Lugares para almorzar en Madrid en menos de una hora.
Es cierto que el tiempo es dinero, que las horas pasan rápido, que el calendario avanza como si fuera un coche de Fórmula 1; en resumen, que la vida vuela. Nunca pensamos que nos convertiríamos en el conejo blanco de ‘Alicia en el país de las maravillas’, siempre ocupados, con prisa y tratando de alcanzar todo. Las apuradas no son buenas consejeras en ninguna situación, y mucho menos en la comida. Sin embargo, el tiempo apremia y los restauradores saben que nuestro paladar exigente no quiere sacrificar la calidad, aunque los segundos pasen a velocidad x2. Debemos aprender a equilibrar la vida laboral con la vida gastronómica entre semana. En el mundo de la gastronomía parece que aún hay lugares con personal capacitado en sala y cocina, que comprenden el sufrimiento de ver cómo se nos pasa la hora —que no el arroz— y que los platos llegan a todas las mesas, menos a la nuestra. Por este motivo, y para evitar inconvenientes innecesarios, la restauración ha pisado el acelerador para ofrecer a sus clientes comidas en tiempo récord, sin perder autenticidad. Ya sea que se trate de bares o restaurantes, que ofrezcan raciones o tapas exquisitas a pie de barra, o que sean colmados modernos donde se puede comer en el lugar, las siguientes recomendaciones son perfectas para quienes no quieren descuidar su dieta a pesar de su escaso tiempo.
La primera parada es La Charcuterie. Situada en pleno barrio de Salamanca, La Charcuterie se establece como la primera charcutería francesa artesanal en Madrid: un espacio donde se puede comprar para llevar, disfrutar en una de sus mesas y descubrir recetas elaboradas en su propio obrador. Una propuesta familiar que acerca la cocina gala a través del producto, la técnica y la tradición. A un paso de la Plaza de Toros de Las Ventas, el joven Víctor Bergerot lidera esta iniciativa que nació de su padre, quien decidió cambiar su vida laboral y crear un punto de referencia en España para jóvenes chefs franceses en formación. La oferta gastronómica incluye elaboraciones tradicionales como el paté en croûte —que adaptan con productos del mercado y de temporada, así como guiños a la gastronomía española—, pâté de Campagne, rillettes de cerdo, quiche, flan parisien, milhojas o crème brûlée. También preparan un plato del día —de pescado, carne y vegetal— que varía cada semana, ideal para aquellos que buscan una comida casera, accesible y diferente. Además, brindan la oportunidad de armar un menú con el plato de la semana, postre y copa de vino francés o español por 18 €.
Siguiendo con esta idea de comer aquí o llevar, destaca Martin Tostón, una delicia con el sello de la familia Hevia. El proyecto de los hermanos Ismael y Fernando Martín-Hevia representa la calidad, la cercanía y el savoir-faire que han definido a su familia a lo largo de tres generaciones; este local rinde homenaje a su padre, Ismael Martín, figura fundamental en la hostelería madrileña y española, que transformó el restaurante Hevia en un referente gastronómico desde los años 70. Este establecimiento recupera la esencia de los colmados de antaño, adaptándolos al cliente actual. Fusiona la experiencia de bar y restaurante con la posibilidad de adquirir productos gourmet. Si el tiempo se agota, puedes optar por algo ligero, como unas chacinas de calidad —embutidos ibéricos de Arturo Sánchez—, conservas —una selección de las mejores latas nacionales, como mejillones, berberechos o navajas— o platos tradicionales, como gildas, torreznos, salpicón de gambas o ensaladilla rusa. También hay opciones más elaboradas, como callos, rabo de toro, albóndigas, chipirones en salsa o tartar de atún rojo; todas con el sello inconfundible de Hevia.
Si hablamos de colmados modernos, no puedo dejar de mencionar Casa González en la céntrica calle del León. Su impresionante cristalera atrae desde fuera; es el escaparate ideal para apreciar la historia que guarda el negocio más antiguo del Barrio de las Letras. En 1931, Vicente González Ambit, el abuelo de los actuales propietarios, fundó Casa González para ofrecer los mejores productos a sus clientes. Desde entonces, han mantenido la filosofía original tanto en la tienda como en el bar. Su especialidad son los quesos, los ibéricos y los vinos españoles. Acompañando una copa de vino, se pueden degustar delicias como carrillada en salsa, lacón con aceite y pimentón o caracoles guisados de Navarra. No se puede ser más tradicional y más moderno a la vez.
Muy cerca hay otro establecimiento con historia, Ferretería. Sí, una ferretería que abrió sus puertas en 1888 —tiene una placa otorgada por el Ayuntamiento de Madrid por ser uno de los comercios tradicionales de la capital— y que en 2015 reabrió como restaurante, pero manteniendo su esencia. Llaves, candados y objetos de todo tipo decoran las paredes, ofreciendo un viaje al pasado. Con dos ambientes, restaurante y bar, sus mesas altas invitan a disfrutar de platos como croquetas, anchoas con tomate o buñuelos de morcilla… Si te gustan los encurtidos, deberías visitar Hermanos Vinagre. En este lugar, gildas y escabeches se convierten en una declaración de intenciones; el escabeche, una técnica con historia; y la conserva, un producto tratado con el respeto que merece. Se come rápido, sí, pero de forma consciente. La verdadera cocina gastronómica no siempre necesita manteles ni largas esperas, solo buen producto, técnica, y una idea clara de lo que se quiere expresar en el plato.
Y para cerrar, una hamburguesa, pero, claro, de Frankie Burger y su línea smash. Delgadas, sabrosas y con el sello distintivo de la marca. En su local de Ponzano 46, tienen la opción ideal para disfrutar de hamburguesas crujientes y jugosas. Entre sus elecciones, la Cheeseburger Smash; la Frankie Cheese Bacon Smash, pensada para los amantes del bacon; y la Trufada Smash, con un perfil gourmet y un sabor intenso. Junto a las hamburguesas, su oferta se completa con clásicas patatas —con pulled pork y trufadas con parmesano— y chicken tenders. Esta es una de las raciones que han consolidado a Monio Group como un referente para los amantes de las hamburguesas. Por poco tiempo que se tenga, no hay excusas.



