Archidiócesis de Madrid – José Varas Arroyo, un «mensaje vivo» en la ruta hacia CONVIVIUM: «Soy consciente de que puedo amar a quien tengo frente a mí y rezo por él».
En el camino hacia CONVIVIUM – Asamblea presbiteral (9 y 10 de febrero), la archidiócesis de Madrid sigue recordando con gratitud a pastores que, a través de su vida y ministerio, han sido una referencia luminosa para sacerdotes y fieles. Uno de ellos es José Varas Arroyo, sacerdote focolarino (1929 – 2017).
Nació en Madrid el 14 de noviembre de 1929 en una humilde familia obrera. De su infancia, él mismo relata: “Mis padres no nos llevaron a la escuela durante la guerra del 36 al 39 porque en Madrid, del lado republicano, la escuela era laica y temían que nos quitaran la fe: éramos cinco hermanos, todos pequeños. Ellos fueron nuestros padres y “maestros”. Nos enseñaron a leer, a contar y a rezar; rezábamos el rosario en octubre en familia, aunque mi padre lo repetía cada día mientras se lavaba la cabeza tras volver del trabajo -era obrero de la construcción-, y sus Avemarías se escuchaban naturalmente en el comedor”.
La entrada al Seminario
Mientras estudiaba con los salesianos de Estrecho, recordaba como si fuera ayer el momento en que, a los 11 años, conversando con un religioso sintió la llamada al sacerdocio. Al año siguiente ingresó en el Seminario de Madrid: “A los 11 años experimenté la vocación al sacerdocio; sentí en lo más profundo de mi alma que Dios me quería y me llamaba. Se manifestaba como Dios Amor; me sentí atraído como Santo Domingo Savio, a quien admiraba por su unión con Dios. Al entrar en la iglesia en Nochebuena para la misa con mis padres, se lo conté a mi profesor seglar, quien me respondió: “qué bien”, dándome un beso en la frente”.
Fue ordenado sacerdote el 12 de junio de 1954 y durante sus primeros años de sacerdocio cultivó una relación muy personal con Dios. Sin embargo, pronto comprendió que su vocación requería integrar esa vida interior con el servicio a los demás en la pastoral. Como recuerda Guillermo Cruz Fernández-Castañeda, director espiritual del Seminario Conciliar, «se dio cuenta de que el amor de Dios nos transforma y nos lleva a acoger y amar al otro; Pepe Varas se hacía uno con el otro y desde allí manifestaba la misericordia de Dios».
José Varas, «palabra viva»
Su encuentro con el Movimiento de los Focolares fue crucial. Según Manuel María Bru Alonso, delegado episcopal de catequesis de Archimadrid, «probablemente fue el primer sacerdote diocesano en España que los conoció. Desde aquel primer día se quedó sorprendido por la novedad que aportaba: vivir en Dios las 24 horas, no solo en los momentos de oración». Este descubrimiento le permitió integrar su vida espiritual y pastoral en una unidad profunda, acompañando a personas y comunidades con amor y entrega.
El estilo de su sacerdocio se definía por la cercanía, la escucha y el servicio a los demás, especialmente a otros sacerdotes. El delegado episcopal de catequesis recuerda cómo Pepe Varas cuidaba de los sacerdotes de la vicaría con la misma dedicación que a las comunidades parroquiales: «Aunque las comunidades son numerosas, si no cuidamos a los sacerdotes, las comunidades se quedan sin pastor».
Su cercanía y capacidad de acompañamiento siempre se fundamentaban en la Palabra de Dios, que utilizaba para enseñar con sencillez y claridad: «La mejor definición de José Varas es palabra viva, era palabra de Dios, pero vivida, viva».

«Al que tengo delante le puedo amar y rezar por él»
Pepe Varas vivió su sacerdocio desde un marianismo profundo, siguiendo el ejemplo de María: silencio, acogida, servicio y disponibilidad al plan de Dios. Su austeridad y sencillez reflejaban la formación de un sacerdote marcado por la Guerra Civil, como él mismo recordaba: «Recuerda que soy un hijo de la guerra».
A pesar de las dificultades de su tiempo, los cambios sociales y la pérdida del respeto automático hacia el sacerdote en la sociedad española, José Varas enfrentó cada etapa con unidad y alegría, siempre con una sonrisa y la mirada dirigida a Dios. En sus últimos años, aunque su memoria flaqueaba, seguía mostrando su amor y cuidado: «Yo ya no puedo aconsejar a nadie, pero sé que al que tengo delante le puedo amar y – señalando su breviario – que sepa que rezo por él», recuerda emocionado Guillermo Cruz Fernández-Castañeda.
La Asamblea Presbiteral CONVIVIUM recuerda hoy a José Varas Arroyo como un sacerdote que vivió su vocación plenamente, integrando oración, servicio y unidad, dejando un testimonio que sigue inspirando a quienes buscan un sacerdocio vivo y cercano, capaz de transformar la vida de las personas desde el amor de Dios.



