La Iglesia aprueba la venta de millones que pone a 200 familias inquilinas en Madrid en manos de un fondo inmobiliario.
“La Iglesia de los pobres” se encuentra envuelta en un negocio millonario. Esta frase popular se remonta a un mensaje radial del Papa Juan XXIII y aboga por la institución católica como un lugar destinado, ante todo, a los humildes. Sin embargo, más allá de este ideal, todas las entidades –incluidas las religiosas– requieren recursos financieros para sobrevivir. Según el Arzobispado de Madrid, el 25% de sus ingresos proviene de donaciones voluntarias en la declaración de la renta. El otro 75% es generado por donativos mayores o colectas, lo que también implica aprovechar sus propiedades para lograr estabilidad económica. En este contexto, la archidiócesis madrileña ha estado lidiando durante años en una disputa simultánea: con un fondo inmobiliario, con el propio Vaticano y con más de 200 familias que viven como inquilinas en algunos de los pisos que administra. Ahora temen ser desalojadas, especialmente tras un reciente acuerdo alcanzado en verano.
Algunos inquilinos pagan entre 900 y 1.000 euros de media por apartamentos de aproximadamente 70 metros cuadrados en el centro de Madrid. Estos precios son bajos en comparación con el estado actual del mercado en la zona, donde los alquileres mensuales para espacios similares varían entre 1.500 y 3.000 euros, según el portal inmobiliario Idealista. Los vecinos consultados indican que esto se debe principalmente a la antigüedad de las propiedades y a la finalidad social de los edificios, que fueron otorgados con la intención de ser utilizados con fines sociales. Este argumento es uno de los principales que defienden las familias e inquilinos: muchos manifiestan haber invertido miles de euros en reformas y haber sido advertidos, antes de firmar, que los edificios eran “invendibles”, ya que pertenecían a la Iglesia. Sin embargo, hace años todo dio un giro de 180 grados.



