‘Rent’: la desafiante reevaluación de un ícono.
Hace tres décadas se presentó en Nueva York un musical que revolucionó los pilares de Broadway y de sus grandes producciones comerciales. Hablamos de Rent (Alquiler), un espectáculo crudo inspirado en la ópera La Bohème de Puccini que retrataba la vida de un grupo de artistas (los bohemios) al final del milenio en la Gran Manzana, donde la ilusión, la pasión y la energía se encontraban con una dura realidad marcada por la marginalidad, las drogas y el sida. Su creador, Jonathan Larson, tenía claro de lo que hablaba en una obra que no pudo ver estrenada: falleció un día antes del estreno en 1996.
La calidad de la propuesta artística —galardonada con el Premio Pulitzer de Drama—, las circunstancias que rodearon su estreno y los temas que abordaba hicieron de Rent un musical de culto, adaptado en diversos países y llevado al cine en 2005 en una película dirigida por Chris Columbus que incluía parte del elenco original.
Que se recupere este musical tres décadas después refleja lo que impactó a toda una generación y la universalidad de los conceptos presentes en la obra: la amistad, el amor, la diversidad, los sueños, el fracaso, las drogas, la vivienda.
La propuesta, dirigida por José Luis Sixto en el Teatro Fernán Gómez de Madrid, toma una decisión compleja: ser fiel al legendario musical —con éxito garantizado— o reinterpretarlo —con el riesgo de no alcanzar ese nivel—. Esta versión de Rent se inclina más hacia lo segundo.
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Paula Corroto
Para los nostálgicos de la obra original, lo primero que sorprenderá es que, mientras el montaje de hace 30 años contaba con una clara base rock, en esta versión, dirigida musicalmente por César Belda, la guitarra eléctrica casi ha desaparecido —salvando el momento de los famosos acordes de La Bohème— y es reemplazada por el teclado, que, aunque más armónico, resulta también más edulcorado, transformando el pulso emocional de muchas escenas.
Además, desde el inicio de la obra, los protagonistas son acompañados por un cuerpo de baile en sus canciones que, en vez de intensificar su soledad, disipa el conflicto. La escena se convierte en más danza que drama, con un guiño a la generación TikTok en lugar de una conexión emocional profunda.
La mezcla constante de interpretes sobre el escenario, junto con una iluminación de claroscuros, provoca en ocasiones que resulte complicado seguir quién está participando, especialmente desde las filas más alejadas. Curiosamente, algunos de los mejores momentos del musical surgen cuando el ritmo se calma y uno o dos personajes quedan solos frente al público, además de las vibrantes canciones conjuntas al final de los actos.
Sin embargo, el principal obstáculo que enfrenta este montaje es el sonido o la acústica en la sala, que dificulta entender con claridad los diálogos y las letras de las canciones en muchos pasajes, un problema grave en una obra coral y compleja como Rent, donde los matices —desde los chistes hasta los suspiros de amor y los susurros desesperados— son de suma importancia.
Lo más destacado del espectáculo proviene de Carla Pulpón en su papel de Maureen, con su escena-performance donde denuncia el desahucio de los artistas por parte de inversores inmobiliarios. Hace 30 años, ese personaje marcó el inicio de Idina Menzel, quien luego se destacaría en Wicked y se convertiría en una estrella mundial gracias al universo Disney de Frozen, en una trayectoria tan exitosa como irónica para una artista originaria del teatro alternativo neoyorquino. En esta ocasión, la artista española no solo alcanza el nivel vocal y escénico de su referente, sino que también conquista al público en una secuencia verdaderamente memorable.
Aun así, el homenaje que rinde esta versión a Rent tres décadas después está siendo apoyado por el público de todas las edades, que prácticamente llena de martes a domingo las casi 700 butacas de la Sala Guirau del Teatro Fernando Fernán Gómez, despidiendo la función en pie y aplaudiendo el esfuerzo de la compañía.
Entre los asistentes a este espectáculo, que se estrenó el pasado 23 de diciembre y estará en cartel hasta el 25 de enero —fecha que coincide con el 30 aniversario de la muerte de Jonathan Larson—, se hallan los Reyes de España, Felipe y Letizia, quienes asistieron por sorpresa el 26 de diciembre junto a sus hijas, la princesa Leonor y la infanta Sofía, y luego saludaron al elenco.
Treinta años después, Rent sigue siendo una obra esencial. Un musical que nació para incomodar, para provocar reflexiones y para recordar que el arte puede ser un acto de resistencia. Jonathan Larson la escribió para señalar que la vida se mide en amor, como el que irradia esta compañía aunque no logre plasmarlo del todo en su montaje. Su historia continúa resonando en generaciones jóvenes que hoy se conmueven con los mismos temas que hace tres décadas. Y quizás, solo por eso, incluso con sus altibajos, Rent sigue siendo digno de aplausos. Porque, como para sus personajes, no hay más día que hoy.
Hace tres décadas se estrenaba en Nueva York un musical que hizo temblar los cimientos de Broadway y de sus grandes producciones comerciales. Se trataba de Rent (Alquiler), un descarnado espectáculo inspirado en la ópera La Bohème de Puccini que retrataba la vida al final del milenio de un grupo de artistas (los bohemios) en la Gran Manzana, donde la ilusión, la pasión y la energía chocaban con una realidad marcada por la marginalidad, las drogas y el sida. Su autor, Jonathan Larson, sabía bien de lo que hablaba en una obra que no llegó a ver estrenada: murió un día antes de que se levantara el telón en 1996.


