El Gobierno considera el regreso de Puigdemont como la única opción para garantizar la estabilidad de la legislatura.


En el complicado viaje que ha iniciado el PSOE para entender a Carles Puigdemont, el Gobierno ahora piensa que su posible regreso a principios de 2026 podría resolver los altibajos que atraviesa la legislatura. Pedro Sánchez se enfrenta a una situación delicada, ya que la ruptura de relaciones con Junts le ha dejado sin mayoría en el Congreso.

Estos dos años tampoco han sido muy estables, pero la situación se ha vuelto mucho más grave porque los posconvergentes, de quienes dependen todas las votaciones, incluso se niegan a negociar su apoyo. Solo votarán lo que tenga impacto en Cataluña. Para otros asuntos, no están dispuestos a colaborar.

A pesar de que Sánchez ha hecho intentos para superar la crisis, no ha recibido una respuesta favorable. El Gobierno estima que no obtendrá dicha respuesta hasta que Puigdemont tenga la posibilidad de regresar en los próximos meses, sin riesgo de ser detenido. Esto se considerará viable si el Tribunal Constitucional determina que también debe ser amnistiado del delito de malversación y si el Supremo acepta levantar la orden de arresto al pisar suelo español.

Cuando Puigdemont pueda residir de nuevo en España, Junts estará en condiciones de definir su papel político tanto en esta legislatura como en las siguientes, según opinan en el Ejecutivo. «No van a dar ninguna señal hasta que él regrese, evalúe la situación y tomen decisiones».


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La perspectiva del Gobierno es que los posconvergentes aún no han logrado afianzarse en este nuevo ciclo, tras la derrota del procés y la amnistía, y en un momento en que se enfrentan a la competencia del independentismo de ultraderecha de Aliança Catalana. Creen que se engañan al atribuir su descenso electoral en Cataluña a la permanencia de Puigdemont en Bruselas y a que no ha sido reconocido como un actor político relevante. Para la Moncloa, esta es una visión simplista que oculta verdaderos problemas de identidad, evidentes en su constante imprevisibilidad o en su tendencia a culpar a su apoyo a Pedro Sánchez por el mal desempeño en las encuestas.

«Han perdido mucha fuerza», reconocen en el Gobierno debido a su falta de adaptación y al hiperliderazgo de Puigdemont, que se muestra «desesperado» por regresar. No logran recuperar la esencia pactista de la antigua Convergència, a pesar de su diálogo con la patronal catalana Foment del Treball, que apoya consolidar el mandato de Salvador Illa en Cataluña y de Sánchez a nivel nacional.

En este contexto, el propio Gobierno se prescribe «paciencia». El año finalizará con la promesa incumplida de presentar unos presupuestos, que se postergan para el primer trimestre de 2026, aunque sin una fecha concreta.

La importancia que la Moncloa atribuye al regreso de Puigdemont sugiere que ambos temas se coordinarán. A pesar de que desde el Ejecutivo se insiste en que están dispuestos a asumir el riesgo de que Junts rechace unas nuevas cuentas, lo ideal para ellos es que esto no suceda. Y que todo se organice para que los presupuestos coincidan con el regreso del expresidente catalán y la esperada imagen de normalización con Sánchez.

En el complicado viaje que ha iniciado el PSOE para entender a Carles Puigdemont, el Gobierno ahora piensa que su posible regreso a principios de 2026 podría resolver los altibajos que atraviesa la legislatura. Pedro Sánchez se enfrenta a una situación delicada, ya que la ruptura de relaciones con Junts le ha dejado sin mayoría en el Congreso.

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