Comienzan los desvíos en la calle Alcalá debido a la construcción del nuevo bulevar.
Los ciudadanos de Madrid que transiten por el eje Cibeles–Puerta de Alcalá se han encontrado con la primera señal de que las obras en Alcalá han comenzado. La calle ha perdido dos carriles y ha ganado vallas de obra debido al inicio de los trabajos del nuevo bulevar entre la fuente de Cibeles y la Plaza de la Independencia, una remodelación que se extenderá hasta 2027 y que, a lo largo de meses, afectará la movilidad en uno de los tramos más emblemáticos y transitados del centro.
A partir del lunes pasado, el Ayuntamiento ha cerrado un carril por sentido en la calle Alcalá entre Cibeles y la Puerta de Alcalá, por lo que en este tramo solo quedan operativos dos carriles y un carril bus en cada dirección. Esta reducción es definitiva: no se trata de un corte temporal, sino de la configuración que tendrá la vía al finalizar los trabajos, con menos espacio para vehículos y más para peatones, mediana y carril bici. La propia vicealcaldesa, Inma Sanz, ha admitido que desde el primer día habrá afectaciones al tráfico, aunque el Consistorio asegura que el impacto “no será excesivo” y que tratará de concentrar los trabajos más fuertes en verano.
Cómo será el futuro bulevar entre Cibeles y la Puerta de Alcalá

El proyecto, con una inversión de 6,1 millones de euros y el aval de la Unesco y de la Comisión Local de Patrimonio Histórico, busca restablecer el carácter monumental de este tramo del Paisaje de la Luz y devolver el protagonismo a los peatones. La nueva sección de la calle contará con: dos carriles para tráfico general y un carril bus por sentido, además de un paseo central de aproximadamente 3,8 metros de ancho que funcionará como bulevar peatonal y mirador hacia la Puerta de Alcalá, así como un carril bici separado en el lado sur, protegido del tráfico.
Las aceras también se ampliarán, se renovará el pavimento, se reorganizarán paradas de autobús y se restaurará la doble alineación de árboles que antes tuvo la calle antes de que, en los años 60, se sacrificara espacio peatonal para ampliar la calzada. La idea es que los ciudadanos puedan pasear por la Puerta de Alcalá y su entorno como si fuera una plaza y no simplemente rodearla en vehículo.



