«Solo deseas que termine ese tormento»
Hace dos años, Elena Ruiz, con 31 años en ese entonces, trabajaba como médico en el servicio de urgencias del Hospital General de Castellón de la Plana. Se había trasladado a esa ciudad años atrás desde su natal Murcia para especializarse en Medicina Familiar y Comunitaria … . Sin embargo, una vez que completó la residencia y comenzó su primer contrato, la falta de sueño, el cansancio y la desmotivación se convirtieron en algo habitual. Empezó a cuestionar su vocación y decidió tomarse un tiempo para reflexionar sobre si quería continuar.
«Comencé con un contrato de guardias, completamente consciente de lo que implicaba, pero quería formarme en urgencias y en ese momento me interesaba. Poco a poco, empecé a cuestionármelo a medida que notaba que mi calidad de vida, a pesar de haber normalizado que este era mi trabajo, iba en declive», cuenta esta joven a ABC. Además, se encontró con que la forma de ejercer la profesión no se ajustaba a sus expectativas, sino que se trataba más de «hacer todo apresuradamente y no tener tiempo de calidad para el paciente». Al ver que su salud mental empeoraba, decidió hacer una pausa y encontró en la cerámica, su pasatiempo que la ayudaba a manejar el estrés, un nuevo camino.
La situación de Elena Ruiz no es única. Más de la mitad de los médicos jóvenes en España experimentan agotamiento emocional, despersonalización y baja realización personal. Esto lo confirma el ‘Estudio Ikerburn: de la vocación al agotamiento’, presentado recientemente por la Organización Médica Colegial (OMC), que revela la alarmante prevalencia del síndrome de ‘burnout’ entre los profesionales sanitarios. El informe, que incluyó datos de 1.400 médicos jóvenes de todo el país, también indica que el 93,9% de ellos presentan síntomas asociados al desgaste profesional.
Alcohol y ansiolíticos
El ‘burnout’ tiene serias consecuencias: dos de cada tres médicos jóvenes sufren insomnio, el 38% recurren a ansiolíticos o alcohol, y uno de cada cuatro ha necesitado una baja laboral por esta razón. Algunos terminan abandonando la profesión. La OMC advierte que esta problemática comienza durante los años de residencia y, aunque debería ser algo excepcional, se está convirtiendo en la norma para toda una generación que sostendrá el sistema sanitario en los próximos años. La sobrecarga laboral, las guardias de 24 horas y las condiciones contractuales son algunos de los factores que el informe menciona como causas.
Elena Ruiz, durante su etapa como residente
Fue durante su formación como especialista en Cirugía General y del Aparato Digestivo que Ángel Gávila experimentó su primer ataque de ansiedad, precisamente durante una guardia. También padeció una depresión que duró casi tres años. «El problema es que se consideraba normal pasar por esto. Se veía como un signo de resiliencia sacrificar tu propia salud para cuidar a los pacientes», explica este médico, ahora de 37 años.
Al comenzar el MIR en un hospital de Barcelona, Gávila recuerda que se encontró en un entorno para el que no le habían preparado, «lleno de hostilidad, con una responsabilidad que no estaba listo para manejar y con una presión asistencial tremenda debido a la falta de médicos». A pesar de tener su salud mental comprometida, decidió seguir y finalizar la residencia, aunque «contando las guardias que me quedaban como si fuera un prisionero contando los días para salir de la cárcel». Pero estaba completamente fatigado. «Bajo esas circunstancias, te importa muy poco el paciente; solo buscas sobrevivir y que pase otro día para que ese infierno termine».
Guardias
Al finalizar la residencia, le ofrecieron un contrato en el hospital, pero prefirió rechazarlos y optar por formarse como actor, una afición que tuvo que dejar de lado durante el MIR por falta de tiempo. Escribió una obra sobre la situación que enfrentan estos médicos, ‘Pijamas verdes’, en la que también actúa. Mientras su carrera como actor avanza, sigue haciendo guardias en un servicio de urgencias, pero sin que eso defina su vida como lo hizo en el pasado.
«El sistema sanitario está diseñado para otras generaciones»
Domingo A. Sánchez
Representante de médicos jóvenes de la OMC
La pregunta que surge es si esto era algo que no ocurría antes, si es un problema exclusivo de las nuevas generaciones. «Es un reflejo del cambio generacional», señala Domingo A. Sánchez, representante nacional de médicos jóvenes de la OMC y uno de los autores del informe, que califica los resultados de «alarmantes», más de lo que esperaban. «Las últimas generaciones hemos comprendido que la vida es más que solo trabajar», continúa. El sistema sanitario, añade, «está diseñado para otras generaciones» y cuando los más jóvenes llegan, se encuentran con un sistema que no les permite conciliar trabajo y vida personal.
¿Debilidad?
Eso, enfatiza Sánchez, no implica que las nuevas generaciones sean más débiles. «Nos hemos formado en un entorno casi de guerra con el Covid y hemos logrado hacer mucho. Lo que sucede es que ahora establecemos límites», señala.
La sanidad pública, sostiene Martha Lovera, médico de urgencias, se mantiene «gracias a los residentes». «Hay compañeros que ganan mil euros y no pueden permitirse un piso, teniendo que compartirlo con otros cinco», lamenta. Las condiciones laborales son el principal problema, asegura.
La médico de urgencias Martha Lovera
Martha revela que se sintió abrumada tras el Covid, un punto de inflexión para muchos profesionales que ya venían de un sistema saturado. «Me vi exhausta frente a un paciente que se desmoronaba. Y yo, que siempre he sido muy empática, estaba como quien oye llover», confiesa. Consideró dejar la profesión, pero su entorno le aconsejó que no lo hiciera y buscó una clínica privada donde pudiera trabajar con menos exigencias. Así fue como se dio cuenta de que lo que vivía era agotamiento y se «reconciliou» con la profesión que había querido ejercer desde los seis años.
No obstante, al tomar decisiones como esta, los médicos deben afrontar un sentimiento de culpa que los persigue durante mucho tiempo. A Elena Ruiz le sigue acompañando, incluso dos años después. «No te sientes muy apoyada, ya que parece que si eres médico, el trabajo ocupa el primer lugar, incluso por encima de lo que puedas sentir. Además, en las caras de las personas ves sorpresa y te preguntan constantemente cuándo volverás a trabajar», explica. Pero después de haber atravesado ese proceso «complicado» de asimilación, y con su empresa, Moglï Cerámica, empezando a prosperar, hoy en día esta joven no tiene «ningún interés» en regresar a la Medicina. No cierra la puerta a volver en el futuro, «pero solo si encuentro el espacio que me permita hacer la Medicina que deseo, sin prisas y sin esas guardias de 24 horas. Así me respetaría un poco más», concluye.



