El temor persiste en el parque para perros de Santa Margarita, en A Coruña: «Se encuentra en mal estado y es insalubre.»


Los dueños de perros que visitan el parque canino de Santa Margarita, en A Coruña, están denunciando una situación de inseguridad y abandono que, según afirman, lleva más de un año en curso. Indican que han enfrentado amenazas, insultos e incluso escupitajos por parte de individuos ajenos al recinto, que acceden al canil a través de una de las puertas que conecta con la calle.

«Nos lanzan palos a los perros y hasta a nosotros. Entran a drogarse, a mantener relaciones sexuales o a buscar riña», cuenta Rosa, una usuaria habitual del espacio y propietaria de un pastor alemán. Explica que, desde que el Concello amplió el área, esa puerta se ha convertido en un punto de acceso para personas que utilizan el lugar con propósitos distintos al disfrute de los animales.

A esta situación de inseguridad se añade, aseguran, el estado deplorable de las instalaciones. «Hay condones tirados por el suelo, tangas, zapatillas, jeringuillas y restos de comida. Es totalmente insalubre», menciona Rosa, quien teme que los perros puedan enfermar o sufrir heridas debido a alguno de los objetos desechados.

Los usuarios también critican la falta de mantenimiento del entorno. «Hay personas durmiendo en el parque, colchones abandonados, chapas de cerveza, cristales rotos, latas, carne, huesos… Nos encontramos de todo«, asegura. Explican que el deterioro comenzó tras la apertura de un camino en el área, y desde entonces, los problemas han aumentado.

Frente a esta inseguridad y la inacción del Concello, los usuarios han decidido crear una cuenta de Instagram para denunciar lo que sucede en el parque canino y hacer que la situación llegue a más personas en la ciudad.

El parque canino de Santa Margarita fue inaugurado en 2008 y, en su momento, fue uno de los primeros espacios de este tipo en la ciudad. Ahora, los dueños de animales exigen al Concello una acción urgente para restaurar la seguridad y la limpieza del recinto. «Prácticamente no vienen familias con niños porque hay tráfico de drogas y el ambiente es muy desagradable», lamenta Rosa.

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