Fernando Delapuente: una exhaustiva revisión sobre el pintor poco reconocido.
Madrid conmemora el 50 aniversario de la muerte de Fernando Delapuente mediante una exposición que destaca su figura como uno de los artistas más destacados de la Escuela de Madrid.
La Fundación Methos, en colaboración con la Fundación Arana Aízpurua, presenta en el Colegio Oficial de Médicos una exhibición que incluye 70 obras de colecciones privadas y diversas instituciones, muchas de ellas prácticamente desconocidas.
La retrospectiva cubre más de cinco décadas de producción, desde sus primeras pinturas de paisajes y escenas cotidianas hasta sus etapas más abstractas y expresivas.
La propuesta tiene como objetivo reposicionar a Delapuente en el panorama artístico del siglo XX y destacar su contribución a una pintura que interpretaba la realidad desde una óptica poética, estructurada y emocional.
Los comienzos: academicismo, técnica y vocación temprana
Originario de una familia con inclinación artística, Delapuente mostró desde niño una marcada pasión por el dibujo y la pintura. Sus primeras obras, creadas durante los veranos en Reinosa, representan montañas, flores y escenas vistas desde el balcón de la casa de su abuela.
La Fundación Methos enfatiza que su respeto por el academicismo y su precisión como dibujante tienen su origen en esta formación inicial, ampliada más tarde por su doble perfil como ingeniero y artista, que influyó en la estructura compositiva de toda su obra.
Madrid y la influencia del Prado
Durante su formación en la capital, Delapuente visitó frecuentemente el Museo del Prado y el Museo de Arte Moderno. Fue alumno de Manuel Benedito y Eduardo Chicharro, dos figuras cruciales en su desarrollo. En sus etapas iniciales, predominaba una paleta sobria que con el tiempo se transformó hacia una expresión cromática más intensa.
El giro internacional: Siena, Venecia y París
Obras como Il Duomo Siena (1957) y sus paisajes venecianos marcan el comienzo de una transformación estilística influenciada por los mosaicos de Rávena, una exposición de Van Gogh en Milán y sus viajes a París.
El artista deja atrás la perspectiva tradicional y crea espacios planos y vibrantes, como si fueran auténticos mosaicos bizantinos. También destacan obras como Fontana della Rocca, Viterbo (1957) y Aux deux Magots (1958), donde se revela su lirismo y libertad formal.
El “pintor de Madrid”: síntesis urbana y mirada poética
Al regresar a Madrid en 1958, tras exponer en la Galería Neblí, Delapuente inicia una fase centrada en los barrios tradicionales, plazas y monumentos de la ciudad.
A partir de 1967, el mar Cantábrico se convierte en el eje de su trabajo. Marinas, gaviotas y horizontes se transforman en un lenguaje cada vez más abstracto, en el que Delapuente busca la libertad expresiva y la esencia pura. Es en esta etapa donde su pintura se libera completamente de la rigidez académica, abrazando la emoción auténtica.



