¿Qué pasaría si el Barcelona se enfrenta a la NBA y deja al Real Madrid en solitario?
Las semanas transcurren en las trincheras del baloncesto europeo, inundadas de rumores que, mientras esperan noticias concluyentes que los lleven a su próxima realidad, generan un aluvión de expectativas. Cada quien se imagina su propio boceto de cómo puede ser el futuro, lo que influencia, al menos, los estados de ánimo. Estos rumores dejan pistas que indican el rumbo que están tomando los protagonistas. Sin embargo, esos caminos están llenos de bifurcaciones, y hay quienes (en su derecho) saltan de un lado a otro en un complicado juego de rayuela, mientras temas cruciales aún no revelan su verdad: sus fórmulas, sus cifras, cómo se ajustan a las realidades fuera de los cálculos de Excel. Hasta que eso suceda… nadie conoce el desenlace. Pero los vientos están cambiando. Y seguirán cambiando, así que…
Por lo tanto, hay poco que se pueda afirmar con la mano en el fuego. Por supuesto, no se puede expresar nada sin reconocer que hay pocas certezas y sin advertir que todo podría variar drásticamente en las próximas semanas en un enfrentamiento que, en su actual inercia, lleva a una fragmentación del baloncesto europeo que debería alarmar (¿preocupar al menos?) a todos los involucrados, pero que nadie parece saber cómo evitar. La teoría es sencilla, pero su implementación requiere concesiones que parecen, y han parecido durante mucho tiempo, poco probables. La probabilidad de que se continúe conversando depende de los extremos que se mantengan abiertos, lo que afectará las posibilidades reales de acuerdo entre la NBA, que busca establecerse en Europa con el apoyo de la FIBA, y la Euroliga. Ambas posiciones son bien conocidas; tanto Paulius Motiejunas, CEO de la Euroliga, como George Aivazoglou, director general de la NBA para Europa y Oriente Próximo, las han expuesto en AS en este primer tercio de la temporada 2025-26. Hace tiempo que las cartas, al menos las principales líneas, están sobre la mesa.
La pregunta es cómo se distribuirán y quién tendrá la mejor mano al final. En este sentido, la NBA había abierto una brecha fundamental para transformar el ecosistema, habiéndose dado casi por hecho el salto del Real Madrid y Barcelona a su nueva competición, que en los planes más optimistas comenzaría en la temporada 2027-28. El gigante estadounidense piensa en ciudades y mercados, así que coloca sus chinchetas sobre el mapa en Madrid y Barcelona. Nadie ignora que eso implica hablar del Real Madrid y del Fútbol Club Barcelona. ¿Qué otra opción podría haber? Y esos dos equipos son los que realmente podrían provocar un vuelco que no generarían las pérdidas de ASVEL y Bayern, entre otros, o la ya consolidada marcha del Alba Berlín, que ha intercambiado la Euroliga por el contexto FIBA/Champions League.
El Fenerbahçe, al igual que el Real Madrid, el Barça y también el ASVEL, que es díscolo pero mucho menos relevante en este juego de poder (en esencia, la Euroliga no quedaría particularmente afectada por su pérdida), no ha firmado la extensión de diez años, hasta 2036, para los equipos con plaza fija en la Euroliga. Este es un tema clave que va de la mano con la prolongación del acuerdo con IMG, el gigante estadounidense del marketing, con el que se espera profundizar en el quid de la cuestión: cómo monetizar más y mejor una competición que pierde en comparación entre su impacto deportivo y la evolución de sus cifras económicas (que, a pesar de todo, tienden a crecer). A la vista (al menos en discusiones cerradas) de estas grietas y estas no firmas, el proyecto de la NBA Europa se anticipa como el momento indicado para irrumpir en el mapa con la fuerza de la mejor liga del mundo. Las conversaciones entre ambas partes se han sucedido, aunque también ha habido periodos de parálisis, pero persiste el runrún: cuánto mejor sería todo si las mejores ideas de ambas partes pudieran prosperar juntas.
Ahora, el Barcelona se lo piensa
¿Qué ha cambiado justo ahora? Entra en juego esa percepción matizada de que no hay nada definitivo hoy que no lo fuera ayer, ni nada que se haya destruido que no pueda recomponerse mañana. Sin embargo, en esta situación inestable, como mencioné, hay cambios en el viento, y ahora es legítimo, según pudo confirmar AS, considerar que no se puede dar por seguro que el Barcelona saltará de la Euroliga a la NBA Europa, inicialmente de la mano del Real Madrid, en ese teórico frente español que atrae la atención de todo el baloncesto. Subrayo: no es una noticia definitiva ni algo que no pueda cambiar de nuevo, como ha ocurrido antes, pues la situación es perfectamente líquida y está en desarrollo. Pero desde hace días comenzaron los murmullos que indican que el sí del Barça ya no es seguro. Ayer, Sport24 lo anunció en Grecia, un país que es uno de los puntos ciegos para un proyecto de la NBA que, en principio, solo tiene un equipo en un baloncesto que, en su apogeo y gran impacto a nivel continental (uno de los mayores, de hecho), vive de la rivalidad entre Olympiacos y Panathinaikos. Su administración, como ya han hecho públicamente en Lituania o Italia, ha expresado su apoyo al modelo de la Euroliga. En el ámbito político, en Europa también se interesa por saber de dónde provendrá el dinero que construirá la nueva competición y, sobre todo, a dónde irá y en qué formato de reparto el (teóricamente mucho) que generará.
Luego, Donatas Urbonas, fuente siempre fiable a través de Basketnews, apuntó en la misma dirección: el Barcelona se encuentra cerca de regresar al redil y firmar, finalmente, su acuerdo de 10 años, hasta 2036, con la Euroliga. La noticia dio la vuelta rápidamente durante toda la tarde de ayer, ya que tendría un gran significado. Pero, según lo que ha podido saber AS, se puede acelerar el proceso pero no dar saltos: todos siguen dialogando, todos tienen las puertas abiertas, todo podría cambiar. Pero es evidente que lo crucial es que el Barça está visualizando con mejores ojos las nuevas propuestas de la Euroliga, que han ido mejorando económicamente, y carece de suficientes certezas del otro lado en este momento. Por ello, se reevalúa una situación que, parece claro que también está siendo influenciada por las relaciones institucionales. Como lo hicieron anteriormente, cuando Madrid y Barça colaboraban en proyectos como el de la Superliga de fútbol, ese entendimiento parece ser, al menos, mucho más distante tras los dardos de Florentino Pérez en la última asamblea y la respuesta de Joan Laporta. Eso, en clubes de esa magnitud y con el fútbol tan en el foco de sus estrategias, tiene un gran peso.
Así que el Barça sí está ahora mismo cerca de consolidar su permanencia en la Euroliga. Esto es tan cierto como que seguramente las cosas no están tan calientes como apuntan algunas fuentes, que hablan de un cambio ya definitivo del club azulgrana, cuyas prioridades, en todo caso, sí se han desplazado significativamente. Especialmente después de reuniones de alto nivel entre la directiva del Barça y Paulius Motiejunas. Desde Grecia, además, también indican que el Fenerbahçe, otro de los que no ha firmado, está más decidido a hacerlo ahora que la fecha límite se acerca, el 15 de enero.
Sería otra victoria para la Euroliga, aunque la situación del actual campeón ha sido más compleja, ya que incluso la NBA ha considerado otras opciones, la más mencionada, el Galatasaray, para su franquicia en Turquía. Sin embargo, si tanto el Barça como el Fenerbahçe finalmente firman con la Euroliga hasta 2036, y asumiendo que el ASVEL es un equipo menor en tradición e impacto mediático que, además, podría terminar por salir rumbo al ámbito Champions, tendría que observarse la reacción de la NBA. Y qué pasaría con un Real Madrid que, como mínimo, se vería mucho más aislado, aunque sigue siendo el club que parece más receptivo al cambio, deseoso de abrazar lo que venga desde el lado del Atlántico: facilitando un nuevo orden. Eso, que se sepa, sigue siendo una constante. Pero habrá que ver si las decisiones de otros les impactan, porque si el club blanco mantiene su postura más allá del 15 de enero, especialmente si es el único de los principales que lo hace (una posibilidad en este momento), la Euroliga (los demás clubes propietarios) también podría contemplar decisiones sobre la participación del Real Madrid. O, al menos, sobre las condiciones en que (desde su actual condición de propietario) pasaría a producirse dicha participación.
Llevamos mucho tiempo proclamando que se aproxima el momento decisivo. Pero ahora sí es así, no queda más tiempo: se acerca el momento decisivo. Por ese deadline de renovaciones en la Euroliga y porque la NBA Europa, si debe materializarse ya en 2027, necesita empezar a materializarse ahora. Enero tiene que ser un mes clave. Porque se prevé que la nueva competición pasará a la búsqueda pública de inversores y a concretar realmente la llegada de sus equipos y, desde luego, el control de los mismos. Los grandes nudos del asunto. Pero también porque eso significaría que finalmente se conocerían detalles que no se han revelado, ni siquiera de manera interna a los implicados, un factor de incertidumbre que está influyendo en los replanteamientos que está llevando a cabo el Barcelona. Siguiendo esa lógica, un plan de negocio preciso, detallado y con una base muy prometedora podría hacer que muchas cosas volvieran a cambiar. Los vientos podrían volver a girar.
Cuando la NBA llama a la puerta, todos escuchan. Esto es un hecho obvio, que incluso la Euroliga ha reconocido. Su especialidad radica en donde el baloncesto ha flaqueado en el Viejo Continente, en la mercadotecnia y la generación de hype (e ingresos), también. Pero más allá de cuestiones relacionadas con el formato de competición y una selección de equipos que, en lo fundamental, cambia el orden y deja atrás (algo incomprensible para muchos) bastiones históricos (Belgrado, Kaunas…) y se enfoca (no sin cierta lógica) en grandes mercados aún no explotados (Londres, Roma, una París que la Euroliga apenas ha comenzado a explorar hace menos de dos años…), falta más claridad sobre cómo se alcanzarán esos objetivos económicos que invitan a soñar, pero de los cuales no se conoce la base. No todavía. Se ha mencionado que cada nuevo equipo necesitaría realizar una inversión de entre 500 y 1.000 millones. Pero no está claro cómo se materializaría algo así, dado que, evidentemente, más allá de la llegada de ciertos fondos de inversión y capitales que a cualquiera le vienen rápidamente a la mente, los clubes europeos no pueden, en principio, plantearse un regreso a la casilla cero con esa cantidad de dinero sobre la mesa.
En la NBA, que ahora ha firmado un histórico contrato de 76.000 millones por once años, los grandes acuerdos televisivos son el pilar fundamental, el motor de un crecimiento económico que ha sido permanente y extraordinario durante años. En Europa sería muy complicado no solo alcanzar esos números, simplemente multiplicar significativamente los actuales, ya que la nueva competición llevaría la NBA en su nombre pero no en su entidad en lo que respecta, al menos, al gran aficionado: no estarían los Lakers, Knicks y compañía, ni en el corto ni en el medio plazo, y no en mayor medida que si algún equipo de la rama europea interactuara con la gran Liga, por ejemplo, en la NBA Cup. Se discuten ideas como esta, que no alterarían la separación fundamental entre ambos mundos competitivos. De nuevo, a priori.
La NBA, por ejemplo, también requeriría ciertas condiciones en los pabellones para adecuarlos a sus estándares, y hace unas semanas, Basketnews sugirió que este aspecto, en el detalle, podría ser un factor que retarde todo el arribo del proyecto. Esto también podría ser significativo para un equipo como el Barcelona, cuyo proyecto de nuevo pabellón ha sufrido retrasos constantes en los últimos años. También es motivo de decepción para una Euroliga que, en cualquier caso, como reconoció Motiejunas en su charla con AS, continúa apostando por la paciencia con lo que sigue siendo uno de sus socios más importantes: “Cada año sentimos que estamos más cerca. Hemos hablado y hemos examinado los planes en curso. Barcelona necesita un buen pabellón. Sabemos que primero están reconstruyendo el estadio de fútbol, pero eso debe seguir. Entendemos que el fútbol es prioritario, pero el baloncesto tiene que venir a continuación. Deseamos que así sea y sabemos que el club tiene una estrategia”. Para el Barça, sería otro problema si el nuevo proyecto confirma su estreno en 2027 y este le pilla, como ahora casi con toda seguridad, en el viejo Palau, con sus deficiencias y anacronismos, y, posiblemente, un pecado capital, su reducido aforo.
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No se trata de que la NBA, evidentemente, no tenga o pueda desarrollar ideas que permitan seguir estos caminos y responder a todas estas incertidumbres. La cuestión es que esas ideas están por presentar. Y, en esto, las próximas seis u ocho semanas también deberán ser decisivas. El hecho de que los involucrados aún no cuenten con ese plan financiero detallado se convierte en un arma de doble filo: puede que no haya nada definitivo, porque si llega un plan brillante, podría haber un radical cambio de rumbo hacia un nuevo mundo; pero también genera dudas y provoca que los movimientos que continúa haciendo, en su nivel, la Euroliga, estén alterando el ritmo en situaciones como la del Barcelona. Y esto, aunque (por enésima vez) no implica nada para el futuro a largo plazo, sí tiene un efecto en el día a día que acabará delineando el cuadro final. Puede que mucho. Aunque, como algunos de nosotros seguimos esperando, aunque cada vez la esperanza se debilita, para que todas las partes continúen dialogando y, aunque ahora sea difícil vislumbrar un punto de apoyo, lleguen a entenderse. El tiempo es un recurso que existe, pero cada vez queda menos.
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