El recorrido gastronómico de la historia de Koldo en Madrid.


En Madrid, la alta cocina y el ámbito político han hallado un curioso punto de convergencia: varios restaurantes de la capital se transformaron en el escenario de reuniones importantes de la conocida como trama Koldo, donde empresarios, políticos y directivos discutían asuntos empresariales mientras disfrutaban de jamón ibérico, gambas a la plancha y erizos de mar. La investigación de la UCO revela que locales como La Chalana, La Paloma, La Tragantía y Jai Alai fueron seleccionados no por casualidad, sino por su mezcla de discreción y prestigio, convirtiéndose en los despachos improvisados de un grupo vinculado al PSOE.

Uno de los primeros puntos en esta ruta gastronómica fue La Chalana, situada en la calle Santo Domingo de Silos, 6. Allí, Koldo se reunió con el ex subsecretario del Ministerio de Transporte, Jesús Manuel Gómez García, y con Vicente Calzado, director general de EMFESA. Los menús no eran precisamente austeros: la ración de jamón o de langostinos gordos cuesta 25 euros cada una. Según fuentes judiciales, estos encuentros fusionaban conversaciones políticas y comidas generosas, un patrón que se repetiría en el resto de la ruta.

Santos Cerdán durante una declaración. (Foto: Gtres)

Santos Cerdán durante una declaración. (Foto: Gtres)
Santos Cerdán durante una declaración. (Foto: Gtres)

Santos Cerdán durante una declaración. (Foto: Gtres)

Jai Alai, en la calle Balbina Valverde, 2, también se menciona en los informes. Allí, Aldama declaró haber coincidido con Ángel Víctor Torres, entonces presidente del Gobierno de Canarias, en 2020. Entre bacalao al pilpil (24,78 euros) y jamón de Jabugo 5J (27 euros), se discutían asuntos estratégicos mientras los asistentes degustaban gambas al ajillo o foie micuit, un entrante que supera los 30 euros. La mezcla de lujo culinario y discreción estratégica parecía ser parte del modus operandi de la trama.

En La Tragantía, los encuentros adquirieron un carácter aún más confidencial. Koldo y Aldama se encontraban en zonas apartadas de la cafetería, mientras que las reuniones con José Luis Ábalos y otros altos cargos se documentaban en fechas diferentes para pasar desapercibidas. El último informe de la UCO incluso señala encuentros con el director de Gabinete del Ministerio de Transición Ecológica, en busca de licencias relacionadas con hidrocarburos. Los platos estrella, jamón ibérico y gambas a la plancha, costaban alrededor de 28 euros, un lujo discreto que acompañaba a negocios de gran relevancia.

Otro lugar destacado es La Paloma, en la calle Jorge Juan, con su terraza señorial y su selecta carta. Investigaciones indican que empresarios como Antxon Alonso, Justo Vicente Pelegrini y Santos Cerdán habrían celebrado reuniones allí. Los responsables del restaurante han negado los encuentros, defendiendo la privacidad de sus clientes, pero los informes y facturas registradas sugieren lo contrario. La ración de jamón ibérico llega a costar 31,50 euros, un precio que refleja el nivel del establecimiento y, al mismo tiempo, la discreción que buscaban los involucrados.

Otros locales en la ruta incluyen Sadazón, donde se registraron 49 transacciones por un total de 7.470 euros con tarjetas vinculadas a la trama, y La Bola de Sevilla, relacionado con la operación Leire Díez y de propiedad del ex presidente de la SEPI Vicente Fernández. También forma parte de este mapa gastronómico el Bar Franky y la cantina del Hipódromo de Madrid, lugares más modestos pero que igualmente están presentes en la investigación.

Koldo García en la Audiencia de Madrid. (Foto: Gtres)
Koldo García en la Audiencia de Madrid. (Foto: Gtres)

Koldo García en la Audiencia de Madrid. (Foto: Gtres)
Koldo García en la Audiencia de Madrid. (Foto: Gtres)

Koldo García en la Audiencia de Madrid. (Foto: Gtres)

La imagen que emerge de esta ruta gastronómica es reveladora: tras platos de lujo y raciones de jamón, gambas y erizos de mar se gestaban negocios y decisiones políticas que hoy están bajo investigación. Lo que para muchos era una comida de trabajo, para los investigadores se convierte en una ruta de poder y presunta corrupción, donde la gastronomía se entrelaza con la política en una combinación tan sofisticada como sospechosa.

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