Un corredor oculto que ha permanecido cerrado al público desde 1829.


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​Madrid alberga secretos que apenas son visibles entre sus calles más concurridas. En el corazón del Madrid de los Austrias, se encuentra una vía enrejada, discreta y sin tráfico peatonal. Su acceso es imposible, a pesar de que su esquema es parte de los planos históricos de la ciudad. Después de casi dos siglos cerrada, sigue provocando la curiosidad de residentes, historiadores y defensores del patrimonio.

Se trata del Pasadizo del Panecillo, un espacio de solo 60 metros de largo y 311 metros cuadrados que conecta la plaza del Conde de Barajas con la calle de San Justo. Aunque está designado como vía pública, ha estado cerrado con rejas desde 1829, y en su interior alberga una plaza-jardín considerada bien patrimonial, con dos cipreses centenarios que lo convierten en un lugar singular. A pesar del cierre al público desde 1829, en ocasiones especiales —como durante grabaciones audiovisuales o en caso de que algún vehículo privado de acceso al garaje de los pisos turísticos cercanos— es posible vislumbrar brevemente su interior cerrado.


Un enclave del Madrid de los Austrias

El pasadizo se encuentra entre tres edificaciones de gran relevancia histórica: la Iglesia Pontificia de San Miguel, el Palacio Arzobispal y la Casa Palacio del Conde de Miranda. Su origen data del siglo XVII, ya que está representado en el plano de Pedro Teixeira de 1656. Su diseño, quebrado y en forma de L, acentúa el misterio de un lugar que, desde la calle, resulta inobservable.

Además, el espacio cuenta con una fuente de piedra y un pequeño ensanche que forma parte de un jardín protegido en el catálogo municipal. Sin embargo, el deterioro y el cierre prolongado han limitado su uso al ámbito privado, principalmente relacionado con el Palacio Arzobispal. Desde la última etapa de Fernando VII, las llaves del pasadizo no están en manos del Ayuntamiento, sino bajo la custodia de la Iglesia. Actualmente, el acceso es controlado por la empresa Arralde Inversiones SL, propietaria del Palacio del Conde de Miranda, lo que refuerza su carácter restrictivo a pesar de ser una vía pública reconocida.


El origen del nombre y su cierre en 1829

El nombre Pasadizo del Panecillo proviene de la práctica establecida por el cardenal-infante Luis Antonio Jaime de Borbón y Farnesio, fundador del Palacio Arzobispal, quien distribuía pan a los más necesitados a través de una ventana, bajo la condición de haber asistido a misa. Este gesto benéfico atrajo a numerosos indigentes, lo que rápidamente desembocó en aglomeraciones incontrolables.

Ante los incidentes y problemas de seguridad, en 1829 se decidió cerrar los accesos con rejas. Desde entonces, el pasadizo ha permanecido clausurado para el tránsito público, convirtiéndose en un enclave histórico accesible solo para personas vinculadas al entorno eclesiástico. Desde 1829, el Pasadizo del Panecillo está cerrado al público y, según la comisión de Urbanismo del Ayuntamiento, este espacio se encuentra en una supuesta «zona de seguridad» relacionada con la Embajada del Vaticano. Esta situación ha sido utilizada para justificar el acceso restringido, aunque no hay un fundamento legal claro que lo apoye.


Un limbo administrativo

El carácter público del pasadizo ha reavivado el debate en tiempos recientes. Urbanismo del Ayuntamiento de Madrid reconoce que la vía figura como calle pública dentro del Plan General, aunque no está registrada en el Patrimonio Municipal del Suelo. Esta situación irregular mantiene el espacio en un limbo administrativo desde hace casi dos siglos.

A finales de 2024, la particular situación del pasadizo se hizo viral en redes sociales. En este contexto, el concejal socialista Antonio Giraldo denunció que, a pesar de ser legalmente una calle pública registrada en el Plan General de Ordenación Urbana, permanece cerrada y no está incluida en el Patrimonio Municipal del Suelo, lo que ha originado un limbo administrativo que obstaculiza su reapertura al uso ciudadano. Por su parte, el delegado de Urbanismo, Borja Carabante, afirmó que el Ayuntamiento estudiará la titularidad del pasadizo y la viabilidad de reabrirlo al uso público.


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¿Volverá a abrirse algún día?

La singularidad del Pasadizo del Panecillo lo convierte en un caso excepcional: un espacio público en pleno centro histórico que, aun sin haber sido privatizado, ha permanecido cerrado al vecindario durante generaciones. Su reapertura, aún sin fecha ni proyecto definido, suscita el interés de historiadores y defensores del patrimonio urbano.

Mientras tanto, este pequeño rincón del Madrid de los Austrias continúa siendo un espacio vedado a los peatones, una calle fantasma que guarda en silencio un patrimonio oculto tras sus rejas de hierro. Un enclave que, dos siglos después, sigue planteando la incógnita de si algún día volverá a abrirse al paso de los madrileños.

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