Muere Modesto Nolla, el legislador que indagó en los escándalos de corrupción del PP en Madrid | España
En una ocasión, conocí a un hombre realmente bueno. Era un ardiente verano a finales de los noventa. Mi jefe en EL PAÍS me pedía información para abrir la sección, y yo, como corresponsal político, no tenía noticias que ofrecer al día siguiente. Así que decidí ir al Parlamento madrileño con la esperanza de conversar con algún político, ya fuera de derechas o de izquierdas. No importaba, necesitaba algo. Siempre se me había dado bien sonsacarles. Pero no había nadie. Solo dos conserjes resolviendo crucigramas, un camarero sin clientes en la cafetería de la Asamblea y todos los despachos de los parlamentarios cerrados, excepto uno: el del socialista Modesto Nolla Estrada (Barcelona, 69 años), quien falleció hoy lunes en Madrid.
Junto a él estaba Maxi, su inseparable técnico, quien buscaba en archivos, ministerios y registros la documentación necesaria para respaldar las denuncias públicas de Nolla. No me vieron llegar, estaban hablando sobre una instalación contaminante a las afueras de Madrid. Me quedé en el quicio de la puerta, escuchando. La mesa estaba llena de informes, fotos y gráficos sobre aquel monstruo de chimeneas humeantes y amenazantes.
“Hola”. “Hola”. “Hola”. Así comenzó una larga amistad basada en la confianza mutua. Nunca intentó engañarme ni me ofreció lo que los periodistas llamamos “pescao podrido”. Nunca buscó salir en los titulares; era simplemente un servidor público que trabajaba para su partido y para el pueblo de Madrid, día y noche, de enero a diciembre. Sus denuncias eran impactos contundentes contra el Gobierno regional del PP.
En 2001, denunció que la modificación de la Ley del Suelo permitía la recalificación de la Ciudad Deportiva del Real Madrid, lo cual representaba un enorme pelotazo para el club. La noticia tuvo, como todo lo relacionado con el fútbol, un gran impacto. Pocos días después, visité su despacho y el hombre barbado, siempre sonriente y educado, se mostraba muy enfadado aquella mañana. “Florentino Pérez me ha enviado dos entradas para el palco del Madrid, las dejaron en mi despacho. ¿Sabes qué? Las rompo ahora mismo. Pero, ¿qué se cree que soy yo? No tiene vergüenza y menos los que las aceptan. Muchos de aquí las cogen, lo sé”. Y delante de mí, convirtió esos codiciados tiques en confeti blanco.
Nolla, siempre impecablemente vestido con traje y corbata bien planchados, fue el gran investigador de los socialistas en Madrid en todas las legislaturas desde 1995. Hombre de confianza del entonces secretario general, Rafael Simancas, le proporcionaba argumentos técnicos irrefutables contra las políticas del Gobierno popular. Principalmente, datos y más datos. Las denuncias del PSOE sobre el escandaloso robo al Ejecutivo que sufrió Simancas por parte de dos diputados socialistas, que huyeron para que Esperanza Aguirre fuera presidenta, o los casos Gürtel y Púnica, se fundamentaban en documentación sólida que este funcionario recogía, analizaba y desmenuzaba hasta descubrir la verdad y ofrecérsela a los ciudadanos.
Con el tiempo, dejé el periodismo político y me adentré en el ámbito cultural. Nos seguíamos en redes sociales. Sabía perfectamente que había renunciado al actual camino del socialismo y que mis comentarios eran a menudo hirientes, incluso desagradables. Nunca me lo reprochó. En ocasiones, incluso le daba “me gusta” a mis artículos sobre arqueología o me enviaba un “Feliz Año, Vicente” por WhatsApp.
Incorruptible socialista, íntegro servidor público y trabajador incansable, fue, sobre todo, un ejemplo para los parlamentarios de hoy y un orgullo para todos los madrileños, independientemente de si lo votaron o no. Doy fe de ello. Y, sobre todo, fue una persona maravillosa y un político inigualable. De esos que escasean y que se echan tanto de menos en estos tiempos de cambio.


