía a fracasar fuera de su estadio por hacer lo mismo de siempre. ¿Seguro? No soy muy fan de lo que mucha gente suele deducir de las estadísticas de posesión del balón, pero lo que es inequívoco es que, al menos, indican objetivamente dónde ha estado el balón durante todo el encuentro. Pues bien, la estadística de aquella noche muestra un sorprendente 48% de posesión para el equipo rojiblanco. ¿Cómo puede ser? Imagino que debieron de estar la mitad del partido pasándose la pelota dentro de su propia área, ¿no? Antes del primer gol, Oblak solo había realizado una parada de mérito. En ese mismo periodo, Julián Álvarez había estrellado un balón en el larguero y había fallado un disparo a puerta vacía desde fuera del área.

Creo que la primera hora del partido en Londres fue una de las veces que mejor he visto jugar el Atlético de Madrid en los últimos años. Especialmente, si hablamos de partidos fuera de casa. Ojalá fuese ese el modelo al que apunta el equipo. ¿Un equipo intenso, valiente, con la presión adelantada, vertical, competitivo, que no renuncia al balón, que sale jugando desde atrás…? No, me enamoro. El Atleti perdió en Londres simplemente porque el Arsenal es mejor. A veces es tan simple como eso. Además de tener una plantilla de más calidad y mucho más completa, es un equipo bien entrenado que actualmente está en racha. El Atleti perdió porque en el momento clave del partido no pudo llegar donde sí llegaba un equipo con muchos recursos, construido a base de talento y presupuesto. El Atleti perdió porque no fue capaz de mantener el nivel cuando tuvo que hacer los cambios.

Julián, ante el Arsenal. (EFE/EPA/Neil Hall)

Pero volviendo al partido del lunes, aquella ristra de clichés con olor a torrezno que tuve que soportar antes de que el balón empezara a rodar no se quedó ahí. Continuó antes y después del encuentro. Y seguirá mañana, ocurra lo que ocurra. Aún en el descanso, con 0-2 en el marcador y un Oblak que no se había despeinado, seguían hablando de un equipo colchonero que se había “encerrado atrás” y que, básicamente, tenía que pedir perdón por ir ganando. Era mentira, lógicamente.

El Atleti había salido a presionar arriba (así se encontró con el gol), apostó por sacar el balón jugado y nunca dio la sensación de renunciar a la pelota. ¿Defendió con las líneas juntas? Por supuesto. Y con mucho orgullo. ¿Cuál es el problema? El problema estuvo en la segunda parte. El problema estuvo cuando decidió sacar en largo, cuando apostó por conservar la posición en lugar de moverse para buscar un desmarque y cuando fue incapaz de mantener la pelota bajo presión. Eso es lo que provocó que no saliesen de su área. Eso es lo que suele ocurrir cuando juegan fuera de casa. Y ese es, para mí, el origen de muchos de sus males. Algo que debería analizarse y corregirse, pero que no sucede simplemente por el hecho de enfundarse la elástica rojiblanca, como parece apuntar el libelo oficial. El debate de por qué el Atleti actúa así fuera de su estadio sería muy interesante desde un enfoque estrictamente futbolístico, pero es imposible tener un debate así en un entorno como el colchonero, donde todo aparece siempre intoxicado por el mismo nombre.

Sorloth, un killer sin puntería. (Europa Press)

Ejemplo: cuesta creer que el Club se haya gastado entre treinta y cuarenta millones de euros en un jugador como Sorloth, que quizás merecería un artículo aparte. Es debatible si el rendimiento de Le Normand se corresponde con lo que se pagó por él, o si el de Griezmann está a la altura de su ficha actual. Es debatible la renovación de Lenglet y también su rendimiento. Es más que debatible que Nahuel Molina siga perteneciendo a la plantilla rojiblanca, así como la razón por la que ninguno de los cuatro laterales que tiene el equipo sea capaz de jugar de inicio en un partido exigente.

Hay muchos más debates futbolísticos que están en el aire, pero el que parece ocupar de forma recurrente las tertulias mediáticas es el que cuestiona la “calidad técnica” de un jugador de la cantera (no hay tantos), que tiene una de las fichas más bajas de la plantilla. Uno que no ha dejado de aportar entrega, rigor, personalidad, velocidad, presión, asistencias y goles. Uno que jamás protesta, que nunca deja de dar la cara, que es internacional con Argentina a los veintidós años y que la última vez que el Atleti jugó en Londres frente al Arsenal protagonizaba un video viral en el que aparecía celebrando el gol de Griezmann como el seguidor colchonero que era. Uno que se apellida Simeone, lo que distorsiona todo lo demás.

El origen de la famosa frase de los pasteles se encuentra en las Confesiones de Jean-Jacques Rousseau, escritas años antes de que María Antonieta llegara siquiera a Francia. Y sí, puede que al principio fuese una muchacha ingenua y amante del lujo, porque era lo habitual en toda la corte de Versalles, pero intentó cambiar su imagen, apoyar obras de caridad y acercarse al pueblo cuando se dio cuenta de la crisis política que había y de su propia impopularidad. Fue inútil. La maquinaria de propaganda revolucionaria la había convertido ya en el monstruo perfecto. Piénsenlo la próxima vez que el Atlético de Madrid salga con la pelota jugada, le metan un gol por estar arriba con la defensa expuesta o cuando supere a su rival en el porcentaje de posesión del balón.

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