Un lince fallece atropellado por primera vez en una carretera de Madrid | Clima y Medio Ambiente.
El pasado jueves se encontró un lince ibérico atropellado en San Fernando de Henares, al este de la Comunidad de Madrid. Un particular observó al animal tendido en el margen derecho de la carretera M-203 y notificó a la Guardia Civil. El ejemplar contaba con un microchip identificativo, lo que permitió verificar su origen en la Comunidad Valenciana. Este es el primer lince que muere en estas circunstancias en la región, según ha confirmado la Comunidad de Madrid. En diciembre de 2024, se halló el cuerpo de un macho adulto que había sido disparado, al que le habían amputado la cabeza y las patas en El Molar, otro municipio del norte de la comunidad.
Agentes del Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona) de la Guardia Civil se desplazaron al lugar, realizando una inspección ocular y levantando el cadáver. El cuerpo fue trasladado bajo cadena de custodia al Centro de Recuperación de Animales Silvestres (CRAS) de la Comunidad de Madrid. Tras una evaluación inicial, los agentes confirmaron que el ejemplar presentaba traumatismos y lesiones compatibles con un atropello.
Los atropellos en carreteras son una de las principales causas de mortalidad no natural del lince ibérico, especialmente durante sus desplazamientos de dispersión fuera de las zonas más pobladas. En España, se reportaron en 2024 más de 200 muertes no naturales de linces, de las cuales alrededor del 75% fueron causadas por atropellos, según el último informe del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico.
En la Comunidad de Madrid se habían registrado otros avistamientos de linces, pero no fue hasta agosto del año pasado cuando Uraclio —un ejemplar monitorizado por un dispositivo GPS— decidió establecerse de manera permanente en la región. Tiene dos años y medio y su ubicación inicial fue en el noreste de Madrid, desde donde llegó desde Guadalajara.
Desde entonces, ha sido rastreado en varios municipios como Villalbilla, Corpa, Los Santos de la Humosa y Anchuelo, donde continúa moviéndose con regularidad.
La Consejería de Medio Ambiente, Agricultura e Interior destaca que su permanencia en la región “evidencia la existencia de un hábitat adecuado y suficiente disponibilidad de alimento para su supervivencia”. No se le puede considerar completamente asentado hasta que no tenga descendencia, lo cual requiere una pareja.
El Gobierno regional también ha comunicado que sigue trabajando para asegurar que el lince ibérico, una especie en peligro de extinción, regrese de manera estable a la fauna madrileña. Además, se ha firmado un acuerdo con Patrimonio Nacional para incluir la superficie de El Pardo en la zona de reintroducción de esta especie. Se está finalizando el estudio de hábitats y se están incorporando las recomendaciones del grupo de trabajo del lince del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, según las mismas fuentes.
La población de lince registró otro año de crecimiento en 2024, la última fecha con datos disponibles. Alcanzó los 2.401 ejemplares —1.557 adultos y subadultos, y 844 cachorros—, lo que supone un aumento del 19% respecto al año anterior, según el último censo. El número de hembras reproductoras se elevó a 470, 64 más que en 2023, aproximándose a las 750 que se consideran necesarias para que la especie logre un estado de conservación favorable.



