¿Puede Rosales convertirse en el nuevo Ponzano? La transformación de la restauración en un paseo histórico | Gastronomía: recetas, locales y bebidas
Quien haya recorrido el parque del Oeste en Madrid, disfrutando de su rosaleda o la vista hacia el jardín del Templo de Debod, no podrá evitar sentir cierta envidia por los habitantes de las viviendas que dan al parque, quienes gozan de vistas únicas hacia la Casa de Campo. Se trata de los residentes del Paseo del Pintor Rosales, un sereno mirador de apenas 1,2 kilómetros de extensión, que conserva su herencia burguesa y aún respira ese ambiente de barrio, rodeado de arboledas, fuentes y espacios infantiles.
Aunque su tamaño es reducido, esto no ha frenado el surgimiento de una interesante ruta gastronómica, que va más allá del tradicional aperitivo que ha ofrecido durante décadas. En pocos meses, los paseos matutinos con el perro o la compra del pan de los vecinos se combinan con la apertura de nuevos locales que se suman a las propuestas del paseo y sus alrededores, recordando los inicios del fenómeno Ponzaning. Uno de esos nuevos lugares es el quiosco construido en 1907, en la esquina del paseo con la bajada de Francisco y Jacinto Alcántara.
Con vistas a la entrada del teleférico de Madrid (que reabrirá en 2027), esta antigua terraza, que fue conocida como El Parque, adquirió más tarde el nombre de su propietario Agustín Magadán, excombatiente de la Guerra de Cuba. Desde primavera de este año, en manos del grupo Lamucca, han decidido conservar el nombre —Magadán— y mantener ese aire sosegado de antaño, tiempos en que el famoso tranvía cangrejo ofrecía granizados de limón, horchata y vermut, amenizados por una pequeña banda de música.

Ya sea al sol o en su terraza cubierta, el objetivo ha sido revitalizar el quiosco centenario y su carácter acogedor frente al bullicio de la ciudad, respetando su esencia, “pero transformándolo en un formato más estacional y moderno”, puntualiza Inés Lujan, Directora de Comunicación y Marketing del grupo Lamucca. En el menú, una selección de clásicos como ensaladilla rusa, bravas, torreznos o gildas, pero también con opciones para el turismo, en su brunch sin horarios, donde se encuentran boles de açaí y pancakes. “Apostar por el eje Palacio Real–Rosales, recientemente renovado, fue un paso natural en nuestra evolución, respaldando la iniciativa que ya empezamos con Lamucca de Plaza de España”, añade.
La icónica paella de los domingos en Casa de Valencia (Paseo del Pintor Rosales, 58), activo desde 1975; el risotto del norte de Stefano Franzin en la nueva ubicación de Più di Prima (en el número 30) o los boquerones y las croquetas de rabo de toro que forman parte de la primera copa de la tarde en Rosales 20, el famoso local que afirma haber contado entre su clientela a los reyes, o a Pedro Sánchez —la sede del PSOE está a pocos minutos— son ya ritos establecidos de la zona, que conviven con las novedades como la llegada del grupo Trafalgar en doble dosis.

Los fundadores del bar que transformó el tardeo de Chamberí llegan a Rosales tras ganar las concesiones municipales de dos terrazas. Por un lado, Moret, un quiosco renovado de estilo neoherreriano —recordado por la leche merengada que servían bajo el cartel Quiosco La Perla—, opera ahora como restaurante y coctelería bajo una pérgola que extiende su ambiente festivo de día a noche. Esta terraza, rodeada de magnolios, abetos y la vigilancia atenta de la fuente conocida como “as de copas”, en homenaje al arquitecto Juan de Villanueva, eleva el picoteo patrio con tapas como el brioche de txangurro, zamburiñas acevichadas o el bikini de lacón ahumado, junto a una oferta de coctelería de autor —atención al Negroni del Oeste o al Rosales Spritz— y una sección dedicada a espumosos. “Si no puedes comprar un piso en Rosales, siempre podrás disfrutar de un cóctel en Moret”, afirman en su web.

Por otro lado, el Palacete Rosales, ubicado en el antiguo quiosco de la música diseñado en 1923 por Luis Bellido —también creador del Matadero—, te invita a sentarte sin prisa, ya sea al aire libre o en la zona cubierta, y disfrutar de platos como el steak tartar, los huevos rotos con gambón al ajillo o el escalope con huevo y trufa. En su oferta líquida brilla la sangría de cava y su limonada tradicional. “Las noches de verano en el Palacete Rosales son mágicas; cenar y disfrutar de un cóctel mientras se contemplan los árboles del Parque del Oeste iluminados es un verdadero lujo. Aquí se puede sentir fuera de la ciudad sin salir de ella, es algo muy especial”, comenta Juan Tena, cofundador del bar Trafalgar.

En cuanto a café de especialidad, no puedes dejar de visitar La Florida Café Bistro (Paseo del Pintor Rosales, 70) o caminar un par de calles hasta The Fix (Calle de Luisa Fernanda, 15). La zona también cuenta con productos de calidad, como una sucursal del icónico establecimiento de embutidos Marcelino, Vinos y Porcinos en el número 48 del paseo, o uno de los clásicos del barrio desde 1939, Cuenllas (Ferraz, 5), donde puedes comer allí y explorar su bodega o llevarte a casa algunas de sus especialidades, como salazones, caviar, productos de pato y oca o tartas caseras. Una oferta bien establecida que sus nuevos vecinos se comprometen a respetar por un objetivo común. “Los barrios merecen ser cuidados. Casos como Ponzano no nos convencen del todo, porque se ha abusado del ocio y eso no es positivo. Queremos ser parte del barrio y no extinguir su esencia, sino integrarnos y ser una buena opción (ante todo) para la gente de la zona”, concluye Tena.



