La vida se protege, el territorio permanece intacto


Esta mañana, la dignidad ha vuelto a caminar por Madrid. En total, unos 1.500 pasos, según los organizadores, han resonado como tambores de justicia en el recorrido desde la estación de Metro de Valdecarros, en Vallecas, hasta el Sector 6 de la Cañada Real. La lucha por una vivienda digna y el derecho al territorio son las grandes consignas apoyadas por numerosos colectivos de la capital. Ahora, el barro que diariamente queda adherido a los zapatos de mujeres y niños que pasan por este camino en su trayecto hacia la escuela, la compra o un café se combina con las suelas de aquellos que no miran hacia otro lado ante la especulación inmobiliaria: “Cañada se queda. La vida se defiende. El territorio no se desaloja”.

Alrededor de las 11.00 horas, cientos de personas comenzaban a congregarse en Valdecarros, convocadas por Tabadol, la PAH Vallekas y La Laboratoria. Algunas voces empezaron a calentar motores para los cánticos que pronto llegarían. “Despierta, vecina, Cañada se queda”, “el suelo es vida, el suelo no es negocio” y “nuestras abuelas también fueron ocupas” fueron algunos de los más resonantes. Todos los presentes sabían lo que les esperaba: un camino de lucha y hermanamiento. “Estamos aquí para detener los derribos de nuestras casas, a los que nos vemos sometidos sin diálogo ni alternativas”, introduce a elDiario.es Houda Akrikez Essatty.



Ella es la presidenta y fundadora de la Asociación Cultural Tabadol, constituida por mujeres del Sector 6 de la Cañada Real para defender sus derechos, y ha estado constantemente al frente de la pancarta que lideraba la marcha con un mensaje claro: “Cañada se queda”, escrito en árabe, castellano, romaní y caló. “Tras cinco años de lucha contra el corte de suministro eléctrico, nos hemos dado cuenta de que la batalla es por el territorio”, añadió esta madre de tres pequeñas mientras la marcha comenzaba su andadura.

A sus 38 años, Akrikez tiene claro que ocupar la Cañada implica hacerse cargo de una larga tradición de autoconstrucción de viviendas en Madrid. “Queremos proteger nuestro territorio y defenderlo”, sostiene con firmeza. Para ello, han convocado esta manifestación en la que cientos de personas han pisado un suelo que debería pertenecer a quienes lo utilizan para vivir. Y lo han logrado. Han evidenciado que la Cañada Real es un barrio de la ciudad.


Una mujer sube con ayuda de un hombre un carrito de bebé por una cuesta embarrada de la Cañada Real este sábado.

Los manifestantes, agradecidos por los rayos de sol pero helados por un viento gélido, han recorrido el mismo camino que los vecinos de la Cañada Real deben hacer todos los días. Esta vez, ante la extraña mirada de algunas personas que hacían deporte en los alrededores. Tras completar un recorrido marcado por los desperdicios a sus lados, como bolsas de plástico, zapatos y latas, llegó el momento más delicado. Cientos de personas tuvieron que sortear el barro en una fila única, en una escombrera improvisada, que retrasó la marcha más de media hora.

Suspensiones cautelares de los derribos

El contexto político de esta reivindicación ha estado presente en todo momento. La lucha por la vivienda, casi sinónimo de luchar por la vida misma, no comenzó ayer en este lugar. “Llevamos aquí décadas y durante años hemos resistido a las diferentes formas de acoso institucional”. Se refiere a la gestión que el Ayuntamiento de Madrid y Rivas-Vaciamadrid han hecho del Sector 6 recientemente. Según Akrikez, el último censo en la zona hablaba de alrededor de 2.500 personas en 2016, de las cuales 1.500 eran menores.

Para todos ellos hay un pequeño rayo de esperanza. Tras recurrir el inicio el 2 de octubre de 2025 del procedimiento para los derribos por parte del Consistorio madrileño, “totalmente arbitrario y sin fundamento”, comenta la presidenta de Tabadol, la justicia les ha otorgado algo de respiro. Estas cartas llegaron firmadas por Julio César Santos, un cargo del Ayuntamiento inhabilitado desde septiembre, asegura Tabadol.


Algunas de las niñas que habitan en la Cañada Real portan pancartas contra los desalojos forzosos.

Hasta ahora, se han emitido algunas suspensiones cautelares de las demoliciones al considerar que las viviendas son “domicilios habituales de las demandantes”, cuyo derribo ocasionaría un “perjuicio irreparable”. Ahora, esperan que la suspensión temporal alcance a la docena de familias afectadas y señaladas por el Ayuntamiento encabezado por José Luis Martínez-Almeida.

Akrikez, quien es constantemente saludada y alabada por los manifestantes, es contundente al expresar las tres principales demandas de esta protesta, que pretende marcar un hito en la lucha por la vivienda digna, no solo en la Cañada, sino en toda la capital. “Exigimos el cese de las amenazas de derribo y la paralización de las demoliciones. Exigimos la apertura de un proceso real de diálogo directo con los vecinos. Y exigimos el reconocimiento del derecho al territorio de los vecinos de la Cañada Real. Porque sin vivienda digna no hay derechos garantizados”, enfatiza.

Una estrategia urbanística

La PAH Vallekas ha sido otro de los colectivos que ha convocado la manifestación. Sonia García, una de sus portavoces, recuerda que la Cañada Real es uno de los muchos barrios que surgieron en Madrid por la llegada de trabajadores durante los años del desarrollismo franquista. “El origen de las personas que viven en la Cañada, muchas de las cuales son gitanas rumanas o españolas, o marroquíes, tiene mucho que ver con que no se haya regulado sus viviendas como sí ocurrió con otros barrios autoconstruidos en Madrid o en Vallecas”, denuncia.

Con banderas verdes de la PAH ondeando a su alrededor, esta activista por la vivienda digna ha destacado que hace unos 20 años empezaron los intentos de invisibilizar y desalojar la Cañada. “Los ayuntamientos y promotores vieron la oportunidad de expandirse hacia el sureste, por eso estos terrenos son tan deseados”, dice García, asegurando con firmeza que “si no conseguimos que Cañada se quede, estamos todos perdidos”. Así lo expresaron en su comunicado de convocatoria: “Los mismos que nos desahucian en otros barrios de Madrid tienen intereses aquí”.

García ha sido una de las personas que en estos días ha intentado allanar el camino en esta lucha, tanto metafóricamente como literalmente. Mientras la marcha se acerca a su final, la portavoz de PAH Vallekas ha resaltado cómo una de las estrategias de expulsión es hacer imposible los caminos que conectan con el Sector 6: “Hemos tenido que limpiar de escombros para que la gente pueda pasar. A las Administraciones les da igual cómo está ese camino, que cuando llueve siempre se embarra y las mujeres deben transitar con niños todos los días”. Y así ha quedado claro.

Una comunidad de apoyo mutuo

Desde La Laboratoria, un espacio de investigación feminista, también han decidido convocar la protesta. “Tenemos una imagen muy estigmatizada de la población que vive en la Cañada. En realidad, la Cañada nos recuerda el pasado de Vallecas”, sostiene Marta Malo, portavoz del colectivo. Desde su perspectiva, lo que ocurre en la Cañada deja un futuro que se bifurca. “Si todo sigue así, será algo negativo, debido a la especulación desmedida que cada vez obliga a más personas a autoconstruir sus viviendas, pero también positivo, cuando observamos que lugares así resisten y cooperan frente a esta dinámica de expulsión constante”, explica.

Malo ha enfatizado que “marchar por la Cañada es también marchar por el derecho a la ciudad y el tipo de Madrid que deseamos”. En este sentido, ha criticado la supuesta política de realojos en alquileres sociales. “Cuando te encuentras en una situación de gran precariedad y te colocan en un piso por seis meses, aunque sea económico, te separan de la Cañada, donde existe una comunidad que te ofrece cierto apoyo mutuo”, ha precisado la portavoz de La Laboratoria al llegar al final de la manifestación.

Marchar por el derecho a tener derechos

El colofón de la protesta se realizó cerca de la sede de Tabadol con la lectura de un comunicado, antes de una pequeña comida popular y después de que varios colectivos y entidades dirigieran unas palabras a los presentes. “Marchamos por la vivienda. Marchamos por el derecho al territorio. Marchamos por el derecho a tener derechos. Y marchamos también por el derecho a la rabia. Porque la rabia no es violencia. La rabia es una respuesta legítima cuando te quieren expulsar. La rabia es memoria de lo perdido. La rabia es defensa del hogar”, expresaron en el comunicado.


Algunos de los participantes en la marcha de este sábado con chalecos reflectantes con el lema de la manifestación: 'Cañada se queda'.

Tal y como han añadido ante la atenta mirada de los manifestantes, “defender nuestras casas es defender nuestra dignidad. Y no permitiremos que nos sigan expulsando del lugar donde vivimos. Por eso decimos, alto y claro: Cañada se queda”. También han hecho referencia al feminismo, el antirracismo, el ecologismo y los colectivos vecinos, así como aquellos que defienden una sanidad y educación públicas, que les respaldan en su lucha. “Derribar viviendas no es una solución. Desalojar familias no es acción social. Desplazar comunidades no es progreso”, han criticado.

Por último, un único mensaje ha quedado grabado en el aire frío del Sector 6: “Porque la vivienda digna es la entrada a todos los derechos y, al derribar una casa, se intenta derribar una vida entera. Y lo decimos hoy con más claridad y fuerza que nunca: Cañada se queda. La vida se defiende. El territorio no se desaloja”.

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