Viajeros que contratan fotógrafos para sesiones fotográficas espontáneas.
Cámaras de diversas tipologías intentan capturar, con diferentes niveles de habilidad, la secuencia de momentos que se despliega en un rincón de la plaza de Callao. Las lentes son múltiples y variadas —desde la de un móvil hasta grandes objetivos—, casi tantas como lo … son sus portadores. Influencers, turistas, madrileños y fotógrafos profesionales convergen en este punto, transformándose en cazadores de instantes, en búsqueda de una imagen espectacular o de un cartel iluminado habitual.
La plaza ha sido forzada a convertirse en un escenario urbano, en un escaparate más o menos improvisado de una representación madrileña que puede ser furtiva y, en ocasiones, errónea. A pesar de las ráfagas de viento y el frío de nueve grados, que se siente considerablemente más intenso, varias personas se mantienen expectantes sobre la acera, en la zona más cercana a la carretera. Cada uno ha encontrado un lugar fijo. De sus cuellos cuelgan cámaras fotográficas y a su lado reposan focos de diversos tamaños.
Además, portan tabletas donde proyectan imágenes de parejas y personas solas en diferentes poses y vestimentas. Se acercan a todos los transeúntes que pueden, sin distinciones aparentes, aunque la atención se centra especialmente en aquellos que son identificables como turistas. Ofrecen a los caminantes un recuerdo en forma de imagen, con una gama de precios que oscila desde «la voluntad» hasta los cuatro euros por foto. La musa principal, que la mayoría busca en el fondo de estas sesiones improvisadas, es la conocida como ‘torre de Schweppes’, el Edificio Capitol.
Aunque estos vendedores de retratos afirman actuar de manera independiente, es innegable que muchos se mueven en parejas. Uno asume el rol de «ayudante», como ellos mismos se autodenominan, encargado de atraer la atención de los clientes. Los que desempeñan este papel se mueven de un lado a otro, acercándose con discreción y sin exageraciones a los viandantes, mostrándoles ejemplos de fotografías que podrían replicar. Mientras tanto, el «jefe» permanece en su lugar, aguardando a que su compañero logre atraer a un cliente y así poder desplegar su habilidad fotográfica en un recuerdo digital. Durante la toma de imágenes, el ayudante sostiene bolsas o abrigos según lo requiera la situación. Sin embargo, hay otros que realizan todo el trabajo por sí mismos, actuando como una combinación de fotógrafo y vendedor, un todo en uno.
En las redes sociales, han sido etiquetados, según cuenta uno de ellos, como «manteros de la fotografía». Algunos muestran reticencias a hablar con este medio por miedo a las críticas. «Es delicado tratar este tema porque no está regulado. Nos cuidamos y no somos demasiado abiertos; intentamos no vender frente a la policía. Respetamos su trabajo, pero también necesitamos comer, así que es complicado», confiesa Mario (nombre ficticio).
No quiere que su superior escuche la conversación, por lo que habla con este medio mientras disimula, mostrando las imágenes de ejemplo que lleva en su dispositivo. Apenas lleva un mes en esta actividad y destaca su precariedad. No le da para comer, así que lo ve como algo temporal hasta que logre encontrar otro empleo. Además, después de las navidades, el número de clientes disminuye considerablemente y el frío tampoco ayuda. «Durante las fiestas, mucha gente se para a hacerse fotos. Luego, el ritmo cae. Estos días, la situación es complicada, tendremos unos diez clientes al día», indica.
Sergio (nombre ficticio) confirma la notable caída en el flujo de clientes, pero él logra mantenerse bien con este trabajo. «Comencé a trabajar en la calle haciendo fotos y solo duré diez días. No podía ofrecer mi trabajo a nadie porque me daba vergüenza. Ahora llevo un año y medio y con esto me puedo mantener», asegura. Es fotógrafo de profesión, aunque antes creaba contenido en esta misma plaza. Cada tarde se establece en Callao un máximo de cuatro horas, logrando, en días fríos como este, alrededor de treinta clientes de media.
Pasan apenas unos minutos cuando su ayudante se acerca con una joven pareja española que pide una sesión fotográfica. Sin embargo, ellos no son el perfil habitual. «De 50 personas, 45 son latinos», afirma Sergio. Muchos turistas colombianos, ecuatorianos, paraguayos, peruanos o venezolanos son quienes más compran. «Vienen muchos latinos. Españoles, no tantos, pues viven aquí y ya no les parece tan impresionante. También se acercan de otros países como Portugal e Inglaterra», detalla Mario.
Inmortalizar el centro de Madrid
El flujo de clientes de Sergio es elevado; tiene incluso clientes habituales. Su ayudante regresa con uno de ellos, luciendo la sonrisa del que se sabe en triunfo, y ambos se saludan con amabilidad. Dependiendo de la ocasión, solicita distintos estilos de imágenes: retratos, de cuerpo entero o con fondos variados, pero todo desde la plaza de Callao. El Edificio Capitol, con su característico letrero iluminado, «es uno de los lugares donde la gente se hace más fotos», asegura el fotógrafo. Esta es una de las razones por las que le gusta la localización, además de «por la gente y por el trato».
Mario sostiene que, para él, la importancia de Callao reside en su alta afluencia de turistas y en la atracción principal del lugar, la torre de Schweppes. «Mucha gente quiere hacerse fotos con ella», menciona. Sin embargo, este modelo de negocio empieza a replicarse, aunque en menor medida, en otras áreas del centro de la capital, como la plaza de España.
Hay alrededor de seis fotógrafos y tantos ayudantes en la plaza. Entre ellos se reconoce cierta competencia, que es respetada según los rangos de posición y la antigüedad en el negocio. «Hay mucha competencia, pero cuando llueve, es para todos. Cada uno es independiente, la calle no pertenece a nadie y se respetan los espacios y la antigüedad», comenta Mario, quien, durante un largo rato, no logra atraer a ningún cliente. Para Sergio, en cambio, el negocio fluye con aparente facilidad. En una competencia discreta, capturan momentos en un espacio que se vuelve más reducido de lo que parece, pues todos buscan estar bajo la sombra del Capitol, en la plaza de Callao.


