Cinco intrigantes contradicciones del Madrid de Xabi


El zafarrancho mesurado

 

Este Madrid, concebido para el zafarrancho, a menudo proyecta la impresión de estar en un frenesí ofensivo desenfrenado y visceral. Sin embargo, debería ser habitual ver goles y oportunidades nacidas del desorden que esa filosofía conlleva. La clave está en el condicional, porque lo que debería ocurrir no ocurre. Es más bien un zafarrancho mesurado. Primera paradoja.

Contrario a su ataque aparentemente salvaje, el Madrid de Xabi Alonso, salvo la excepción del descalabro del Metropolitano, no solo recibe muy pocos goles, sino que limita significativamente el peligro del rival. Courtois ha realizado notablemente menos milagros que en años previos, aunque a veces sigue sorprendiendo con lo sobrenatural. El belga ha dejado atrás lo ultraterreno; ahora solo tiene escarceos con lo titánico, tan breves como los encuentros en Tínder. Ha discontinuado su condición de superhombre, porque su equipo ya no lo necesita tanto. Ha dejado de exigirlo con tanta urgencia como antes, justo cuando la lógica indicaba que debería suceder lo contrario, es decir, cuando el Madrid parece (solo parece) restarle importancia a la defensa.

Diversión a través del orden

 

El trabajo es mucho más divertido que la diversión”, dejó escrito Oscar Wilde. La idea de que trabajar puede ser más placentero que la diversión misma es una paradoja para la que tal vez Yolanda Díaz no esté preparada. Xabi Alonso, en cambio, la trae bajo el brazo.

No recuerdo haber visto a un grupo de hombres disfrutar tanto de su trabajo, sonriéndose y mostrando complicidad, mientras jadean. Observé esto durante el encuentro contra el Valencia. Parecen atrapados en los rígidos esquemas de un Madrid autoral (algo que quizás solo vimos triunfar con Mourinho), pero es evidente que en esa supuesta prisión hallan felicidad.

Mbappé se muestra realizado en su papel de presionar, aunque eso le quite frescura en el momento de definir. No le importa, o lo asume tan bien que logra engañar. Siguiendo la antigua fórmula florentinista, sabíamos que Kylian había nacido para jugar en el Madrid, pero no éramos tan conscientes de que también había llegado para desgastarse persiguiendo defensas rivales en el Madrid. La naturaleza con la que lo hace no estaba en los planes de casi nadie.

La tercera vía en el lateral (o cómo el lateral que no quiere serlo se convierte en el mejor del mundo)

 

Valverde juega en contra de sí mismo. Si su objetivo es no desempeñarse como lateral, lo está saboteando admirablemente. Sus recitales contra Barcelona y Valencia demuestran tal solidez que parece poco probable moverlo de esa posición. Mis condolencias para Fede. No se puede jugar tan bien sin asumir ciertas consecuencias.

Parecen presos de los rígidos esquemas de un Madrid de autor (algo que quizá solo viéramos triunfar con Mourinho), pero es palpable que en la supuesta prisión encuentran la felicidad

El Madrid comenzó la temporada con la mayoría de sus posiciones bien duplicadas, y esta bendición parecía especialmente evidente en el flanco derecho de la defensa. Allí teníamos a dos gigantes (Trent y Carvajal), cada uno con características diferentes, y la discusión era determinar quién debía ser titular.

Fede ha resuelto la incógnita de una manera inesperada: ninguno.

La tercera vía ha prevalecido. Ni Trent ni Carvajal aportan en este momento lo que da el uruguayo (sé que Carvajal está lesionado actualmente, pero esa era la sensación incluso cuando estaba sano). Todo indica que Trent comenzará en el banquillo del partido de su regreso a casa. Anfield no fue hecho para experimentos, y quitar a Valverde del lateral se ha convertido en eso: una moneda al aire, una probeta en el laboratorio de un químico loco. Queremos certezas, y una de las más grandes que tenemos es el rendimiento de alguien que preferiría no estar en esa posición, según su propia confesión.

Jugadores que retrasan su posición pisan más área que nunca

 

He de admitir que dudaba sobre la idoneidad de Güler como centrocampista. No porque supiera que no podría desempeñarse bien allí, sino por el coste de oportunidad que conllevaba esa decisión. En su primer año, anotó seis goles en seis ratitos y tirando solo seis veces. ¿Realmente quieres alejar del área a alguien con semejante relación con el gol?

Ahora estoy convencido: sí, quieres. Paradójicamente, el movimiento táctico de Güler ha incrementado su peso en la gestión del juego, a veces desde posiciones muy retrasadas, y su brillante lucidez aporta mucho. El milagro (que expongo de manera intuitiva ya que no tengo estadísticas que lo respalden) reside en que sigue pisando el área casi tanto como antes. El hecho de haberlo empujado hacia atrás no le ha restado presencia en ataque, y eso solo ha podido lograrse enseñándole a multiplicarse, como suena. Lleva la batuta, como decían los clásicos, pero eso no ha impedido que marque tres goles, ofrezca numerosas asistencias y se presente para rematar. Su contribución en el aspecto goleador será significativa.

Dicen que a Xabi no le gusta Vini, o que hay aspectos de su juego que no le convencen. Para ser el entrenador que se supone menos aprecia a Vini, se antoja el que mejor puede hacerle jugar.

Y lo propio hará Bellingham. Desde su primera rueda de prensa, Xabi dejó claro que lo quería como centrocampista. Y eso es exactamente lo que estamos viendo, una realidad que parece compatible con tres goles en tres partidos. El tolosarra está forjando la bendita anomalía. Vemos a un Jude que interviene mucho más en el juego que la temporada pasada sin ver mermado su potencial goleador y de asistencias. En el segundo gol de Mbappé, pudimos observar a Jude y Arda intercambiando roles, y no habría sorprendido a nadie. El pase en profundidad podría haber sido de Güler y la asistencia del inglés, pero fue al contrario. Este Madrid irradia un dinamismo que, curiosamente, no alcanza el caos, aunque lo roce. La gente aparece donde menos lo esperas. Es un equipo ininteligible, lo que resulta fascinante.

Las notas del Real Madrid-Juventus

El adversario benevolente

 

Es posible que muchos vean en Xabi al entrenador típico que descompone la espontaneidad de sus estrellas. Es posible que esto lo piensen en relación a Vinícius e incluso el propio Vini podría considerarlo así.

Sin embargo, la realidad muestra que, si Xabi es el adversario del brasileño que dictan las crónicas, es un enemigo completamente benigno, pues Vini está jugando como nunca, sembrando terror como nunca y haciendo el trabajo sucio como si de ello dependiese su vida.

Aseguran que a Xabi no le gusta Vini, o que hay elementos de su juego que no le convencen. Para ser el entrenador que supuestamente menos aprecia a Vini, parece ser el que mejor puede hacerle jugar. Toma paradoja. El intervencionismo de uno como contexto idóneo para que tu esencia irreductible y libre brille. Vini tuvo un partido brillante ante los levantinos, a pesar de fallar un penalti.

No puedo con tantas paradojas. Voy a volver a ver el partido contra el Valencia. Necesito sumergirme en puro placer para intentar integrar todas estas contradicciones, como se dice ahora, en la felicidad de mi vida.

Sobre Vinícius y el cambio

 

Getty Images

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