Madrid crea el turrón más grande del planeta en la Real Casa de Correos.


La Real Casa de Correos se ha transformado este jueves en un gran obrador para la creación del turrón más grande del mundo, una tableta que mide aproximadamente 60 metros de longitud. Con esta iniciativa, la Comunidad de Madrid celebra el Día Mundial del Turrón. El evento ha reunido a chefs y reposteros de ACYRE Madrid, incluyendo a la destacada chef Pepa Muñoz, embajadora del distintivo M Producto Certificado.

Más allá del récord, el evento ha sido una exhibición del talento culinario madrileño, la calidad de los productos locales y el ambiente festivo que anticipa la llegada de la Navidad.

Un dulce récord con sello madrileño

El consejero de Medio Ambiente, Agricultura e Interior, Carlos Novillo, ha estado presente junto a los profesionales de ACYRE Madrid durante la elaboración del turrón, que utiliza ingredientes locales: chocolates de Maykhel, mieles de Miel de Madrid, fresas liofilizadas de Aranjuez y frutos secos de Frutos Secos Medina, combinados con plátano deshidratado y gofio de millo de las Islas Canarias.

El resultado es una enorme tableta artesanal que combina tradición y creatividad, elaborada completamente con productos de proximidad y de alta calidad.

Camino al récord Guinness

La celebración continuará el 13 de diciembre en Santiago del Teide (Tenerife), donde los reposteros de ACYRE Canarias crearán una tableta aún más grande, de 1.100 metros, sumando simbólicamente 1.160 metros de turrón entre ambas comunidades para aspirar a un Récord Guinness.

Los asistentes al evento de hoy en Madrid tendrán la oportunidad de degustar el turrón gigante, una ocasión única para disfrutar de la fusión de los ingredientes madrileños y canarios.

Innovación y educación gastronómica

El Gobierno regional colabora con ACYRE Madrid en una variedad de proyectos relacionados con la hostelería y la alimentación. Junto al Instituto Madrileño de Investigación y Desarrollo Rural, Agrario y Alimentario (IMIDRA), los chefs promueven iniciativas para aprovechar subproductos, fomentar una cocina saludable y alentar a los escolares a consumir aceite, frutas y verduras locales.

Es una forma deliciosa de unir tradición, innovación y comunidad en torno a uno de los sabores más emblemáticos de la Navidad.

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