«Vivimos en una sociedad de excesos»
Afirman Pau Matas Nogué y Oriol Pla Solina, creadores y directores de ‘Gula’, el espectáculo que presenta el Centro Dramático Nacional en el Teatro Valle-Inclán del 9 de enero al 15 de febrero, que «la idea de explorar la gula surge … de la necesidad de enfatizar lo que nos corrompe». Tenían deseo, continúa Pla, quien actúa en la obra, de que ambos, amigos desde los 17 años, creadores de proyectos conjuntos, quisieran ahora enfrentarse a un único desafío.
El espectáculo, según lo expresado por ambos, fue tomando forma a partir de su colaboración, basado en dos premisas: crear un espectáculo que integrara diversas disciplinas -payaso, bufón, teatro físico, performance, danza, y con influencias de la ‘commedia dell’arte’…- y centrarse más en un personaje que en una narrativa».
Sin embargo, sí desean transmitir un mensaje. «Sentimos que vivimos en una sociedad que no confía ni en el poder, ni en las instituciones financieras y gubernamentales -explican-. Desde afuera, todos aseguran actuar de la mejor manera, nadie asume responsabilidades; pero el vicio y la avaricia se infiltran en todos lados. Hoy, las sociedades son cada vez más desiguales y la situación climática es alarmante. Aun así, la gula sigue devorándolo todo. Parece que nada ni nadie puede detenerse».
‘Gula’ se presentó en noviembre en el festival Temporada Alta de Gerona y luego en el Teatro Nacional de Catalunya (en Valle-Inclán habrá dos funciones en catalán, los días 28 y 29). Lo fundamental no es la historia, sino el personaje. «La crítica es entenderlo y conectar con él», afirma Pla, quien añade que para el público la experiencia es más vivencial que intelectual».
«Estamos en la era del banquete», continúa Oriol Pla, quien junto a Pau Matas menciona que «observamos nuestro entorno y notamos un consumo desmedido de emociones. De hecho, también lo reconocemos en nosotros. Miramos el mundo y parece que hay de todo. El banquete que se nos ofrece resulta inabarcable, sobreexcitado e insensible al dolor. Mientras buscamos la plenitud y una felicidad eterna, la salud mental se agrava y parece que nunca se llega a un punto de fondo».
Las redes sociales también juegan su parte: «son uno de los portales de la gula. Nos perturban, nos convierten en testigos del deleite (real o ficticio) de otros: éxitos conseguidos, viajes, empleos apasionantes, viviendas hermosas. Fomentan la competencia por ser lo que no somos, la pulsión por devorar sin procesar todo lo que la vida nos brinda».
Y concluyen ambos creadores: «La gula nos contamina. En su forma más literal, comer desde la gula significa disfrutar sin digerir. En un sentido más amplio, implica tomar del mundo solo los aspectos excitantes y satisfactorios, y rechazar y huir fácilmente de todo lo que duele. Evitamos el contacto con la sensación de vacío llenándonos la boca de placeres y estímulos; una representación de la gula tanto literal como metafórica».


