La perspectiva de Rubén Uría acerca del Atleti.
Si el fútbol es un estado emocional, el seguidor del Atleti está atrapado en un ciclo de altibajos. En el Metropolitano, hay espacio para la esperanza. Fuera de casa, el pesimismo acecha.
Se dice que el estado de ánimo de las personas se determina principalmente por su genética y personalidad; en segundo lugar, por su entorno; y en tercer lugar, por sus preocupaciones y anhelos. Los equipos de fútbol también viven en un estado emocional.
El del Atleti está influenciado por su carácter (la competencia con dos rivales más fuertes); por su contexto (valiente en casa, cauteloso fuera); y por las preocupaciones del grupo (¿están a la altura de las expectativas del club o de sus seguidores?). Todos conocemos a personas que pueden convertir adversidades en retos a enfrentar, solo gracias a su fuerte personalidad. Esa cualidad de perseverar y superar dificultades suele ser una garantía de éxito.
En el fútbol puedes adquirir calidad, cantidad, goles, y con suficiente dinero, hasta ilusiones. Sin embargo, lo que no se puede comprar, ni en el fútbol ni en la vida, es la personalidad. Esa que necesitas, sin importar tu calidad, para mostrar de qué estás hecho. Esa que debes mostrar en momentos difíciles, para mirarte al espejo. La que necesitas para fomentar la autocrítica en el grupo. La personalidad que requiere afrontar los errores con humildad y naturalidad.
El escenario del Atleti no es nada nuevo. Un equipo, dos realidades. En el Metropolitano: diez victorias y un empate. Fuera, dos victorias, tres empates y cinco derrotas. Como local, un aspirante a todo. Como visitante, un “quiero y no puedo”. Es cierto que todavía hay muchos puntos por jugar y que el Atleti puede reengancharse, y también que hay quienes disfrutan viendo el caos en Twitter, así como otros que ya perdieron la fe en el Cholo hace tiempo.
Es plausible que el Atleti recupere a los lesionados, que el equipo se reactive y que las victorias regresen, haciendo que los críticos se reabran en sus cuevas, pero eso es lo de menos. Lo que realmente importa es el rendimiento futbolístico. Una vez superado el debate de que el Atleti necesita más calidad, ahora hay que enfocarse en extraer un mayor rendimiento del equipo actual.
El gran desafío del Atleti
El gran desafío es futbolístico. Cuando ganó, el Atleti lo hizo gracias a dos pilares fundamentales: primero, el criterio de un Koke renovado, que apoyó a Barrios y Baena en el manejo del equipo; y segundo, el dinamismo de una banda derecha explosiva, con Llorente y Giuliano, dos auténticas fuerzas de la naturaleza. Cuando esa chispa se perdió, el Atleti se volvió predecible. Sin control en el medio campo y sin su mejor arma, la banda derecha, se ha convertido en un equipo que resulta anticipable y, para sus seguidores, frustrante.
¿Qué falta? Falta regularidad como visitante. Pero sobre todo, falta personalidad. Eso es lo que debe exigirse a Simeone y su equipo: personalidad. Que este equipo actúe de la misma manera en cualquier escenario, porque esa es la diferencia entre los buenos equipos y los equipos campeones. Y el primer paso para ser campeones es, sin duda, comportarse como tales.
En los inicios del ‘cholismo’, los atléticos popularizaron camisetas con un contundente lema: “Ser campeón no es una meta, es una actitud”. Si este Atleti quiere ser campeón, debe comenzar a actuar como tal.



