Fallece Antonio Tejero a los 93 años en medio de la desclasificación de los secretos del 23F.
Tejero, quien se hizo famoso por su imagen con la pistola en mano en la tribuna del Congreso de los Diputados, ha fallecido rodeado de sus hijos y tras recibir los últimos sacramentos.
Su muerte ocurre en una fecha con un gran simbolismo para la historia reciente de España. Solo unas horas antes de confirmarse su fallecimiento, el Boletín Oficial del Estado anunciaba la desclasificación masiva de documentos sobre el 23 de febrero de 1981, un conjunto de archivos que habían estado protegidos por la Ley de Secretos Oficiales.
Una vida marcada por la asonada militar
La vida de Antonio Tejero estuvo prácticamente definida por su participación en las conspiraciones contra la joven democracia española. Antes del asalto al Congreso, ya había estado involucrado en la Operación Galaxia en 1978, un plan para capturar al Gobierno en el Palacio de la Moncloa que le llevó a prisión. Sin embargo, fue su entrada en el hemiciclo a las 18:23 horas del 23 de febrero de 1981 lo que le aseguró un lugar en los anales de la historia.
Después del fracaso del golpe, fue condenado a 30 años de prisión por un delito de rebelión militar. Durante su tiempo en la cárcel, principalmente en el castillo de Figueres, en 1996 se convirtió en el último de los condenados por el 23F en recuperar su libertad, habiendo cumplido 15 años y 9 meses de condena, beneficiándose de varios permisos penitenciarios gracias a su buena conducta y edad.
Los últimos años en la sombra de Málaga y Valencia
Tras su salida de prisión, Tejero optó por un perfil público discreto, aunque hizo algunas apariciones esporádicas. Residió durante décadas en la localidad malagueña de Torre del Mar, donde se dedicó a la pintura y a la escritura de sus memorias, llevando una vida tranquila junto a su esposa. Sus pocas apariciones en público siempre se asociaron a actividades conmemorativas del Franquismo, como su presencia en 2019 durante la exhumación de los restos de Francisco Franco en el cementerio de Mingorrubio.
En sus últimos años, su salud se deterioró con la avanzada edad, lo que le llevó a mudarse para estar más cerca de su familia. Durante este tiempo, el ex militar se mantuvo ajeno a los debates políticos sobre la reforma de la Ley de Secretos Oficiales, aunque su nombre seguía apareciendo de forma recurrente en los aniversarios de la asonada que llevó a cabo.
El lado humano y la lealtad familiar tras el uniforme
En el ámbito familiar, sus hijos han presentado a Tejero como un hombre de profunda fe y una coherencia personal irrenunciable. Ramón Tejero, su hijo sacerdote, ha defendido públicamente la figura de su padre, describiéndolo como un hombre honorable que, lejos de buscar su propio beneficio, actuó impulsado por lo que él consideraba un sacrificio por España.
En sus relatos, el entorno destaca la paz y serenidad que mantuvo incluso en los momentos más difíciles de su prisión, donde se dedicó a la pintura y a una vida espiritual intensa, mostrándose ante los suyos como un padre comprometido y un abuelo cariñoso que nunca guardó rencor por su condena.
Entre sus antiguos subordinados y amigos militares, se le recuerda como un oficial carismático y disciplinado que disfrutaba de un gran respeto entre sus guardias. Quienes compartieron su destino subrayan su lealtad a los principios que juró defender y su valentía al asumir en solitario toda la responsabilidad de sus actos, sin delatar a terceros.
Para sus cercanos, Tejero no fue el villano que retratan los libros, sino un militar de la vieja escuela cuya rectitud y amor a la patria le llevaron a ser, en palabras de su esposa Carmen Díez, un hombre «honrado y recto« que acabó pagando el precio más alto por una lealtad que no siempre fue correspondida por sus superiores.
El contexto de la desclasificación de los secretos oficiales
La muerte de Tejero ha coincidido precisamente con el momento en que el Gobierno ha decidido levantar el velo de misterio sobre 153 unidades documentales vinculadas al golpe. Entre los documentos que han sido publicados se encuentran transcripciones de llamadas telefónicas interceptadas, informes del antiguo CESID y comunicaciones internas de la Casa Real que detallan las maniobras de aquellos días críticos.
La oposición ha criticado la decisión de desclasificar estos archivos, argumentando que a Pedro Sánchez no le interesa la transparencia y que se trata de una maniobra para desviar la atención de sus múltiples crisis. Así lo ha expresado la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y, en la misma línea, también lo hizo Esther Muñoz, portavoz del PP, pidiendo desclasificar igualmente toda la información sobre asuntos que permanecen en secreto absoluto. Vox también se ha sumado a esta crítica, cuestionando el esfuerzo por ofrecer transparencia a los ciudadanos.
La apertura de estos archivos ha permitido descubrir detalles hasta ahora desconocidos, como las conversaciones de la familia de Tejero durante la noche del asalto o los informes de inteligencia que advertían sobre movimientos sospechosos semanas antes de la ejecución del plan. Con el fallecimiento del principal ejecutor material del golpe justo el día en que estos secretos son revelados, se cierra simbólicamente este capítulo de la Transición Española.


