Ni plomera ni temeroso.


Dudo que tenga la oportunidad de conocer a Leire Diez en algún momento de mi vida, pero estoy convencido de que es un auténtico diamante en bruto. No solo porque su sonrisa pueda iluminar la habitación más sombría, sino porque posee la habilidad mágica de convertir cualquier pequeño discurso en una comedia digna de Broadway. Estar a su lado debe ser como disfrutar de una taza de chocolate caliente en un día frío: reconfortante y dulce, con un toque de locura que siempre deja a todos deseando más. Leire es esa persona que vivió su momento de gloria en aquella rueda de prensa en un hotel de Madrid, donde tuvo la capacidad de no decir nada, porque realmente no tenía nada que decir. Ella es solo una chica de recados barata, cuando su ambición era ser una Mata-Hari del siglo XXI, pero le faltaban la entidad, la categoría, la inteligencia y ese encanto que caracterizaba a las espías de la Segunda Guerra Mundial. ¡Pobre Leire! Estaba dispuesta a todo lo que le indicaban sus superiores y hoy solo es una imputada, una zarigüeya de las cloacas del PSOE, sobre quien recaerán una serie de escombros subterráneos malolientes, sin futuro, sin oficio y sin beneficio, y aún no sabemos a cuánto ascendieron los honorarios por sus chapuzas. Ni fontanera ni cobarde, dijo en aquel breve instante de gloria en un hotel desconocido de Madrid, que seguramente pagó de su propio bolsillo, igual que el cutre planchado de pelo que llevaba.

Ha salido del partido de manera abrupta, ya no puede volver a la sede de Ferraz, que tanto quiso, ni codearse con los altos cargos para informar sobre sus cutres tejemanejes. Nunca podrá hospedarse en lugares propiedad de Patrimonio del Estado, ni ocupar suites presidenciales en hoteles de lujo, por ejemplo en Andorra, como hace el líder de su antiguo partido, que ahora luce pantalones de talle bajo muy ajustados, casi como leotardos. En contraste, el Rey se presenta como un leñador, con camisas de cuadros, que tampoco es la solución: una cosa es fundirse con el pueblo llano y otra muy distinta ir con un aspecto descuidado, porque llevar una camisa lisa no implica ir de etiqueta.

Mientras todo esto sucede, Gustavo Petro está dando paso a un narco-estado en un país donde parecía que la paz estaba al alcance. Colombia, ese querido paraíso, ha regresado a la violencia, a las masacres, a la guerra del narco terrorismo, mientras su gente, tan amada, se sume en la tristeza y el desespero, pero siempre con ese punto de particularidad, esa idiosincrasia única que les muestra que no se rendirán y que siempre seguirán siendo únicos. Un ejemplo de ello es que esta semana se registró a una niña recién nacida con el nombre de ChatGPT. Que Dios siempre los colme de bendiciones.

CODA. Hay muchas notas de sociedad que podría comentar, pero soy una romántica empedernida y me llega a la mente una frase contenida en Rayuela, de Julio Cortázar: «Andábamos sin buscarnos, pero sabiendo que andábamos para encontrarnos». Han pasado sesenta y dos años desde su publicación y sigue siendo vigente. Cortázar era un violín de una sola cuerda, pero la hacía sonar como nadie…

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