El restaurante vasco en Madrid que vio el origen del “Cara al sol”


En la calle Miguel Moya de Madrid, cerca de la Gran Vía y la plaza de Callao, se ubicaba el restaurante de comida vasca Or-Kompon. Un nombre que, más allá de su grafía variable (que incluso podía aparecer como Hor Konpon), podría traducirse aproximadamente como “Allá tú” o “allá se las arregle”. Dejando de lado el nombre, el lugar adquiere protagonismo por ser el espacio donde, se dice, nació el famoso himno falangista “Cara al sol”. Una canción en la que, además, participaron numerosos vascos. Curiosamente, entre los siete autores de la letra se encontraban el irunés Pedro Mourlane Michelena, el bilbaíno Jacinto Miquelarena y el periodista Rafael Sánchez Mazas, quien creció en la capital vizcaína.

El compositor fue un guipuzcoano, Juan Tellería Arrizabalaga, quien no solo creó la melodía del ‘Cara al sol’ en su Cegama natal -o Zegama, como se presenta hoy en la entrada del municipio-, sino que también fue el creador de otros himnos para la División Azul. Por lo tanto, no es sorprendente que tanto la redacción final de la canción falangista por antonomasia como su “estreno oficial” ocurrieron en un lugar muy relacionado con la colonia vasca en Madrid: este renombrado restaurante Or Kompon.

Por aquello de abarcar todas las perspectivas políticas, es pertinente recordar que Madrid también fue el origen, o estuvo en el origen, de otra de las canciones con carga política de nuestro país: “El árbol de Guernica”. Una de las canciones emblemáticas del nacionalismo vasco fue compuesta en la capital, también cerca de la Gran Vía -¡cómo no!-, ya que aquí residía su autor, José María Iparraguirre, allá por el año 1853. Este personaje del bardo Iparraguirre, venerado por amplios sectores del nacionalismo vasco, fue muchas cosas en su vida, reinventándose en innumerables ocasiones hasta el final de sus días.

Agustín de Foxá, escritor que no era sospechoso para el régimen, recogería el momento del nacimiento del “Cara al sol” en su libro “Madrid de corte a checa” y posteriormente, en 1940, escribiría un relato ampliado para Ediciones Españolas, con ilustraciones de Carlos Sáenz de Tejada, en el que narraba la gestación del himno aquella noche del 3 de diciembre de 1935. En su relato nos describía el restaurante: «Era una especie de cueva con acuarelas de Guipúzcoa en los zócalos, carros de bueyes rojos con lana sobre la testuz, caseros de boina, frontones, maizales y curas con paraguas bajo los cielos plomizos de Loyola». Tal vez la presencia de los vascos Mourlane Michelena, Miquelarena o Sánchez Mazas, que había crecido en Bilbao, así como el maestro Tellería, influyó en la elección del local. Aquella noche solo se escribiría la letra del himno, ya que la música había sido compuesta un año antes, como mencionamos, por Tellería, y llevaba por título “Amanecer en Cegama”, -o Zegama, ya saben-, localidad natal del músico, a la que se añadirían después las estrofas que nacerían aquella noche en el Or-Kompon.

Paulino Uzcudun, Indalecio Prieto o los escritores vascos cercanos a José Antonio Primo de Rivera eran habituales en esta “cueva” de Or Kompon. Como explicaba su maître en 1935 en una entrevista, la especialidad de la casa era el txangurro («ésta es la única casa de Madrid que sirve changurro», decía), pero entre sus clientes también triunfaban los “txipirones”, la merluza en salsa verde, la sopa de pescado y las tostadas de crema. Allí se cantó aquel diciembre de 1935, por primera vez, entre humo de pitillos, «chacolí, sidra y bacalao» el himno de la Falange.

Estuvo abierto al menos hasta 1955, y durante la inmediata posguerra, fue uno de los pocos lugares de Madrid donde se pudieron seguir degustando las míticas angulas de Aguinaga. Un entorno que marcó toda una época y brindó, de alguna manera, un fondo musical a aquella España.

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