El Atleti no logra completar su objetivo.


El encuentro fue un reflejo fiel de lo que ha sido esta temporada para el Atleti. Una montaña rusa. Un tobogán lleno de emociones. Subidas y bajadas, entre el cielo y la tierra. En los primeros 90 minutos de esta eliminatoria de dieciseisavos de Champions, el Cholo estuvo a punto de escribir esa línea en la historia del club que aún falta: la victoria en Brujas. Sin embargo, aunque se adelantó y luego se levantó, será Madrid quien decida: Leko le quitó el bolígrafo de la mano a Simeone en el 90′, justo cuando el técnico se preparaba para firmar el 2-3, tras un sinfín de idas, venidas y emociones cruzadas.

Simeone salió con la versión de entre semana y ese once, con Oblak y no Musso, que deslumbró ante el Barça, frente a un Brujas sin Forbs, que se dispuso a esperar en su campo. Les costó cruzar por primera vez esa línea del centro del campo, asediados por los hombres del Cholo, que se movían con Julián retrasando su posición para mezclarse con un Griezmann de interior junto a Llorente, como manos que ocultan una pelota bajo un cubilete. Cuando los hombres de Leko finalmente lo lograron, miraron a Oblak y no a Mignolet, su portero, que hasta ese momento había sido su único centro de atención, perdiendo la eliminatoria 0-1.

Y es que a los cinco minutos se detuvo el reloj del partido. Con el Atleti acampado en el área belga, Syes saltó ante Hancko para alejar el peligro de su área y el balón le cayó sobre el brazo, extendido. Piiii. Penalti. Así lo decidió Nyberg, el árbitro, tras revisar la jugada en la pantalla. Julián lo solicitó y lo ejecutó cerca del palo izquierdo como si intentara romper el balón en la red. Y un par de fantasmas. 0-1. El partido cambió de inmediato.

El Brujas, que había entrado al partido con cautela, como si no quisiera incomodar al Atleti, desapareció. Los de Leko se convirtieron en un rival peligroso que comenzó a ahogar al Atlético con una presión altísima que los propios rojiblancos alimentaron al dar pasos atrás. Y pérdidas de balón. De pronto, la pelota comenzó a deslizarse entre los hombres del Cholo como el propio césped, que parecía bañado en aceite. El Brujas tomó el control, intentando asaltar el marcador. Onyedika fue el primero en poner a prueba los guantes de Oblak, que atrapó sin problemas ese primer disparo. Luego fue Tresoldi, quien, aprovechando una pérdida de Giuliano, disparó desde la frontal pero cruzó demasiado el balón. El Atleti ya no podía salir de su campo, olvidándose de que había hierba más allá del área de Oblak. Mientras caía agua-nieve del cielo, en el terreno de juego tenían tarea: tapar huecos para evitar que los jugadores del Brujas metieran miedo. El primer milagro de Oblak llegó después de un despeje blando de Llorente; Tresoldi disparó con saña buscando la red. Los belgas eran avispas. Lobos. Colmillos. Demonios de azul y negro con botas de fútbol. Onyedika y Stankovic crecían en el medio, aprovechando la velocidad de Diakhon, mientras Tresoldi rondaba las inmediaciones de Nahuel con la intención de hacer daño. La tormenta duró diez minutos. Cuando cesó, el árbitro no castigó con penalti una mano de Koke en el área, que el Brujas denunció como con la mano de Seys antes, y el Atleti se las arregló para tejer una jugada y salir de su campo. Al cruzar la línea, respiraron, sintiéndose intactos. Sufrir es su verbo; sobrevivir, su objetivo. El partido se igualó. Aunque el Brujas no perdió de vista a Oblak (quien salvó otras dos ocasiones en la primera parte ante disparos de Diakhon y Onyedika), el Atleti volvió a atacar a Mignolet justo cuando se acercaba el descanso. Le tocaba a Lookman hacer su aparición. Caído de pie, es un velocista por la banda y un saco de goles. Dos minutos antes de marcar el 0-2, ya había avisado al rematar un centro de Giuliano que Sabbe salvó bajo los palos. Dos después, ahí estaba nuevamente, acechando un córner que Julián botó y prolongó Griezmann. Cuando la pelota apareció ante él, se lanzó a embocarla, aumentando la herida del Brujas. La mirada de Leko se perdía en el infinito, chasqueando la boca de pura impotencia, cuando el árbitro pitó el descanso.

El partido regresó con el Brujas recortando distancias. Sin nada que perder, solo les quedaba echar sal a su propia herida. Las llegadas al área de Oblak volvieron a llover como si los hombres de Leko hubiesen tomado una infusión de gasolina. Balón, control, presión y peligro. Oblak seguía obligado a hacer milagros. Lo hizo, de hecho, ante Tresoldi, quien prolongó el remate de Vanaken de un córner, para toparse con su guante. Un milagro que no fue suficiente, ya que Onyedika se coló en su área para patear el balón que había quedado muerto y estiró la pierna para enviarlo a su red. Los lobos estaban de vuelta. Las avispas. Las manos al cuello. Ocho minutos después, el que respiraba era Leko: Diakhon entró en el área, alcanzó la línea de fondo y centró a Tresoldi, quien finalmente logró batir a Oblak ante una defensa dormida. En ocho minutos, el 0-2 ya no significaba nada. Papel mojado. La historia de siempre. Cosas de brujas en una noche sin aquelarre rojiblanco.

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Pero Simeone aún tenía un as bajo la manga: su banquillo. Los ingresantes Baena y Sorloth entraron al partido para recuperar control y amenaza por parte del Atleti. Al fondo seguía Pubill, asegurando la defensa, cerrando cada herida mientras el Atleti se expandía. Porque Baena es uno de esos futbolistas cuyos pies no solo juegan; sienten e intuyen los pases, los huecos, a los compañeros y para Sorloth, las noches frías son como verano. Saludó al partido con un disparo a la cruceta, después Baena lo dejó mano a mano ante Mignolet, pero su remate se encontró con la mano del portero. Un minuto después, celebró un gol aunque lo marcara un rival. Ordóñez, fuego amigo. Llorente llevó el balón al área buscando el remate del noruego, pero lo que encontró fue un mal despeje del futbolista del Brujas que terminó en su propia portería. Era el 79′, pero en este partido de idas y venidas, aún quedaba otra acción. El ritmo del Brujas había aumentado con los cambios, de nuevo un escandaloso rock and roll, y Tzolis logró el empate con un zurdazo cruzado que pasó por el ojo del VAR antes de confirmarse: el talón de Nahuel rompía el fuera de juego. Simeone no alteró esta línea en la historia rojiblanca en Brujas. El bolígrafo se quedaba en el aire con el 3-3. Queda todo para la vuelta en Madrid. El martes, en seis días.

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Cambios

Álex Baena (61′, Ademola Lookman), Alexander Sørloth (65′, Antoine Griezmann), Romeo Vermant (75′, Nicolò Tresoldi), Hugo Siquet (80′, Kyriani Sabbe), Shandre Campbell (81′, Mamadou Diakhon), Félix Lemaréchal (85′, Aleksandar Stankovic), Bjorn Meijer (85′, Joaquin Seys), Robin Le Normand (89′, Nahuel Molina), Johnny Cardoso (90′, Koke)

Goles

0-1, 7′: Julián Álvarez, 0-2, 48′: Lookman, 1-2, 50′: Raphael Onyedika Nwadike, 2-2, 59′: Nicolò Tresoldi, 2-3, 78′: Joel Ordóñez, 3-3, 88′: Christos Tzolis

Tarjetas

Arbitro: Glenn Nyberg
Arbitro VAR: Jarred Gillett, Robert Schröder
Leko (21′,Amarilla), Pubill (47′,Amarilla), Raphael Onyedika Nwadike (75′,Amarilla), Álex Baena (94′,Amarilla)

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