Las estrategias de Moncloa para evitar los pitos a Sánchez: llegadas nocturnas y medidas de seguridad.
Es un hecho indiscutible que Pedro Sánchez enfrenta serias dificultades para interactuar con la ciudadanía. Cada vez que el presidente se acerca a la gente, es recibido con abucheos y críticas, lo que contrasta notablemente con la «paz social» que, según él, reina en España desde su llegada al poder.
Por esta razón, en Moncloa han ideado diversas estrategias para que, al tener que frecuentar la calle, su imagen no se vea comprometida. Esto se evidenció claramente durante las visitas del presidente a las zonas afectadas por incendios.
Además de evitar el uso de vehículos públicos –utilizó el Falcon y el Super Puma para viajar a las áreas incendiadas-, Pedro Sánchez ha implementado otras tácticas para eludir los abucheos. Un ejemplo claro fue el pasado martes, cuando se trasladó a Molezuelas (Zamora) para comprobar la situación de los incendios.
El presidente llegó media hora antes de lo programado y se marchó a la hora que tenía planificada. Esta visita relámpago tenía un objetivo: prevenir que la gente se acercara a él y perjudicara su imagen pública. A pesar de ello, no logró evitar los pitos y abucheos de unas cincuenta personas, que aunque no pudieron verlo de cerca debido a un extenso cordón de seguridad, sí tuvieron la oportunidad de expresar su descontento.
Dicho cordón también se aplicaba a los periodistas para impedir preguntas incómodas. Los fotógrafos, en todas las visitas, tuvieron que realizar su trabajo desde una distancia considerable con la finalidad de evitar que algún periodista se lanzara hacia el presidente con su micrófono. A excepción de las comparecencias, los reporteros se situaron lejos del presidente. Una medida poco habitual.
Esta imagen contrasta con la visita de Sánchez a Zamora hace tres años, cuando se detuvo para escuchar a los vecinos que expresaban su indignación por los incendios. En esa ocasión, afrontó las críticas de algunos residentes. «¿Arreglarlo? ¿Tú? ¿Tú arreglar?», le dijo un agricultor que observaba impotente cómo se consumía la Sierra de la Culebra.
Sin preguntas de la prensa
El presidente del Gobierno no solo se ha apartado de la población local, sino que también lo ha hecho de los periodistas. A pesar de haber realizado tres comparecencias públicas esta semana, en ninguna de ellas permitió preguntas a los periodistas.
Sánchez ha expresado su agradecimiento por la presencia de los medios, pero sin ofrecerles la oportunidad de trabajar. Este viernes en Asturias, al igual que en Extremadura y Orense, el presidente presentó su discurso y luego se dio la vuelta para marcharse. Esta estrategia ha sido una constante en su actuación: evita comparecer ante los medios y cuando lo hace, impide que le formulen preguntas.
De hecho, antes del verano, el presidente estuvo mes y medio sin responder a la prensa en eventos públicos y casi un año sin conceder una entrevista a un medio español. Con la crisis provocada por los incendios, esto no solo no ha cambiado, sino que se ha intensificado.
A Sánchez se le atraganta la calle
El presidente ha acumulado una serie de momentos incómodos en actos públicos, lo que le ha llevado a disminuir su presencia en la calle.
Durante una visita al Hospital Universitario Central de Asturias, Pedro Sánchez fue interrumpido por un ciudadano que lo increpó con gritos sobre sus pactos parlamentarios. En ese momento, el presidente estaba presentando una medida sanitaria y trató de calmar la situación con un seco “ya te hemos escuchado, ahora déjanos hablar”, antes de continuar con su discurso bajo la atención de los medios.
En Sevilla, la colocación de la primera piedra de la línea 3 del metro se convirtió en un momento incómodo para el jefe del Ejecutivo. Al llegar al barrio de Pino Montano, decenas de vecinos lo recibieron con abucheos y gritos de “traidor” que resonaron durante toda su intervención. Las protestas llevaron a reforzar la seguridad y reflejaron el rechazo que genera entre una parte del electorado andaluz.
Ese mismo día, en otra parada de su recorrido por la provincia, Sánchez visitó Dos Hermanas para observar unas obras de vivienda social. Ahí se repitió la situación: los abucheos y gritos desde la calle interrumpieron su discurso. El presidente, claramente irritado, pidió silencio a los presentes con un “escuchadme, que tengo cosas que decir”, intentando recuperar el control de un acto que nuevamente estuvo marcado por la tensión ciudadana.



