La desconexión, el enfoque rígido y la carga del mercado hipotecario.


“¡Estamos en la Champions!”, proclamaba la página web del Girona FC el 4 de mayo de 2024, tras una impresionante remontada al Barcelona de Xavi Hernández, llevando a cabo un partido (4-2) que aseguraba la histórica clasificación de un club que apenas llevaba cuatro temporadas en Primera. Han pasado menos de 500 días y ese Girona parece desmoronarse, después de una campaña anterior en la que vivió al borde del descenso (fue colista en la segunda vuelta) y un comienzo de esta temporada aterrador: 1-8 contra Villarreal y Rayo Vallecano. A esto se añade un Míchel desconcertado y contundente: “No me siento representado por los jugadores, es duro y fuerte. Hay demasiado ruido por el mercado”, gritó.





La raíz de esta caída se encuentra en el mercado de fichajes del verano pasado. En una plantilla que funcionaba como un reloj, fue necesario vender y reemplazar piezas clave. Se fueron Artem Dovbyk, el goleador; Aleix García, el cerebro; Savinho, el desequilibrio; y Yan Couto, el espíritu; y llegaron Abel Ruiz, Miovski, Krejci y Asprilla, entre otros. Lo que antes funcionaba, ha dejado de hacerlo.


A pesar de que el club aumentó sus ingresos y estableció un presupuesto de 113 millones (con un incremento de los derechos de televisión de 48 a 86), invirtió menos de lo que recibió. Recibió 59,8 millones y gastó 46, según el portal especializado Transfermarkt. Esta tendencia se ha repetido en los últimos tres años, con ventas por 98 millones y gastos de 69.



El nivel de la plantilla ha disminuido considerablemente. Esta vez no hubo la varita mágica de Quique Cárcel ni apoyo del City debido a la normativa. “Teníamos un mejor equipo el año de la clasificación para la Champions que el año que la disputamos”, explica uno de los entrenadores que sigue al equipo. “El problema es que esos jugadores que llegaron creían que se unían a un proyecto europeo, pero el año pasado el Girona se salvó por poco y este año pinta igual”, argumentó otra voz que vive el día a día del club.





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Esa situación ha llevado a que la plantilla, a excepción de David López, Portu o Stuani, prioricen su salida en este mercado. “Creo que ni el club, ni el equipo, ni yo estamos centrados. Hemos comenzado la Liga pensando en cómo se quedará la plantilla”, dijo Míchel, con jugadores como Yangel Herrera o Ladislav Krejci cerca de la Real Sociedad y del Wolverhampton. El técnico decidió alinearlos de titulares, y en 28 minutos, el Villarreal ya dominaba por 4-0.



Míchel es el primero en colocarse en la diana y disparar. “El fútbol no tiene memoria”, recuerdan desde Girona. Y el técnico madrileño, siempre fiel a sus ideas, ve su figura más cuestionada que nunca. “Le falta calidad a la plantilla”, insisten, aunque comprenden que Míchel es inflexible y expone demasiado al equipo en un momento donde, como ya sucedió el curso anterior, no hay confianza, ni concentración, ni “foco”, debido al ruido existente y las deficiencias del grupo. Por primera vez, en la sala de prensa dejó de proteger a los jugadores y habló claro: no es un accidente. Y disparó alto: “Vamos tarde”.

La economía como prioridad

En los tres últimos cursos el Girona vendió por 98 millones e ingresó 69

El mensaje del club este verano fue que antes de fichar había que dejar salir. Todo en venta. Y por esa puerta ya se marchó Miguel Gutiérrez. Varios futbolistas están a la espera. Aunque la entidad presupuestó un beneficio de 19,6 millones el curso anterior, hay partidas que no fueron las esperadas, como la de ticketing, donde se vieron asientos vacíos durante algunos partidos de Champions en Montilivi. “No se ha logrado una conexión entre la gente y el club como hace dos temporadas”, apuntan.



Uno de los problemas del mercado es volver a depender del City Group, que en su momento les proporcionó jugadores diferenciales como Herrera, Couto o Savinho, y en este mercado ha llegado Vitor Reis; sin embargo, la ficha del argentino Claudio Echeverri no ha funcionado (se marchó al Bayer Leverkusen) y faltan efectivos. Esta semana las altas deben concretarse de inmediato para corregir una situación que preocupa tanto al entrenador como a la entidad rojiblanca.

Después de su paso por la Champions, al Girona le queda ese proyecto a paso lento de la Ciudad Deportiva en Vilablareix… y poco más, más allá de los recuerdos y la experiencia: “En Montilivi, los charcos siguen donde estaban”.

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