Fallece a los 96 años el destacado actor hispanoargentino Héctor Alterio, una leyenda del cine y el teatro | Cultura


El actor Héctor Alterio ha fallecido este sábado en Madrid a los 96 años, según ha comunicado su familia a través de un anuncio distribuido por Pentación Espectáculos, la productora de su última obra teatral, Una pequeña historia. Nacido en Argentina y con ciudadanía española, Alterio mantuvo una intensa actividad hasta el final de su carrera, dejando un legado notable en teatro, cine y televisión. Reconocido como uno de los más grandes de su generación, recibió el Goya de Honor en 2004 y es también padre de los actores Malena y Ernesto Alterio.

Su talento es evidente, ya que, a pesar de haber vivido en España desde 1975 debido a amenazas de la Triple A, una banda paramilitar de extrema derecha, participó en cuatro de las ocho películas argentinas nominadas al Oscar, incluyendo la primera que ganó: La historia oficial. También tuvo participaciones en clásicos del cine como Cría cuervos, El hijo de la novia, Las huellas borradas (junto al destacado Federico Luppi), Pascual Duarte, Asignatura pendiente, El detective y la muerte, La escopeta nacional…

Su familia se despidió de él con las palabras: “Con profundo dolor queremos comunicaros que hoy, 13 de diciembre por la mañana, nos ha dejado Héctor Alterio. Se fue en paz después de una vida larga y plena, dedicada a su familia y al arte, y estuvo activo profesionalmente hasta el último día. Descanse en paz.”

Hijo de inmigrantes de Molise, en Italia meridional, Héctor Alterio nació en Buenos Aires y comenzó su carrera teatral a los 18 años, concluyéndola con una gira de Una pequeña historia, un texto con tintes autobiográficos. “Esto me brinda una forma de expresión. No tengo otra. Y disfruto mucho entretener a los demás. Durante toda mi vida he buscado fundamentalmente dos objetivos: entretener y que me crean, que crean en lo que hago sobre el escenario. Esto es fundamental. Para mí, actuar ha sido una búsqueda constante de la verdad”, compartió en una entrevista en El País Semanal el pasado mes de mayo, con motivo de los 50 años de su exilio en España.

En relación a su infancia, marcada por la muerte de su padre cuando él tenía 12 años y su entrada precoz al mundo laboral, expresó: “De niño siempre buscaba hacer reír a mis amigos. Imitaba, cantaba… lo que fuese necesario. Me decían el flaco y me pedían que hiciera algo. ‘Eh, flaco, haz de mendigo’. Entonces me cubría un ojo, cojeaba, me tiraba al suelo a pedir limosna y extendía la mano esperando monedas. Y caían. Me di cuenta de que tenía un talento que los demás no tenían. Esa habilidad y las risas de mis amigos eran un regalo que me encantaba. Luego pasaba semanas anhelando esos recuerdos.»

Desde joven, gozó de gran éxito en Argentina. Al finalizar sus estudios, fundó la compañía Nuevo Teatro en 1950, que estuvo activa hasta 1968. Hizo su debut en el cine hacia el final de esta etapa, en 1967, con Cómo seducir a una mujer. A medida que avanzaba la década, se alineó con destacados directores argentinos, como Leopoldo Torre Nilsson (Estirpe de raza, La maffia y Los siete locos), Juan José Jusid (La fidelidad) y Héctor Olivera (La Patagonia rebelde y La venganza del Beto Sánchez). En 1969, se casó con la psicoterapeuta Ángela Bacaicoa, con quien tuvo dos hijos: Ernesto (1970) y Malena (1974).

Alterio se vio obligado a abandonar su país en 1975; durante un viaje a España para presentar La tregua en el festival de San Sebastián, la Triple A, una banda terrorista de ultraderecha responsable de más de 1.000 asesinatos, le envió un mensaje amenazante: “Si en 48 horas no deja Buenos Aires, será ejecutado en el lugar en que se encuentre.” La decisión fue quedar en España, donde poco después se reunieron su esposa e hijos. “Fue difícil aceptar que no podía regresar a Argentina. Buenos Aires se transformó en mi paraíso. No hay otros paraísos que los paraísos perdidos, como decía Borges.”

Desde su exilio, alterio se involucró en diversas producciones españolas, como Cría cuervos (1976); Pascual Duarte (1975); A un dios desconocido (1977), trabajo que le otorgó el premio al mejor actor en el festival de San Sebastián; La guerra de papá (1977); Las truchas (1978); ¿Qué hace una chica como tú en un sitio como este? (1978); La escopeta nacional (1978); El crimen de Cuenca (1979); El nido (1980), de Jaime de Armiñán, que fue nominada al Oscar…

Ya era considerado uno más en el cine español, aunque no dejó de acudir a Argentina para filmar. Por esto su nombre figura en cuatro de las cinco primeras películas argentinas postuladas al Oscar (hasta ahora han sido ocho), premio que su país de origen ganó por primera vez con La historia oficial (1985), de Luis Puenzo, donde interpretó a un empresario que prosperó durante la dictadura.

Alterio combinó su labor en el cine con el teatro y la televisión. Su presencia, su habilidad para trasmitir tanto bondad infinita como la maldad más profunda, junto con sus ojos azules, además de un talento inagotable propio de los actores argentinos, le aseguraron una gran cantidad de trabajos a lo largo de los años. En el cine, participó en Don Juan en los infiernos (1991) y El detective y la muerte (1994), ambas de Gonzalo Suárez; Asesinato en el comité central; Mi general; Tango feroz; El rey del río; Caballos salvajes; Cenizas del paraíso; y en 1999 llegó Las huellas borradas, junto a Federico Luppi. Durante los noventa y los inicios de la década del 2000, llegó a rodar hasta cuatro películas por año: Sé quién eres, Plata quemada, Sagitario, el exitoso El hijo de la novia (donde volvió a interpretar, como en La historia oficial, al esposo de Norma Aleandro, quien protagonizaba ambos filmes), Kamchatka, Noviembre, Intruders…

En teatro, la lista de su labor es impresionante: desde Cómo suicidarse en primavera, de Casona, con la que debutó en 1948, hasta Una pequeña historia, su obra de despedida. Entre ellas, destacan Cándido, La boda, Medea, El mercader de Venecia, En el estanque dorado, Las criadas, El padre, Divinas palabras, Dos menos, El túnel, Yo, Claudio, Casa de muñecas…

En televisión, participó en Anillos de oro, Teresa de Jesús, Segunda enseñanza, El Quijote, Cuéntame cómo pasó… En la serie hispano-argentina Vientos de agua, que relata la experiencia migratoria de un exiliado tras la Revolución de Asturias en 1934 y el retorno de su hijo en 2001, ambos actores interpretaron el mismo personaje: Héctor retratando su faceta anciana y Ernesto en su versión joven, de modo que nunca coincidieron en la serie. Este año, hizo su última aparición televisiva en Su majestad, de Borja Cobeaga y Diego San José, con su hijo Ernesto en un papel secundario.

En mayo, comentó a este diario: “La vida pasa muy rápido. Demasiado rápido. Se va como un suspiro. No esperaba llegar a la edad que tengo. Y sé que me queda poco tiempo para seguir trabajando y viviendo, así que prefiero no preocuparme demasiado ni por el pasado ni por el futuro. Vivo el día a día tranquilo.”

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