La odiosa brecha entre Courtois y Joan García, por Xavier Bosch.
Muchos aficionados del Barça consideran que la mano de Balde en el partido contra el Levante debió ser sancionada como penalti. Sin embargo, otros piensan lo contrario. Lo que preocupa a estos últimos es que coinciden con Mateu Lahoz, quien afirmó que no lo habría señalado en ningún caso. La realidad es que fue Hernández Hernández quien arbitró en Levante y, tras unos segundos revisando la pantalla, decidió que debía pitarlo. “Está bastante separada en el lanzamiento a puerta. Saca el brazo. Perfecto. Número 3, penalti”.
No le importó que detrás de Balde estuviese Joan Garcia. Podría haber tenido opciones de detener el disparo, pero el portero del Barça estaba allí. Lo que realmente indigna –como expresó Pedri de manera educada– es el desajuste que Hernández Hernández mostró en el Barça-Madrid, donde no sancionó un penalti por manos de Tchouaméni a un disparo cercano de Ferran, porque “está Courtois detrás”, según alegó el árbitro.
Es decir, hay una confianza ciega en el portero del Madrid que habría detenido el balón y una desconfianza total hacia el cancerbero del Barça. No se trata de que uno sea Thibaut y el otro Joan. Es cuestión del escudo que representan. El problema radica en el miedo que tienen los árbitros a que se interprete que favorecen al Barça o, peor aún, que puedan parecer que perjudican al Madrid.
El verdadero problema no son las campañas organizadas por la televisión del Real Madrid, sino el profundo madridismo sociológico, arraigado y consolidado, que influye en los arbitrajes de manera incluso inconsciente. Y al final está Hernández Hernández, quien tiene en su historial la liga que se le quitó al Barça en el campo del Betis y el espectáculo del último clásico en Montjuïc, donde hizo lo imposible para retrasar el alirón azulgrana.



