El hijo mayor de Juana Rivas durante el juicio en Italia: «Pasé por un infierno. Mi padre intentó asesinarme en varias ocasiones» | Sociedad
Gabriel, el hijo mayor de Juana Rivas, compareció este jueves en el tribunal de Cagliari, Cerdeña, ofreciendo un testimonio contundente en el juicio por maltrato de menores contra su padre, Francesco Arcuri. Narró una situación de agresiones continuas entre 2019 y 2022, tanto a él como a su hermano menor, Daniel, de 12 años, quien sigue viviendo con su padre. Gabriel describió cómo fallaron todos los mecanismos de los servicios sociales para detectar la violencia que asegura haber sufrido. Desde que se mudó a España con Rivas en el verano de 2022, tras acudir a los Carabinieri y hablar por primera vez sobre su situación a los 16 años, ha declarado con claridad y contundencia: “Estaba viviendo en un infierno”; “En muchos episodios, mi padre intentó quitarme la vida”; “Cuando me fui a España fue un gran dolor, porque tenía que proteger a Daniel y me fui solo”. En ese momento, la justicia civil italiana decidió otorgar la custodia del hijo mayor a su madre, dejando al menor bajo la guarda del padre.
Este testimonio ha sido clave en un proceso que ha comenzado con un notable retraso: han pasado ocho años desde las primeras denuncias de Rivas en Italia en 2017, las cuales fueron archivadas sistemáticamente. En contraste, el proceso legal contra ella en España por llevarse a sus hijos culminó en su condena en 2018. Este juicio penal en Italia ha tenido lugar ahora gracias al esfuerzo de la abogada de Rivas, quien reabrió el caso tras la intervención directa del jefe de la Fiscalía, una medida extraordinaria que prevé la ley italiana ante la inacción de un fiscal. El Fiscal General del tribunal de Cagliari llegó a disculparse con la letrada por el “inadmisible retraso” en el caso.
La defensa de Arcuri comentó después de la audiencia que la declaración de Gabriel no les sorprendió: “Estábamos convencidos de que escucharíamos estas cosas”. Arcuri, por su parte, expresó que había sido “un día triste”. “Son cosas que he escuchado tantas veces en los medios españoles. Es un día triste porque he visto a mi hijo así. (…) Espero que se aclare todo, que la verdad salga a la luz, como ya ha ocurrido en Italia y España. Siento la involucración de mi hijo mayor, al que quiero, en todo esto solo para satisfacer a personas de su entorno. (…) Claro que ha sido difícil escuchar algunas cosas, es terrible. Por desgracia, estoy acostumbrado”.
Antes de Gabriel, su madre, Juana Rivas, prestó declaración durante casi dos horas, aunque su testimonio fue, en ocasiones, caótico. Estaba muy nerviosa y no pudo contener las lágrimas. De hecho, solicitó declarar con un biombo delante para no tener que ver a su expareja mientras hablaba.
Se trata de un caso complejo que se ha prolongado durante diez años, y Rivas deseaba detallar su historia desde el momento en que conoció a Francesco Arcuri en Londres. Intentó mostrar, según su versión, el carácter celoso y agresivo de él desde el principio, pero el juez frecuentemente parecía no comprender sus palabras y se enfocaba en los hechos pertinentes al juicio. A veces, el presidente del tribunal parecía desconocer muchos de los eventos ocurridos en los últimos años, dado que es una situación que apenas ha tenido cobertura mediática en Italia. En varias ocasiones, el juez mostró impaciencia y pidió a Rivas que no gesticulase: “¡Esto no es un teatro, es un proceso!”.
Rivas, quien también enfrentó la dificultad de expresarse en un idioma diferente, describió el maltrato que conoció a través de sus hijos durante las visitas a Cerdeña los fines de semana desde que, en 2017, se asignó la custodia al padre tras su intento de retener a los niños en España. Estos hechos la llevaron a ser condenada en 2018, y la situación se repitió el año pasado cuando no devolvió al hijo menor a Italia tras pasar las vacaciones de Navidad en España. Nuevamente, un tribunal ordenó la entrega de Daniel a su padre, y Rivas está siendo investigada nuevamente por ello.
La ciudadana española relató que desde 2017 tomó más de un centenar de vuelos para visitar a sus hijos, y “observaba su profundo malestar y un riesgo de muerte”. Durante el periodo de 2019 a 2022, abarcando el actual proceso, presentó una docena de denuncias e instancias, algunas de las cuales fueron acompañadas por fotos de aparentes lesiones en el cuerpo del hijo menor, que fueron mostradas en la sala, así como informes médicos de urgencias y pediatría en Cerdeña. Comentó que los malos tratos “eran parte de la vida diaria, y conmigo había sido lo mismo, por eso les creía”. “Parece exagerado, lo sé, pero así era”, subrayó. Su abogado recordó que Arcuri había sido condenado en 2009 en España por malos tratos hacia Rivas, recibiendo una pena de tres meses de prisión y 15 de alejamiento.
Sin embargo, el testimonio realmente crucial fue el de su hijo mayor, quien es una de las dos presuntas víctimas y hablaba desde la experiencia directa. El joven, ahora de 19 años, indicó que no tenía problema en hablar delante de su padre y que podían quitar el biombo. Hablaron durante una hora y 15 minutos. Mostró entereza y aplomo, y la atmósfera en la sala cambió por completo. Apenas necesitaron las preguntas del fiscal, ya que Gabriel habló de forma ininterrumpida, en medio de un silencio absoluto ante sus palabras.
“Perdía completamente el control”
Narró las constantes agresiones en arrebatos de ira de su padre, muchas veces por motivos triviales. Arcuri lo escuchaba sentado a tan solo dos metros de distancia. Gabriel mencionó intentos de estrangulamiento, golpes contra muebles o con el teléfono de la ducha, arrastramientos por las piernas por las escaleras, y castigos desproporcionados como dejarles toda la noche fuera de casa (vivían en el campo), o haciéndoles encerrarse en una habitación durante horas sin comer ni beber. “Un día me levantó del suelo cogiéndome del cuello, no podía respirar, ni hablar, ni moverme. Creí que iba a morir. He visto cosas similares con Daniel”, relató. “Perdía completamente el control, y con un golpe fuerte puedes perder la vida”.
“¿Cuántos episodios han ocurrido?”, preguntó el juez para que especificara. “Muchas veces. Dependía de los momentos. Cuando tenía visitas con psicólogos, me amenazaba frecuentemente para que no hablara. En esas dinámicas, ocurría casi todos los días. En otros periodos, cuando se comportaba mejor, sucedía cada cuatro días. A veces volvía a casa y encontraba a Daniel en el suelo”.
Aseguró que a veces “el niño”, refiriéndose a su hermano, pasaba toda la noche fuera de casa, castigado. La expresión “el niño” reflejó muchas veces la responsabilidad que sentía como hermano mayor hacia el pequeño, y el remordimiento que experimentaba por haberlo dejado solo con su padre.

Cuando Arcuri encerraba a su hermano en una habitación e intentaba ayudarle, su padre solía agarrarlo del pelo: “Me decía: ‘Si intentas ayudarlo, te mato, no volverás a ver a tu madre’”. Describió a su progenitor como “una persona distinta dentro y fuera de casa, muy simpático, pero la gente no sabía lo que sucedía en casa; al cerrar la puerta, era un infierno”. Expliqué que perdía el control por motivos triviales y, en esos momentos, les agredía. “En varias ocasiones intenté grabarlo. Quería que alguien entendiera, me escuchara, me creyera y viera lo que estaba pasando”, declaró.
En otra ocasión, relató que Arcuri le cubrió la boca con una mano. “Me dijo: ‘Eres un hijo de puta como tu madre, no hables con nadie, yo soy un buen papá’; siguió apretándome la cabeza. Eres un gusano asqueroso, igual que tu madre. Se acercaba tanto que sus ojos estaban a los míos”. En otro episodio, sostiene que su padre tomó un cuchillo y le dijo: “Si vuelves a hacer los jueguecitos de tu madre, te corto los dedos”. Expresó su miedo de “contar la verdad a alguien”. “Siempre decía que esto era el teatro de mi madre. Que no hablara de mis vivencias, de lo que me pasaba a mí y a Daniel. Decía que mi madre me manipulaba. Hubiera sido más fácil hablar antes, pero temía por mi vida; debí haber hablado”.
Ante preguntas de la defensa, referidas a informes periciales en el proceso civil de custodia, en los que nunca se mencionaron agresiones, el joven respondió: “Cada vez que iba a una psicóloga temía decir la verdad, porque mi padre me asustaba la noche anterior”. “Tenía miedo de que él se enterara”, afirmó. “Con mi padre me he sentido siempre un inútil, una persona sin valor”, agregó. Dijo que nunca habló con los educadores “porque él siempre estaba presente”. “La única vez que hablé fue el día del barco, porque necesitaba ayuda”, admitió.
Se refería al incidente que, según su versión, lo llevó a romper su silencio, al inicio del verano de 2022, cuando volvía con su padre y su hermano de una visita a la psicóloga. Vivían en una pequeña isla, Carloforte, y habían viajado en ferry. A la vuelta, dice que su padre empezó a increparlo porque lo veía muy serio: “Quería que le contara lo que me había dicho la psicóloga, decía que quería continuar con el teatro de mi madre, frenaba de golpe y gritaba”. Al entrar en el barco, tras otra discusión, aseguran que comenzó a golpear a los dos hermanos dentro del coche, incluso rompió el espejo retrovisor. “Me cogió del pelo y me daba golpes en la cabeza dentro del coche. Se puso sobre mí con las manos en el cuello y me gritaba que era un hijo de puta como mi madre”, relató.
Según su relato, varias personas reaccionaron ante la escena y le gritaban a su padre, y fue en ese momento que logró escapar. Al llegar al puerto, salió del barco solo, fue a casa y se encontró con la educadora que les visitaba a veces, Ivanna. “Llegué llorando, sentía remordimientos por dejar a Daniel con mi padre, y le pedí ayuda a ella. Nunca había podido contarle nada”, dijo. Ese día se desmoronó y fue la primera vez que habló, según explicó. Luego fue a la comisaría de los Carabinieri, prestó declaración en Fiscalía y dos días después fue enviado a España.
La defensa de Arcuri preguntó a Gabriel por qué, desde que se fue a España, no ha regresado a ver a su hermano pequeño, a pesar de tener derecho a hacerlo: “Después del infierno que he vivido en Carloforte, no vuelvo a poner un pie allí”. El abogado de Arcuri también inquirió acerca de un vídeo que dio a conocer en redes sociales donde acusaba a su padre y por qué esperó hasta diciembre de 2024 para hacerlo: “Porque necesitaba saber qué le está pasando a mi hermano. Sé lo que está viviendo. Tenía miedo por la vida de Daniel y todavía temo. No puedo avanzar con mi vida”.
Al finalizar su declaración, pasadas las dos de la tarde, Gabriel se alejó al fondo de la sala. Su madre se acercó, le dio un beso en la nuca sonriendo, y parecía completamente serena, como si hubiera quitado un gran peso de encima.
A la salida, el abogado de Rivas y su hijo mayor, Fabio Cannas, se mostraron satisfechos: “La reconstrucción de Gabriel ha sido muy eficaz, es evidente que relata los hechos de manera realista y detallada, ha logrado reconstruir el contexto familiar donde ocurrieron los malos tratos. Es un chico muy maduro y equilibrado”.
El juicio continuará el próximo 12 de marzo, con peritos y otros testigos de la Fiscalía, y luego, el 26 del mismo mes, con testigos de la defensa. También está pendiente de resolución el extenso juicio civil por la custodia del hijo menor, recurrido por Rivas, y que espera la sentencia del Tribunal de Casación, equivalente al Supremo en Italia.



