Nos mostraron su sala de trofeos como una forma de intimidación


Es hora pico en Toronto y entre la multitud de Union Station -la principal estación de la ciudad-, se destaca una pareja en sus 60 en el constante vaivén de transeúntes. Él vestido de Timberwolves, ella de Raptors, ambos aficionados se dirigen al partido entre Toronto y Minnesota mucho antes, ya que el encuentro es a las 7:30 y la pista es una instalación adyacente a la estación.

Los jugadores ni siquiera han llegado aún, pero el fan de Minnesota se presenta en la puerta del vestuario de los Timberwolves luciendo orgulloso su camiseta. No es un incondicional de Anthony Edwards o de cualquier otro jugador, sino, aunque suene raro o poco común, del entrenador de los Wolves.

“Entrenador orgulloso del entrenador Chris Finch”, se puede leer en su camiseta. Una visita inesperada y sorprendente para Finch, un viaje nostálgico placentero.

Jim Brandon, el nombre del hombre con el que Finch se reúne en un abrazo, fue entrenador de Chris Finch durante su época de jugador en los Sheffield Sharks de la liga inglesa en los años 90. No se habían visto en 25 años y Brandon estaba ansioso por decirle que estaba orgulloso de haber sido su entrenador, ya que Finch ha llevado a los Minnesota Timberwolves a las dos últimas Finales de Conferencia. La esposa de Brandon conoce a uno de los comentaristas de los Raptors y facilitó este entrañable encuentro.

Después de su efusivo saludo y conmovedora conversación con Chris Finch, Jim Brandon recordaba en los pasillos que jugó en el Hospitalet y que, durante su etapa dirigiendo al Sheffield con Finch en el equipo, recordaba especialmente una eliminatoria de Euroliga contra el Real Madrid en la temporada 1995-1996.

Era la segunda ronda de la máxima competición continental y el conjunto blanco superó la serie tras ganar 57-67 en la ida y 78-75 en la vuelta, con, según comentó Brandon a MD, una cierta condescendencia de los árbitros a favor del equipo de la capital.

Aunque ha pasado mucho tiempo desde entonces, Finch recordó aquella eliminatoria como un capítulo especial en su carrera como jugador.

“Sí, lo recuerdo. Creo que perdimos en casa; fue un duelo de ida y vuelta, perdimos en un partido ajustado y luego viajamos a Madrid a jugar. Nos dieron un tour por su sala de trofeos, que si alguna vez has tenido la oportunidad de visitarla es impresionante. Creo que fue un poco de alarde de su parte para intimidarnos. Era (la sala de trofeos) del club entero, no solo de baloncesto, era de fútbol y baloncesto”, evocaba el entrenador de los Timberwolves.

“Recuerdo que tuvimos ventaja al final de ese partido y nos dejaron escapar. Fue una experiencia increíble, un típico equipo pequeño contra una potencia europea, fue muy divertido”, añadió Chris Finch.

Ese Real Madrid contaba con jugadores como Joe Arlauckas, Zoran Savic y Nikola Loncar, además de Pablo Laso en sus filas. Aquel Madrid, dirigido por Zeljko Obradovic, cayó en semifinales ante el Barça de los Arturas Karnisovas, Darryl Middleton y José Luis Galilea, entrenados por Aíto García Reneses.

Sin embargo, muchos culés deben pensar que para perder aquella final contra el Panathinaikos de la forma en que se perdió, con el tapón ilegal de Vrankovic a José Antonio Montero, mejor no haber ganado el Clásico. Por lo menos, el consuelo fue que el Real Madrid no añadió otra Euroliga a su ya opulenta sala de trofeos, que dejó a Chris Finch asombrado.

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