El dispositivo que preserva vidas y resguarda la sangre en entornos líquidos.



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Los pacientes críticos en una UCI a menudo requieren un soporte vital conocido como ECMO, que proporciona oxígeno a la sangre, reemplazando las funciones de los pulmones y el corazón hasta que estos órganos se recuperen o, de manera temporal, actúa como ‘un puente’ hacia el trasplante. Estos dispositivos pueden ser determinantes en la supervivencia de un paciente, aunque no están exentos de riesgos. Un grupo de investigadores trabaja para minimizar el sufrimiento de la sangre en este proceso, protegiéndola con un sistema de paredes líquidas para que no «sienta» que está fuera del cuerpo humano.

La oxigenación por membrana extracorpórea (ECMO) tiene diversas aplicaciones: es esencial para pacientes con neumonías severas, condiciones cardíacas agudas como miocarditis, así como para aquellos con cardiopatías complejas tras cirugías o en casos de infecciones sistémicas graves.

De hecho, estos dispositivos fueron cruciales durante la pandemia, ayudando a muchos pacientes con neumonía bilateral grave en momentos en que los respiradores eran escasos. Según registros internacionales, aproximadamente 20.000 pacientes al año se someten a este tratamiento en todo el mundo, aunque se estima que la cifra real es mayor, ya que muchos no se registran.

A pesar de sus numerosos beneficios, la sangre ‘sufre’ durante el proceso, lo que puede provocar trombosis o hemorragias en los pacientes.

Un proyecto, financiado por la Fundación ‘la Caixa’ en colaboración con la Fundación IMDEA Nanociencia y la Fundación para la Investigación Biomédica del Hospital Gregorio Marañón, busca mitigar estos efectos negativos con un sistema que elimine el daño que la sangre sufre al entrar en contacto con las membranas del ECMO, reduciendo los costos y ampliando la cantidad de pacientes elegibles para este soporte vital.

Fluir entre paredes líquidas

¿Cómo se puede evitar que la sangre se deteriore al atravesar una membrana? Sustituyéndola por paredes líquidas. Este es el sistema desarrollado por Thomas Hermans, líder del proyecto en IMDEA, que usa un fluido de aceite combinado con nanopartículas magnéticas (ferropartículas) para mantener la sangre dentro del circuito, previniendo daños a las células sanguíneas y mejorando así el pronóstico del paciente, detalla. Además, este sistema ha mostrado reducir el riesgo de infecciones, un problema común en los dispositivos actuales.

«El desarrollo se está realizando para neonatos y niños, que son la población más vulnerable que requiere estos dispositivos»

El grupo de investigación del Hospital Gregorio Marañón, liderado por Jesús López-Herce Cid, jefe de la UCI Pediátrica, está compuesto por intensivistas pediátricos con amplia experiencia en ECMO. «Lo habitual», señala María José Santiago Lozano del Instituto de Investigación Biomédica del Gregorio Marañón, «es que la tecnología se desarrolle primero para adultos y luego se adapte a los niños. Sin embargo, en este caso, se está desarrollando específicamente para neonatos y niños, quienes junto con los ancianos, son los más vulnerables que necesitan estos equipos».

No existen muchos proyectos globales investigando en ECMO, una tecnología que ha demostrado ser exitosa durante años, principalmente porque son dispositivos muy costosos, con cada circuito valorado entre 8.000 y 10.000€.

Además, los primeros pacientes tratados con ECMO en España fueron atendidos en 1997 por Sánchez Luna en el Servicio de Neonatología del Hospital Gregorio Marañón, y de cara a los pacientes pediátricos, el año 2026 marcará el vigésimo aniversario del uso de estos equipos, lo cual augura un futuro prometedor para el proyecto.

Menos trombos, más vida

La innovación basada en paredes líquidas ha concluido la fase «in vitro» y ahora inicia la primera fase preclínica de la investigación en el Gregorio Marañón. «El mérito de la Fundación ‘la Caixa’ radica en conectar las necesidades de un centro de investigación básica con un centro de investigación preclínica», comentan Santiago Lozano y Hermans.

Como menciona la doctora, «el sistema desarrollado por Thomas Hermans beneficiará a los pacientes al disminuir el riesgo de coágulos, y por ende, de trombosis venosa y hemorragias relacionadas con la anticoagulación. También es relevante que es mucho más económico, reduciendo los costos de los circuitos, lo que facilitará su adopción en más hospitales y su acceso a más pacientes».

Una vez finalizada la fase ‘in vitro’, el siguiente paso será verificar que se trata de un fluido biocompatible y que puede ser utilizado con sangre. «El paso siguiente será trabajar con un modelo animal más complejo para demostrar que lo observado en la fase ‘in vitro’ se reproduce ‘in vivo’, antes de avanzar hacia la fase clínica.

Diez años de desarrollo

Sin embargo, la validación del dispositivo puede llevar hasta 10 años, y se requerirá una inversión significativa que podría superar los 200 millones de euros. No obstante, este avance podría allanar el camino para resolver problemas asociados a otros equipos de circulación extracorpórea, como los de diálisis o aféresis.

Santiago Lozano bromea diciendo que el investigador que logre crear un endotelio artificial (el objetivo que están persiguiendo) sería un firme candidato al próximo Premio Nobel. Pero lo que realmente le enorgullece es que será un logro hecho aquí, en Madrid.

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