Esperanza Aguirre, la arquitecta de un sistema de salud que comercia con la salud en Madrid.
Cuando Esperanza Aguirre llegó a la campaña electoral de la Comunidad de Madrid en 2003, lo hacía con la experiencia de haber sido ministra de Cultura bajo José María Aznar y varias controversias a su paso. Para recuperar Madrid, la joya de la corona del Partido Popular—que había enviado al presidente Alberto Ruiz-Gallardón a postularse para la alcaldía y había nombrado a Aguirre, aún más neoliberal, como su reemplazo en la comunidad—, Esperanza Aguirre centró su campaña en la sanidad. Prometió reducir las listas de espera y abrir más centros. “Haré todo lo posible para mejorar la sanidad madrileña, de tal forma que ningún ciudadano tenga que esperar más de un mes para una intervención quirúrgica”, decía en aquellos días de competencia por la presidencia con el socialista Rafael Simancas. Hoy en día, Madrid tiene la lista de espera para la primera visita al especialista más alta de España, y más de un millón de personas esperan una prueba diagnóstica.
El paquete de promesas de la campaña de 2003 incluía la edificación de 50 nuevos centros de salud y siete hospitales en la región. En ese momento, todo el sistema de atención a pacientes en Madrid era público, abarcando desde la construcción de edificios hasta las prestaciones sanitarias y servicios como lavandería o cafetería. Se asumió que Aguirre se refería a la expansión de ese modelo.



