Infame, situado en La Latina, da inicio a su nueva temporada de caza.
Infame surgió en octubre de 2021 como una taberna con un aire rebelde, situada en la Cava Alta, donde la música en vivo y los platos para compartir eran protagonistas. Sin embargo, a lo largo de estos años, ha ido evolucionando de forma natural. Hoy, el proyecto personal del chef vasco Alex Santamaría y su pareja Eider Megino se ha convertido en un restaurante de alta cocina, donde la cocina de Alex, más madura, robusta y refinada, brilla con luz propia. Detrás de un nombre provocador se encuentra ahora un proyecto más serio, con la intención de permanecer y ofrecer en La Latina una propuesta que mezcla cercanía y buena gastronomía. Infame ha traído consigo una cocina de profundas raíces vascas, con base tradicional, utilizando el producto y la estacionalidad como principios fundamentales, mientras el chef imprime su personalidad y experiencia en cada elaboración.
Santamaría se formó en la escuela de hostelería de su Bilbao natal, pero se forjó como cocinero en Goizeko-Kabi, donde trabajó seis años y llegó a ser jefe de cocina. «Luis Martín y Jesús Santos fueron mi escuela», enfatiza. Se trasladó a la capital en 2004, asumiendo el mando de Lur Maitea, un establecimiento madrileño situado en Fernando el Santo que operó hasta 2013. Posteriormente, inició un nuevo capítulo como cocinero y socio en Majadahonda: Panorama, un proyecto que terminó para embarcarse en 2018, literalmente, como chef ejecutivo en los cruceros Celebrity Royal Caribbean, hasta que la pandemia interrumpió su camino. Este parón forzado le permitió reflexionar sobre su futuro, lo que dio vida a Infame.
Temporada de caza
Estos platos de temporada se suman a los que ya se han convertido en clásicos del restaurante madrileño, como la tortilla de kokotxas de bacalao, la careta de cochinillo, los txipironcitos con dos tipos de cebolla (frita y pochada), el bacalao al pil pil y las manitas de cerdo con salsa vizcaína. También destacan los callos Maxi, una receta mantenida en honor a la taberna que ocupaba el local, la cual se convirtió en una parada obligatoria en La Latina para el aperitivo, y que se elabora siguiendo la receta original.
En la carta de Infame, los comensales encontrarán además caviar, ostras Guillardeau No3, zamburiñas, gamba roja y mejillones de roca, así como entrantes como anchoas de Getaria con pan tumaca, ensaladilla rusa con bogavante, aceite de coral y mayonesa cítrica, o ensalada de cogollos con pimientos rojos asados y bonito del norte. No faltan opciones de platos principales como la merluza de pintxo, que se prepara de dos formas: a la brasa con espinacas salteadas y jugo de gamba roja, o rebozada con pimientos asados. En el apartado de carnes, se pueden elegir albóndigas de rabo de vacuno al vino de Toro con dados de patata, steak tartar de solomillo, txuletón de res de hierba madurado a la parrilla, o solomillo premium de vacuno mayor a la brasa. Y para el desenlace, los postres incluyen el nuevo sándwich de chocolate con helado de AOVE, hojaldre de pera y una pavlova de coco y mango con membrillo de piña.
Además, Alex Santamaría ha lanzado un nuevo menú degustación, diseñado especialmente para que los comensales, en su primera visita, puedan explorar a fondo el ADN de su propuesta.
Bodega
Para complementar su cocina, Alex ha hecho una cuidada selección de vinos que abarca la geografía española, y que ocasionalmente incluye referencias de Francia y Alemania. La bodega de Infame cuenta con alrededor de 60 etiquetas que rotan constantemente, buscando siempre ofrecer una variedad suficiente para complacer diferentes gustos. A la oferta de vinos se suma una pequeña carta de cócteles clásicos creada por Eider Megino, bartender de formación que maneja la sala y la gestión del restaurante.
Con capacidad para 40 comensales, Infame da la bienvenida con una barra animada y algunas mesas altas que no requieren reserva, donde se pueden degustar platos diseñados para compartir.
En su interior, hay dos comedores: uno a pie de calle lleno de luz natural y otro al fondo del local que alberga un tesoro personal del chef: su colección de grabados de recetas de Juan Mari Arzak, firmadas por el artista Andrés Nogal. Ambos salones presentan mesas de madera y metal adornadas con caminos de mesa que aportan un toque cálido y acogedor, en línea con la visión del proyecto. La decoración, sencilla, cálida y elegante, es obra de Amelia Arán.
Consejo personal: no se pierdan su tortilla de kokotxas de bacalao. Es insuperable.



