Ya he visto esta película antes.


El Real Madrid comienza el nuevo mes con buenas sensaciones. Segundo encuentro y segunda victoria. La última tuvo lugar en Oviedo, donde el equipo resolvió el partido con seguridad. A pesar de dominar la primera parte, en la segunda se notó el cansancio. A estas alturas, es normal que las piernas pesen, lo que también indica el arduo trabajo físico de los entrenamientos. Si tenemos un poco de suerte, después del partido contra el Real Mallorca, ya contaremos con nueve puntos. Sería un balance fantástico para llegar al primer parón de la temporada.

En estos días se ha debatido mucho sobre la alineación que presentó Xabi Alonso en Oviedo. Muchos ven en el once una propuesta meritocrática, pero yo no. Desde mi perspectiva, estamos ante una rotación típica. Si observamos, solo en la portería no hubo cambios; en las demás líneas se vieron novedades. Por ejemplo, Éder Militão necesitaba descanso y Antonio Rüdiger estaba de vuelta. Este tipo de decisiones son comprensibles, sobre todo porque Alonso ha mencionado en varias conferencias que el equipo aún está en pretemporada.

Sin embargo, en el mundo del fútbol todo se analiza en exceso, y muchos interpretan estos cambios en el eleven de manera muy distinta. Comprendo que busquen debates ficticios que responden a intereses propios u obsesiones personales. Así, empiezan a especular si Dani Carvajal está por delante de Trent Alexander-Arnold, por ejemplo. Sin duda, lo más prometedor fue la aparición de Franco Mastantuono. La joven perla argentina mostró suficientes destellos para generar confianza en él. Poco a poco irá encontrando su camino.

En cuanto a Vinícius Júnior, prefiero no profundizar por ahora. Lo esencial es que dio una asistencia y anotó un gol. El ciclo de rumores y especulaciones a su alrededor vuelve a estar activo. ¿Acaso alguna vez se detuvo? Creo que ya he dejado clara mi postura sobre este asunto, y estoy seguro de que en el futuro tendré que volver a abordarlo. Inevitablemente, la persecución a Vini se ha convertido en uno de esos temas recurrentes que ya es un lugar común. Nada puede sorprenderme, esa película también la he visto.

Muchos creen ver en el once una propuesta meritocrática, yo no. Desde mi punto de vista estamos ante la clásica rotación

En los últimos años, especialmente desde el auge del género de superhéroes, todos sentimos que las historias que nos cuentan son repetidas. Hollywood enfrenta una falta de creatividad preocupante. Las productoras parecen haber abandonado la innovación y se aferran a fórmulas efectistas donde las secuelas y los remakes son la norma. Ante la escasez de imaginación, se repite la misma historia. Algo similar ocurre en la industria del deporte. Resulta especialmente relevante en el periodismo deportivo que se alimenta de comentar el pasado con comentaristas que repiten consignas.

Sin embargo, hay más aspectos de nuestra vida diaria que parecen seguir rutinas exhaustivas. Por supuesto, el mundo del fútbol no escapa de esto. Partidos que parecen copiarse unos a otros, resultados que se repiten, jugadas que parecen sacadas de un mismo libreto y árbitros que parecen clonados. Con este lastre de monotonía, ¿cómo encontramos el ánimo para seguir La Liga? Queridos amigos, no tengo una respuesta clara. Francamente, ¿por qué sigo esto? Supongo que es la fuerza de la costumbre, como diría Jaime Urrutia en esa famosa canción de Gabinete Caligari.

Ese gran madridista que es Urrutia cantaba que “Si por costumbre amé,/por costumbre olvidé./La fuerza de la costumbre es mi guía y mi lumbre”. Estos hermosos versos del genial compositor son excepcionales para este contexto. Porque como nos confiesa en la canción, desde pequeños los madridistas aprendemos a despreciar tanto los premios como los castigos. Al fin y al cabo, en nuestra España, al Madrid le castigan más que le premian. Y si gana algún trofeo… será en una forma humillante, que diría Alfredo Relaño. O robando, según lo sostendría cualquier comentarista de pacotilla.

Es cierto que el relato oficial asegura que no somos bienvenidos, pero el pueblo español nos ama con fervor. Solo hay que observar cómo reciben a nuestros héroes en los aeropuertos. Sin ir más lejos, tras 25 años de ausencia, Oviedo recibió el pasado domingo a la expedición merengue con aplausos. Las muestras de cariño y los baños de masas que reciben nuestros jugadores son dignos de mención, pues la prensa nos niega el pan y la sal. Quiero decir, efectivamente, los organismos españoles nos persiguen, pero el pueblo nos ama con pasión. Al fin y al cabo, el verdadero equipo del pueblo es el Real Madrid.

Si bien es cierto que el relato oficial nos cuenta que no nos quieren, el pueblo español nos ama con locura. Simplemente hay que ver cómo reciben en los aeropuertos a nuestros héroes

Y es que el Real Madrid es el refugio de la España real. Hasta hace poco, se decía que en España las únicas instituciones que funcionaban eran el Real Madrid y El Corte Inglés. Entre bromas, en los últimos meses afirmamos sin miedo que es así. Iría más allá y diría que la única institución fiable es el Madrid. Nuestro verdadero orgullo nacional. La única institución de consenso, la única figura no manchada. Y esto, mis queridos amigos, desagrada a muchos.

Por supuesto, ni yo soy el Quijote ni sugiero luchar contra molinos de viento. Más bien, propongo la resignación como actitud ante los agravios y las injusticias que nos asedian constantemente. La experiencia me aconseja mantenerme lo más alejado posible de cualquier emoción. Rechazar un cambio es no dejarse llevar por falsos ideales. El fútbol español está perdido, condenado a su suerte. No podemos hacer nada.

Y, lejos de que se produzca, ninguna figura salvadora podrá redimir el fútbol en España. Los salvadores de la nada suelen presentarse con propuestas vacías que acaban por corromper todo. No quiero desanimar a nadie ni romper ilusiones de un futuro mejor, pero mi deber es ser realista y expresarme así. ¿Por qué? Porque esta película ya la he visto y siempre son los buenos los que pierden.

Getty Images

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