Obligación de diluir la orina de mascotas: un debate controversial en un Madrid canino.
Madrid es una ciudad amante de los perros. De acuerdo con el registro de animales domésticos de 2024, conviven con sus 3.460.491 habitantes censados a 1 de enero de 2024 hasta 323.175 perros, en contraste con 174.251 gatos. Esto significa que hay casi un perro por cada habitante, revelando la profunda integración de estas mascotas en la vida urbana. Sin embargo, la capital se ha transformado para muchos en una ciudad “de perros” en el sentido figurado, debido a los problemas de suciedad que ha reconocido el alcalde, José Luis Martínez-Almeida. “La limpieza viaria de las calles de Madrid no está a la altura de lo que nos gustaría”, aceptaba en un pleno de octubre. Mientras el regidor anunciaba diversas medidas para abordar la situación, la relación entre las dos realidades perrunas de Madrid genera más discrepancias que consensos.
El propio Gobierno de Almeida dejó en el aire dos debates que nunca concluyó. En 2021, durante su primer mandato, el Ayuntamiento propuso un par de posibles iniciativas para consulta pública y su eventual inclusión en la nueva Ordenanza de Limpieza y Gestión de Residuos: identificar a los propietarios de perros por medio del ADN de los excrementos no recogidos y obligar a diluir los orines con el riesgo de sanciones si no se cumple.
Dos propuestas que generan discrepancias en diferentes colectivos. Alberto, de la comunidad Perros Tetuán, comparte con Somos Madrid las opiniones consensuadas por este grupo: “La posible recogida de ADN como herramienta para imponer multas frente a un hecho consumado es algo con lo que estamos en su mayoría de acuerdo. Los dueños responsables somos los primeros perjudicados por los incívicos. Los pipicanes, donde se socializa, a veces se convierten en campos de minas. Queremos que se tomen medidas para sancionar”.
Respecto a la dilución de la orina, indican que hay “opiniones encontradas”: “Muchos somos conscientes de que en ciertas circunstancias, como en verano, en la mitad de la acera o en fachadas, puede ser molesto o antihigiénico. De hecho, hay quienes llevan su pistola de vinagre para diluir de manera voluntaria. Pero en otros contextos no es lesivo, como en alcorques o parques. Creemos que una ley obligatoria podría desviar el enfoque”.
Alberto sostiene que, a pesar de un “sentimiento general de que la limpieza viaria depende, en gran medida, de los perros”, en realidad se trata de “un factor anecdótico comparado con comportamientos humanos incívicos: vándalos, personas que dejan muebles y enseres en la calle, quienes hacen sus necesidades en la calle y, por supuesto, la dejación de funciones del Ayuntamiento al no limpiar o multar. La atención debe centrarse en puntos limpios, plazas, contratos de limpieza…”. Por eso, cree que la discusión sobre los perros es un “falso debate” y que “la problemática no se resuelve con botellas de vinagre, sino con campañas de concienciación”.
No descarta, eso sí, algunas medidas conexas, pero que no supongan obligatoriedad: “Habría que explorar campañas o sugerencias sobre zonas y horarios en los que sea sensato diluir las micciones, sin que ello implique que cada dueño tenga que ir con su pistola de vinagre. Al final, los perros tienen el instinto de comunicarse a través de aromas; si institucionalizas la eliminación de ello, crearás un problema”.
¿Un problema cívico o de modelo de limpieza?
Alberto también critica el “plan de choque” propuesto para abordar la suciedad y acumulación de basura en Madrid. Considera que es un término “muy bonito” que tiende a “quedarse en un mes puntual”, en contraposición a la “limpieza estructural necesaria y a que las empresas contratadas cumplan con lo estipulado”. Agrega: “Los propios vecinos limpiamos los pipicanes a pesar de la obligación de las empresas en las áreas caninas, a las que el Ayuntamiento no les obliga a cumplir. En Tetuán, al menos, esto es así”.
Los propios vecinos limpiamos los pipicanes a pesar de la obligación de las empresas en las áreas caninas, a las que el Ayuntamiento no les obliga a cumplir
Quique Villalobos, responsable de Medio Ambiente de la Federación Regional de Asociaciones Vecinales de Madrid (Fravm), se manifiesta sobre este tema en declaraciones a este periódico y expone sin tapujos las discordias que suscita: “La idea de usar una botella con vinagre o detergente debe surgir del sentido común de los propios dueños, no debería ser necesaria una norma porque es una medida de bajo coste. Sin embargo, si se legisla, no lo veríamos mal”. Cree que “en áreas del centro de Madrid, las aceras están en condiciones deplorables y manchadas de orina”.
En cuanto al registro de ADN, es una acción que no termina de convencer a Villalobos: “El coste, que era de unos 40 o 50 euros por usuario hace unos años, seguramente ha aumentado. Vemos utilidad en ello como política para erradicar el abandono de mascotas, pero no tanto en lo referente a las heces”. Advierte que “el gran problema de Madrid es que cada uno de sus 21 distritos funciona como una gran capital en otras partes de España, por lo que el nivel de control y vigilancia debería ser elevado, pero es prácticamente inexistente”. Lamenta que “no parece que el Ayuntamiento vaya a reforzar esa área”, lo que sugiere que “es muy probable que estas nuevas normas terminen siendo papel mojado”.
Concluye que este tipo de discusiones “surgen recurrentemente cuando Madrid alcanza niveles alarmantes de suciedad, como vuelve a suceder, tal como ya ocurrió hace unos meses”. Desde su perspectiva, critica que la ciudad “destina una gran cantidad de dinero a pagar a grandes constructoras que ofrecen un servicio deficiente”. Llama a crear “un servicio público que realice esa limpieza de manera más efectiva y a un costo menor”.
Madrid destina un gran presupuesto a grandes constructoras que prestan un servicio deficiente, mientras debería contar con un servicio público que garantizara una limpieza más eficiente y económica
Desde otras organizaciones ciudadanas, la postura es más matizada, enfatizando la importancia de la concienciación sin descartar nuevas exigencias. Así lo expresan en la asociación vecinal Parque Comillas, de Carabanchel: “Consideramos acertadas aquellas medidas que ayudan a mantener limpios los barrios y fomentar el respeto hacia nuestras mascotas. Las campañas de sensibilización son esenciales”.
Sin embargo, desde el Ayuntamiento de Madrid no se han pronunciado sobre posibles medidas. El área de Urbanismo, Medio Ambiente y Movilidad no ha respondido a las preguntas al respecto que este periódico ha planteado.



