¿Seis años adicionales de Sánchez en La Moncloa?


Un posible cambio de signo político en el Gobierno no será un compendio de bienes sin mezcla de mar alguno. Sin embargo, la posibilidad de que Sánchez lidere un nuevo Gobierno inquieta, aunque sea remota. No para él, que expresa su firme intención de volver a presentarse en 2027, tras consultar con su partido y su familia, y ha identificado «la necesidad de continuar consolidando las políticas socialdemócratas«.

Lo que genera inquietud se transforma en pesadilla. Y he soñado que la teoría circulante en las altas esferas del PP menciona a Sánchez como «líder de una organización criminal», haciendo referencia al artículo 102 de la Constitución, donde la exigencia de esa responsabilidad podría ser requerida por las fuerzas parlamentarías de Feijóo. Solo se necesitan 88 diputados para solicitarla (una cuarta parte de la Cámara) y mayoría absoluta para tramitarla. Recordemos que, tras la deserción de Junts, Sánchez navega en contra de más de 176 diputados.

En otras palabras, un problema aritmético, no argumental. Si se puede normalizar un discurso sincronizado para transformar a los enemigos del Estado en especie protegida del poder central, ¿por qué no podría construirse una trama argumental a la luz de la previsión constitucional que prevé el caso de un presidente irresponsable en el ejercicio de sus funciones?

Aquí lo dejo, como carnaza para los medios a ambos lados de la trinchera política y como eco de las respuestas de Sánchez a las preguntas (que considero adecuadas, con la distancia necesaria), de la exhaustiva entrevista publicada este domingo en El País. Es una nueva entrega del esfuerzo en una situación que clama por un paso por las urnas. Aparte de la determinación en la voluntad de reconectar, no hay nada nuevo en su extensa contribución a la «unidad de mensaje«, que incluye el comentario al PP de que «me quiere en la cárcel o colgado por los pies».


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El mismo mensaje y las mismas contradicciones. Memoria del 36 y desmemoria de ETA. Solidaridad con los habitantes de Gaza y vergonzoso abandono de los saharauis. Urnas inmediatas para los valencianos, “en lugar de sucumbir a la ultraderecha”, pues eso es de peor condición que rendirse a la ultraizquierda y el secesionismo para evitar la llamada a las urnas de todos los españoles.

El Gobierno lo hace todo bien. Un campeón de la moralidad y la colaboración con la justicia. La economía nacional es la envidia del mundo y si la pobreza crónica ya afecta a un 15% de los españoles, es debido a la desidia «social» de las autonomías gobernadas por el PP. La corrupción de proximidad, al fin y al cabo, que le acorrala, es obra de los fabricantes de fango porque su fiscal es inocente, su hermano es inocente y su mujer es inocente, sin otra base argumental que el paso del tiempo.

En la entrevista menciona las sesiones de control del Congreso como un espacio para la «propagación de bulos»

A saber. «El tiempo pondrá las cosas en su lugar«. Y se muestra tan satisfecho después de sobrepasar sus dotes de adivino al fuero judicial. Con la misma ligereza que afirma: «Yo no insulto a nadie, yo no amenazo a nadie» (ay, fontanera). Con la misma soltura que minimiza su bloqueo parlamentario o se refiere a las sesiones de control como un terreno para la «propagación de bulos» que ocultan los logros del Gobierno progresista.

Acusa al PP de blanquear a la ultraderecha para que no gobiernen las «fuerzas progresistas«, pero no menciona nada sobre blanquear a los herederos políticos de ETA para evitar que el PP, que fue el partido ganador de las últimas elecciones generales, gobernara.

Y así sucesivamente…

Un posible cambio de signo político en el Gobierno no será un compendio de bienes sin mezcla de mar alguno. Sin embargo, la posibilidad de que Sánchez lidere un nuevo Gobierno inquieta, aunque sea remota. No para él, que expresa su firme intención de volver a presentarse en 2027, tras consultar con su partido y su familia, y ha identificado «la necesidad de continuar consolidando las políticas socialdemócratas«.

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