A Vito Quiles lo ‘aceptan’ en la universidad.
El fenómeno conocido como pendulazo se refiere al cambio político y social que está por venir. Representa el movimiento oscilatorio que, tarde o temprano, experimentará la opinión pública española, desplazándose de la izquierda hacia la derecha por cuestiones tanto físicas como mentales: lo que antes se veía como blanco, con el tiempo se tornará negro, o al menos se acercará a ello. Esta dinámica, que hoy se pone de manifiesto a través de Vito Quiles, ya se vivió en 2011 con el 15-M. En ambos casos, el malestar colectivo sirve como combustible y existen elementos que pueden ser altamente inflamables.
Quiles se presentó este martes en la Universidad CEU San Pablo, ocupando el estrado del auditorio donde se formaron algunos de los periodistas progresistas que lo critican, lo cual es una clara muestra de otro efecto pendular mencionado en el Kybalion: todas las paradojas pueden reconciliarse.
La institución académica, de carácter privado, incluyó este evento en el marco de la gira de Quiles por diferentes universidades, una iniciativa que, curiosamente, comenzó tras el asesinato de Charlie Kirk, quien se dedicaba a algo similar, aunque, es evidente, con una profundidad discursiva mayor.
La esencia de la actividad es análoga: dirigirse al público universitario y debatir desde su posición —catalogada como extremista por muchos medios y políticos— sobre la hegemonía que la izquierda ejerce en el ámbito universitario. Es difícil prever cómo evolucionará este fenómeno, pero Quiles ha pasado, en tan solo unas semanas, de ser un reportero incómodo a un activista con un número considerable de seguidores. De hecho, ha logrado reunir a cientos de admiradores en las primeras fechas de su gira, junto a detractores e incluso a personas violentas. No obstante, hoy no fue así: disfrutó de la masa y se tomó varias fotografías, mientras en el fondo se oían gritos dirigidos a la madre del presidente del Gobierno.
Así como Pablo Iglesias se presentaba en 2012 como un «chaval idealista y de Vallecas», y Ramón Espinar lideraba el movimiento Juventud sin Futuro, Vito Quiles ahora se describe como un «chaval de 25 años» originario de Elche, que al llegar a estudiar Periodismo en Madrid notó la imposibilidad de formar un grupo de amigos en la Complutense, ya que todos eran de izquierdas. En la actualidad, comparte piso y se esfuerza por salir adelante en la capital, lo que, igual que en el pasado, cuando el péndulo se inclinó hacia la izquierda caribeña, implica navegar entre el reporterismo y el activismo. No será el primero ni el último en hacerlo.
Durante el evento, también estuvo presente el abogado de 39 años Juan Gonzalo Ospina, amigo y figura mediática, quien celebró que una parte de los jóvenes haya salido del «circuito mediático convencional» y haya empezado a escuchar otras voces, alejándose de un discurso ideológico de izquierdas que solía ser predominante a esa edad.
«Cada vez más jóvenes se niegan a asumir el rol que se nos intenta imponer», afirmaba ante un público que no era predominantemente masculino, al igual que sucedió en la fiesta que celebró Alvise Pérez —en cuya campaña participó Quiles—, cerca de allí, en la discoteca Cats, tras su éxito en las elecciones europeas recientes.
El auditorio contaba con 280 personas, a las que se sumaban unas 50 que no pudieron entrar, ya que el aforo estaba completo. Frente a ellos, declaró: «Nos han engañado durante mucho tiempo. Nos han dicho que aquí hay unos buenos y otros malos. Y ojo [añadió], no se trata de crear bandos, pero está claro quiénes son los que tienen una actitud democrática y vienen a debatir con ideas, espíritu crítico y buena intención, y quiénes llegan encapuchados y con bengalas».
Respecto a los disturbios que ocurrieron durante su visita a la Universidad de Navarra, comentó: «Estoy seguro de que si (Gabriel) Rufián va a una universidad privada, se le respetaría. No podemos normalizar que haya gente que impida la libertad de expresión (en la universidad) solo por tener otras ideas».
El presentador del acto —un alumno de la universidad— le preguntó por la buena acogida que tiene su discurso entre elementos radicales. A esta pregunta, respondió: «Es una movida. A veces, algunos llegan con la bandera del pollo y ya te han liado; y ya tienes a Wyoming, a Cintora o a (Sarah) Santaolalla, que con eso hacen la tarde». En este sentido, recordó que, en uno de sus eventos universitarios, hubo «tres o cuatro» que cantaron el Cara al sol, pero en ese caso, reivindicó la libertad de expresión, aunque -señaló- no comparta los valores antidemocráticos. «La izquierda también canta La Internacional y nadie dice nada».
Quiles explora caminos paralelos a los de Alvise Pérez en su discurso, oponiéndose a los grandes mantras ideológicos de la izquierda, como las políticas de género o el feminismo. Al abordar este tema, se mostró desinhibido: «Nos venden que todo va mejor y estamos compartiendo piso porque no podemos independizarnos, mientras nos tragamos basura ideológica con el feminismo radical, la del lobby de género; o la LGTBI con su apoyo a Palestina. Dicen: ‘Yo soy pro Palestina’… ¡pero si fueran allí les cortarían la cabeza».
Hubo un reconocido periodista, hoy político, que cuando surgió el movimiento de Podemos se alarmó y confesó a sus amigos su intención de llevarse sus ahorros fuera de España. En esa época, Jaume Roures, durante un desayuno en el Hotel Ritz, afirmó que mientras Ciudadanos era una invención que buscaba otro pendulazo (no pronunció esa palabra, pero así lo sugirió), Podemos tenía una base real: un malestar existente.
Existe un espacio a la derecha del Partido Popular que actualmente presenta diferentes manifestaciones y que capitaliza un creciente descontento juvenil —basado en su incertidumbre— para intentar abrirse paso en la opinión pública. A sus líderes se les considera radicales por estar en esta posición, al igual que, en su día, se decía lo mismo de Pablo Iglesias, Juan Carlos Monedero y otros. Sus propuestas lo eran. Las de hoy también lo son. Al igual que aquellas aglutinaron seguidores, estas han tenido cierto éxito cuando Quiles decidió ingresar en el ámbito universitario y ofrecer su versión doméstica —mucho más superficial en el argumento— de Charlie Kirk. Cuenta con miles de seguidores en redes y cientos en sus actos.
El tiempo dirá cómo culmina esta trayectoria. Hoy, le tocaba jugar en casa —un lugar tranquilo—. Mañana, miércoles, regresa a terreno hostil: Somosaguas. La Facultad de Ciencias Políticas.
PUBLICIDAD



