Antonio Luis Doadrio, Presidente del Instituto de España y de la Real Academia de Farmacia: «Debería prohibirse la homeopatía».
Antonio Luis Doadrio Villarejo (Madrid, 1953) ocupa el cargo de presidente de la Real Academia de Farmacia y también dirige el Instituto de España. Es catedrático … de Ciencias de la Salud, miembro de múltiples sociedades científicas internacionales, ha recibido varios premios y ha sido honrado de forma notable por instituciones universitarias y académicas. En esta entrevista, donde discute su doble rol presidencial, reflexiona sobre el papel de las academias y presenta una propuesta que resulta innovadora: que los farmacéuticos sean quienes expidan las recetas a los pacientes basándose en las indicaciones del médico, lo que otorgaría un rol más significativo a estos profesionales en la salud pública. Además, hace una fuerte advertencia: la homeopatía no tiene base científica y puede convertirse en un riesgo para quienes la utilizan. Su postura es clara: debería ser prohibida.
– Es presidente del Instituto de España, que agrupa diez academias. ¿Tiene la sensación de que hubo un tiempo en el que estas entidades eran más escuchadas?
– Así es, son diez academias, incluidas las siete fundadoras junto con las de Farmacia, Ingeniería y Ciencias Económicas, que se integraron posteriormente. En cuanto a su influencia, le diré que el actual Ministerio de Ciencia ha incrementado significativamente el presupuesto. Su titular, Diana Morant, muestra gran interés y los subsecretarios están aquí con regularidad. Incluso hemos recibido asignaciones especiales para algunos proyectos, como la publicación de diccionarios. Sin duda, ha habido etapas más difíciles.
– ¿Cuáles son esas etapas?
– Durante el Gobierno de la República hubo cierta atención hacia las academias, luego se les retiró el título de ‘real’ y más tarde, durante la guerra, se cerraron todas. Con Franco, fueron reabiertas, pero bajo el control del Instituto de España. Ya en la Transición, hemos tenido gobiernos que nos han hecho contribuciones significativas y otros que aplicaron recortes drásticos. Actualmente, estamos sujetos a controles económicos muy rigurosos, incluyendo una auditoría propia y otra oficial. Desde el ángulo de la relevancia social, contamos con sitios web altamente visitados, hacemos retransmisiones de plenos y cursos accesibles para todos. Aún nos falta digitalizar la biblioteca del Instituto.
– Existe la creencia de que las academias representan un conservadurismo, no solo político, sino también artístico, intelectual e investigador, y que el avance innovador ocurre fuera de ellas. ¿Qué opina sobre esto?
– Le diré que existe una Academia Joven de España, compuesta por miembros menores de 40 años. No posee el título ‘real’ y no lo desea. Está formada por personas jóvenes, como mencioné, que se han formado en el extranjero y son innovadoras. Además, en general, hemos buscado que haya un espacio para jóvenes en las academias.
– ¿Se les solicita informes a ustedes desde instancias oficiales?
– Hemos elaborado informes para diversas entidades. El Gobierno nos los ha solicitado sobre temas como la afectación de ciertos edificios históricos a raíz de la Ley de Memoria Histórica. Estos informes son enviados al Ministerio pertinente, que les da el uso que considera adecuado.
– ¿La diversidad de enfoques en las academias facilita la cooperación o, por el contrario, se dan divisiones?
– Aquí no se observa un bloque conservador frente a uno progresista. Todos los directores de las reales academias hemos sido elegidos por nuestros pares. Los debates son para coordinar las actividades que planeamos, por ejemplo. Sin embargo, en las reuniones del Instituto de España, no se permite tratar temas políticos.
– Pero ha habido desencuentros entre el Gobierno y algunas academias.
– Correcto, pero esos desacuerdos han sido con ellas, no con el Instituto. Este organismo ni siquiera publica libros que puedan ser considerados políticos. La mayoría de nuestras publicaciones son sobre temas técnico-científicos.
Epidemias
«La industria farmacéutica no crea enfermedades. Tienen controles muy estrictos para evitar que algo dañino salga de allí»
– El presidente del Instituto de España es la sexta autoridad del Estado y tiene trato de Excelentísimo. ¿Más allá de lo simbólico, tiene alguna relevancia?
– Sí. Facilita el acceso en la Administración del Estado y en la Comunidad de Madrid, considerando que la sede se encuentra aquí. Te conocen y eso posibilita diálogos con ministros, secretarios, subsecretarios… Expresar tus inquietudes siempre es beneficioso.
El rol de los farmacéuticos
– Preside la Real Academia de Farmacia. En algunas intervenciones ha mencionado ideas que sorprenden: por ejemplo, que los países ricos deberían financiar a las grandes farmacéuticas en la investigación de tratamientos para enfermedades raras, porque son más habituales en países en desarrollo.
– Las industrias farmacéuticas argumentan que han retirado algunos medicamentos por no poder afrontar el costo. Le daré un ejemplo: imagínese un medicamento que, en total, cueste 20 millones y que se administre a una sola persona. El Estado podría y debería pagarlo igual que gasta en otros conceptos, a veces más costosos, que son menos críticos que salvar una vida. La industria farmacéutica no busca perder dinero y en España los precios están regulados. El Estado debe reconocer el esfuerzo de estas empresas en investigación. Es cierto que las universidades también investigan, pero es investigación básica, y eso debe trasladarse a la industria. Creo que deberían establecerse convenios con el sector para financiar la investigación de ciertos medicamentos.
– Las grandes farmacéuticas suelen ser vistas como las villanas de la historia. Se les critica por enfocarse en medicamentos de amplio uso para maximizar sus beneficios, por no ceder patentes y por la explotación de recursos naturales para hacer sus productos. Incluso, en ciertos casos, se les acusa de haber creado enfermedades para luego ofrecer los fármacos que las curan.
– Podríamos hablar de explotación en distintos ámbitos. ¿Por qué no analizamos los materiales utilizados en informática o en dispositivos móviles? No es correcto. Las industrias del sector obtienen algas o árboles, examinan su composición, estudian lo útil y a partir de eso crean un producto sintético. Además, la industria farmacéutica, definitivamente, no provoca enfermedades. Hoy existe la capacidad de rastrear el origen de la mayoría de estas. A menudo, esas enfermedades surgen de laboratorios oficiales, incluso de los ejércitos. La industria farmacéutica tiene estrictos controles para evitar la salida de cualquier cosa perjudicial. Sin embargo, necesitan ganancias para retribuir a sus accionistas; si se les imponen tantas exigencias que se torna inviable, deberían recibir financiamiento de los estados.
– Una de sus solicitudes ha sido que los farmacéuticos participen más en la salud pública, formando un equipo con médicos y enfermeros. Sin embargo, el médico y el enfermero son asignados a pacientes en el sistema público. ¿Cómo se implementaría esto con los farmacéuticos?
– En algunos países del norte de Europa ya ocurre. En farmacias cuentan con salas de atención donde los farmacéuticos asesoran y reciben compensación por ello. En España, no sería necesario recibir un pago.
– ¿Cuál sería la dinámica de trabajo?
– Basado en el diagnóstico del médico, el farmacéutico emitiría la receta. El médico proporcionaría lineamientos: debería tomar esto. A partir de ahí, el farmacéutico tiene un mejor conocimiento sobre la evolución del paciente, sus alergias o intolerancias. Considere que si un paciente vivió una emergencia, puede haber sido atendido por un médico en formación que no está familiarizado con las interacciones medicamentosas.
– ¿Estarían las farmacias preparadas para ello?
– En su mayoría, sí. Mientras la farmacia esté abierta, debe haber un farmacéutico titulado presente, por lo que sería factible. Tal vez en farmacias muy pequeñas, en áreas rurales, podría haber obstáculos.
Productos ambiguos
– La idea de vincular farmacias a centros de salud parece compleja y podría generar desconfianza. Anteriormente, algunos médicos, incluso en consultas privadas, ya guiaban a los pacientes hacia ortopedias o ópticas con las que tenían acuerdos.
– Podrían surgir casos de clientelismo, como ha sucedido siempre. Pero no creo que sea algo generalizado. Estamos hablando de un sector donde la mayoría de los farmacéuticos jóvenes establecen sus negocios en nuevos barrios, ya que la compra de una farmacia es poco común, por el tiempo que se requeriría para rentabilizar la inversión. Además, abrir una farmacia es una decisión complexa: son quince días de vacaciones anuales, se debe atender 10 a 12 horas diarias y hay que estar pendiente el resto del tiempo, ya que se es legalmente responsable por cualquier error.
Destrucción de la naturaleza
«¿Acabar con los recursos? ¿Por qué no analizamos los materiales que se utilizan en dispositivos informáticos o móviles?»
– ¿Cuál es la relación con las parafarmacias? Es probable que compitan en los productos más rentables.
– Ese es un ámbito en el que las farmacias están trabajando cada vez menos, ya que la mayoría de las compras se realizan en centros comerciales. En las farmacias solo vendemos productos registrados por la Agencia Española del Medicamento, y eso es monitoreado por inspectores.
– ¿Y la homeopatía? ¿Deberían los farmacéuticos advertir sobre su falta de eficacia?
– La homeopatía carece de validez científica, en absoluto. Es un problema serio. Las personas confían en estos productos y pueden encontrarse con que, al llegar al médico, ya es demasiado tarde. Le pongo un ejemplo: un paciente con dolor estomacal acude a un establecimiento de homeopatía y le ofrecen unas pastillas. Después de varias semanas, regresa porque no ha notado ningún cambio. Entonces le dicen que debería ir al médico. Cuando finalmente este realiza un diagnóstico, puede que descubra que tiene cáncer de estómago y que sus posibilidades de curarse son ahora menores que un par de meses atrás. La homeopatía no debería existir.
– Sin embargo, hay farmacias que venden estos productos.
– Los ofrecen porque es una forma de sobrevivir, pero los farmacéuticos deben aclarar qué están vendiendo.
– ¿Debería prohibirse su venta?
– Sí, la homeopatía debería ser prohibida. En la Real Academia de Farmacia ya elaboramos un informe sobre este tema y no se tuvo en cuenta. Hemos establecido la Mesa de Información Farmacéutica, donde participan todos los sectores, y hemos realizado numerosos informes al respecto, reiterando nuestra postura.
– La sospecha es que hay intereses económicos detrás de estas cuestiones.
– Sin duda, muchos. Y esos productos no son creados por la industria farmacéutica. Aclaro que no debemos confundir la homeopatía con las plantas medicinales, que sí están científicamente investigadas y de las cuales conocemos sus alcaloides.
– ¿Qué o quién impide su prohibición?
– La falta de interés. Los políticos están ocupados con temas que les importan más o que generan mayor interés mediático. Es cierto que la homeopatía tiene dosis tan bajas que prácticamente no resulta tóxica, incluso al consumir grandes cantidades, pero no cura.



