Vedat Muriqi: “En ocasiones siento que practico un deporte diferente. No tengo velocidad, técnica ni agilidad” | Fútbol | Deportes


Vedat Muriqi (Prizren, Kosovo; 31 años) admite que no ha visto las tres últimas finales de Champions. “No me gusta tanto”, dice. “A veces, si estoy aburrido, pongo un partido. O cuando se acerca el final de Liga, echo un vistazo a nuestro rival, pero no lo sigo con toda la atención. Antes lo estaba más al tanto”, comenta por videollamada este “delantero pivote”, como le gusta definirse. Tras la tarjeta roja que recibió a los 40 minutos contra el Barcelona en la primera jornada, tiene la esperanza de que la visita este sábado al Bernabéu (21.30, Movistar) marque el inicio definitivo de su temporada. La cuarta completa en el Mallorca desde su llegada en enero de 2022.

Pregunta. Este verano ha renovado a pesar de que le ofrecían mucho más dinero en otros clubes.

Respuesta. Estamos en Palma, disfrutamos de una buena vida, la gente y el equipo me aprecian, estoy jugando… Hay que ser sinceros. Tengo todo lo que puedo pedir. Recibí ofertas por mucho más, pero elegí la vida, no el dinero. Renové el contrato [hasta 2029] manteniendo mi salario. Ahora la gente puede pensar que gano bien. Sí, pero podía haber recibido mucho más.

P. ¿Sus antecedentes [de niño vivió la guerra de Kosovo] influyeron en su decisión?

R. No. Provengo de un país donde no se podía vivir del fútbol. Cuando firmé mi primer contrato, a los 18 años en Turquía, el presidente del club me llamó y me preguntó si no iba a preguntar cuánto iba a ganar. Me daba igual, solo quería jugar. Desde entonces, supe que si lo hacía bien, el dinero llegaría solo.

P. ¿La gente lo tendrá en cuenta si le va mal?

R. Cuando renové, le dije a Pablo Ortells [consejero delegado] que si un día piensa que ya no puedo aportar, nos despedimos cordialmente, aunque tenga contrato. O si la afición me da la espalda. Entiendo que esto es fútbol. Estuve en la Primera turca, el entrenador no me quería y decidí bajar a Segunda. Si alguien piensa que me voy a relajar por la renovación, es un insulto para mí.

Me ofrecían muchísimo más dinero en otros sitios, pero he elegido la vida. En Palma tengo todo, hay que ser honestos.

P. ¿Quién influyó en que se convirtiera en futbolista?

R. Mi madre fue fundamental. Desde que tenía ocho o nueve años, siempre me llevaba a entrenar. Era una hora caminando de ida y otra de vuelta. Mis tíos también me apoyaban. En mi país, ser futbolista tras la guerra era complicado. Bueno, sí, pero no pagaban. La gente te decía: ‘ponte a trabajar’. Yo trabajaba en el bar de mis tíos tras la muerte de mi padre, asistía a clases y jugaba al fútbol. Al final, tuve que dejar algo. No podía continuar con el trabajo y decidí dejar la escuela a los 15 años. Gracias a Dios, he tenido suerte. Hace dos años, obtuve el diploma. Ahora me gustaría ingresar a la universidad. No sé qué estudiar todavía, pero quiero tener diplomas y ser un hombre que, más allá del fútbol, tenga formación.

P. ¿Dónde están sus amigos de la infancia?

R. Siguen siendo mis mejores amigos. Todos eran mucho mejores futbolistas. Nunca fui un talento, siempre estuve en un nivel medio-bajo. Marcaba un gol cada siete u ocho partidos, estaba tres en el banquillo, dos fuera del equipo… Era muy normalito y, gracias al trabajo, el fútbol me ha llevado hasta aquí.

P. Usted tiene un físico imponente. ¿Cómo afecta eso a su preparación?

R. Peso mucho y soy alto, así que me cuesta arrancar. Aunque ahora también es cuestión de edad. Con 31, se considera que es una buena etapa para un delantero. Sin embargo, llevo desde los 16 como pivote, chocando en todos los partidos y entrenamientos porque es lo único que sé hacer. Mantener la posesión, pelear, luchar. Mi cuerpo ya está un poco fatigado.

P. ¿Su estilo de juego afectará su longevidad en el alto nivel?

R. Sí, no tengo dudas al respecto. Llevo muchos años haciendo lo mismo. A veces siento que no juego al fútbol, sino a otro deporte. No soy rápido, ni técnico ni ágil. Lo único que puedo utilizar es mi fuerza.

P. ¿Así se ve usted mismo?

R. Así es, la verdad. Veo a Sergi [Darder], Pablo Torre, Dani Rodríguez… ¿Si estos son jugadores, yo qué soy? Pero al final, todos los equipos necesitan una mezcla de perfiles y, hasta ahora, he ayudado mucho al equipo.

Lo único que sé hacer es guardar el balón, pelear, luchar. Uso mi fuerza.

P. ¿Le han pedido cosas muy distintas en su carrera?

R. Cuando era más joven, jugaba más estático, aguardando a que me pasaran la pelota. El fútbol ha cambiado y dependes de los entrenadores. Con Javier Aguirre, jugaba solo en la parte alta, no quería que me cansara demasiado y me pedía estar en el área. Jagoba Arrasate busca presionar más y jugar con el balón, así que estoy intentando salir de mi zona, tocar la pelota, descargarla a mis compañeros. Estoy intentando adaptarme.

P. ¿Se ha infravalorado a delanteros de su perfil?

R. Antes, casi todos los equipos tenían uno como yo. Después, tras el Barcelona de Guardiola, muchos intentaron optar por jugadores rápidos y ágiles. Pero el fútbol ha demostrado que los equipos siguen necesitando un delantero pivote, ya sea titular o suplente. Para los equipos que pelean por algo bonito o para evitar el descenso, es vital tener uno. Contra un grande, que siempre ataca, lo necesitas para descansar, bajar un balonazo y ganar alguna falta. O, si necesitas un gol en el último cuarto de hora, le lanzas centros. La gente ha intentado eliminar este perfil, pero el fútbol ha dicho que no. Sin embargo, no sé si dentro de 10 años seguirá siendo común. Ahora es todo más físico, de idas y venidas, y más técnico.

Dentro de 10 años, no será tan común tener un delantero como yo.

P. ¿Desaparecerán los Muriqis?

R. Quizás no tanto, pero no serán muy comunes. Hay que recorrer mucha distancia en el campo y los entrenadores necesitan jugadores que soporten ese ritmo y sean rápidos. Cuando estaba en la Lazio con Maurizio Sarri, en mi segundo año [2021-22], que me veía muy bien, me dijo directamente que no encajaba en su estilo porque siempre había jugado con tres delanteros ágiles, veloces y pequeños. Desde esa época, no quería delanteros altos y lentos.

P. Usted usa casi un 50.

R. Un 48 y medio, que es la más grande que fabrican. Ahora todas las marcas lanzan números grandes, pero de joven sufría mucho para encontrar botas. Algunos amigos me decían: ‘¿dónde has visto un jugador con un 48 y medio? Nunca serás futbolista’. A los 18 años, incluso, me ponía botas de rugby. Mi tía, que vive en Finlandia, me comentó que había encontrado un par de mi talla, pero eran de rugby, y le dije que adelante.

P. ¿En qué le afecta tener un 48 y medio?

R. No mucho. Al final, es cuestión de cuerpo.

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