Este es el distrito de Madrid que proclamó su autonomía con el respaldo de Fidel Castro.
Aunque hoy pueda parecer una anécdota casi olvidada, el barrio del Cerro Belmonte, en Madrid, vivió a finales del siglo XX un acontecimiento peculiar: la proclamación simbólica de su independencia, un esfuerzo comunitario que incluso recibió el respaldo expreso de Fidel Castro.
Este hecho no fue un intento real de separación, sino una acción política y reivindicativa, impregnada de ironía, con la que los vecinos buscaban denunciar el abandono institucional y las duras condiciones sociales que afectaban a la zona.
Cerro Belmonte, una independencia simbólica
La idea nació en un contexto de precariedad urbana, falta de servicios públicos y escasa atención por parte de las administraciones. Ante esta situación, asociaciones vecinales del Cerro Belmonte promovieron la proclamación de una república simbólica, utilizando comunicados, actos públicos y una estética propia para atraer la atención de los medios.
La acción combinaba humor y protesta, pero enviaba un mensaje claro: el barrio se sentía marginado y olvidado, hasta el punto de verse obligado a “independizarse” para ser escuchado.
El respaldo inesperado desde Cuba
La repercusión de la iniciativa cruzó fronteras cuando Fidel Castro envío un mensaje de apoyo a la autoproclamada independencia del Cerro Belmonte. Este respaldo simbólico fue interpretado por los vecinos como un reconocimiento a su lucha y a su espíritu combativo. Además, 25 vecinos fueron invitados por el dictador a Cuba, donde los recibió personalmente y disfrutaron de diez días con todos los gastos cubiertos.
Aquel gesto reforzó el carácter legendario del episodio y consolidó al barrio como un símbolo de protesta popular, en línea con las tradiciones de movilización social y de izquierda que han marcado la identidad de muchas zonas obreras de Madrid.
La independencia
La implicación de los vecinos creció de modo notable. Prácticamente todos los medios de comunicación de España se hicieron eco de aquel insólito desafío independentista, incluso diarios vascos de línea separatista como ‘Egin‘, que respaldaron una iniciativa que muchos consideraron surrealista. Mientras tanto, el Ayuntamiento de Madrid mantuvo su postura y los residentes decidieron ir más allá, anunciando la convocatoria de un referéndum para la primera semana de septiembre.
El lugar elegido como improvisado «colegio electoral» fue la vivienda de «La Desi», una de las vecinas más mayores afectadas por la situación. Todo se organizó de manera artesanal: las urnas fueron hechas de cartón y las papeletas fueron escritas a mano por los propios vecinos.
El censo de Cerro Belmonte y su entorno estaba compuesto por 214 vecinos. La votación se llevó a cabo el día 5 y, según relataron los organizadores, el resultado fue prácticamente unánime: 212 votos a favor del “sí”, frente a dos en contra, apoyando la separación de España. Después de esto, proclamaron la creación del Reino de Cerro Belmonte, una peculiar entidad que, para sorpresa de muchos, incluía el Principado de Villaamil y el Condado de Peña Chica.
No obstante, la aventura independentista tuvo una vida muy breve. Apenas una semana después, el Ayuntamiento de Madrid decidió intervenir, detuvo el proceso y anuló las expropiaciones, poniendo fin a aquel episodio tan singular.
Un episodio que forma parte de la memoria vecinal
Aunque la independencia nunca superó el plano simbólico, el episodio del Cerro Belmonte perdura en la memoria colectiva como una de las protestas vecinales más originales de la historia reciente de la ciudad. Más que una excentricidad, fue una forma creativa de reivindicación que convirtió al barrio, por unos días, en protagonista del debate político y social.



