Mónica García, la ministra de Sanidad más criticada.
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No tengo la autoridad para juzgarla como médico, pero los datos objetivamente reflejan que es la peor ministra de Sanidad de la democracia. Ha mostrado ser una activista radical obsesionada con Ayuso. Esta actitud es resultado de esa soberbia inherente a su persona, común entre los pijoprogres. Le cuesta aceptar que Ayuso la vencerá en las urnas y que, además, es una presidenta excepcionalmente valorada por la mayoría de los madrileños. Los resultados electorales y las encuestas hablan por sí mismos. Esa obsesión es parte del sanchismo y sus aliados, aunque también representa un punto a favor de la destinataria de esos ataques constantes. Los excesos siempre resultan perjudiciales, y en el ámbito político, acaban pagándose en las urnas. Imagino que su carrera como sindicalista y su mediocridad profesional son factores que explican su agresividad hacia el sistema sanitario madrileño, que es uno de los mejores de Europa.
En una ocasión, un familiar, uno de los médicos más renombrados en su especialidad, catedrático y jefe de servicio en uno de los hospitales más destacados de nuestro país, me comentó que un buen médico no debería involucrarse en política por periodos prolongados. Comprendí su postura cuando me explicó su razonamiento, ya que se pierde habilidad y conocimientos. Puede ser aceptable por un tiempo y, dependiendo de la especialidad, claro. Entre sus compañeros de promoción estaba Antonio Gutiérrez Díaz. El Guti fue un excelente médico pediatra que sacrificó su carrera por la política. Era una gran persona. A pesar de ser comunista, no era un radical sectario como García, quien ha llevado a cabo una campaña ruin contra la sanidad de Madrid, como bien apuntó Ayuso, para desviar la atención de las huelgas convocadas por los médicos en su contra. Además, no se ha dado cuenta de que no tiene una mayoría parlamentaria que le permita aprobar una ley para eliminar la colaboración público-privada en la sanidad pública. Los comunistas de ascendencia acomodada, como ella, son un fenómeno bastante común. Resultan muy pesados, y llevo décadas lidiando con ellos, especialmente porque en Barcelona solían proliferar como hongos. Por supuesto, también los encontramos en el PSOE. Al final, manipula lo ocurrido con el audio incompleto del Hospital de Torrejón en busca de algún beneficio electoral que no logrará.
Francisco Marhuenda.De la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España. Catedrático de Derecho Público e Historia de las Instituciones (UNIE)


